Reservoir Books, sin duda sello editorial donde, año tras año despuntan las nuevas apuestas, valores y las autoras y autores más innovadores y rompedores del mundo del cómic, acabando un 2024 impecable repleto de nuevas maravillas que resulta imposible olvidar y cuyas páginas aún resuenan en este rincón virtual con sus aportaciones, nos ha sorprendido gratamente volviendo la vista atrás y recordándonos la importancia de no olvidar, lo vital que resulta recordar orígenes y cómo el trabajo de grandes nombres hicieron posible que hoy en día el Noveno Arte sea, no sólo un mundo respetado y escuchado, sino una inesperada fuente adicional de muchos miles de nuevos lectores y libros vendidos con viñetas como protagonistas. Hace muy poco os hablamos de Obra Hermética, la gigantesca compilación de los años de Moebius en Métal Hurlant. Y ahora lo hacemos de tres nombres que hicieron del arte del cómic argentino una presencia mayúscula en todo el planeta.

Hablamos de otros tiempos que merecería la pena no olvidar. En un mundo que cambia tan dramáticamente del principio al fin de este párrafo, ideas, obras e influencias son tan diferentes en apenas unas décadas que las brechas generacionales que antes tardaban muchos años en manifestarse ahora suponen abismos con el paso de la edad. Héctor Germán Oesterheid fue y es, gracias a sus obras, que han pasado por encima de su ausencia, uno de los guionistas argentinos más grandes del mundo de la historieta. Con otro nombre inmortal como Hugo Pratt firmó Sargento Kirk; junto a Francisco Solano López creó El Eternauta y con Alberto Breccia dio vida a Sherlock Time y Mort Cinder, entre otras muchas obras, como Che / Evita, las dos biografías ilustradas que venimos a recomendarte hoy. Muchas de las obras de Oesterheid fueron fruto de épocas muy concretas y, aunque la historia contemporánea… bueno, en realidad la historia de la Humanidad en cualquier momento nunca fue fácil o pacífica, los intereses y modelos de vida fueron completamente diferentes a los nuestros en la época en que que Oesterheid definió sus historietas. Tanto que algunas pueden resultarnos ingenuas en su concepción del mundo o estereotipos, inocentes en comparación con convivir a diario con atrocidades televisadas en directo.

Y sin embargo, que triste final para un creador de historias tan nobles, cuando, en 1977 lo secuestraron las fuerzas armadas durante la dictadura militar argentina de Videla, haciéndole «desaparecer» junto a otros tantos miles de inocentes cuyo único crimen fue pensar por si mismos y tener ideas propias. Imagina si los tiempos han cambiado que, a finales de la década de 1960, cuando el editor argentino Jorge Alvarez inauguró una serie de biografías en cómic titulada Vidas ilustradas, con el pretexto de mezclar temas tradicionales y contraculturales, su idea de comenzar con una biografía de Ernesto Che Guevara suponía una acción de verdadero riesgo en un país, Argentina, que se encontraba bajo el gobierno militar de Onganía desde 1966. El Che había muerto en octubre de 1967 y Vida del Che, programada inicialmente para ver la luz al cabo de un año con la intención de conmemorar su muerte, no apareció hasta 1969. Para tratar de evitar problemas serios, Álvarez editó el libro en un sello ficticio, Ediko, y ofreció a los autores la posibilidad de eliminar sus nombres de la cubierta. Incapaz de evitar su naturaleza provocadora pero, sobre todo, su oposición política, Oesterheld insistió en que su nombre sí figurara.

La publicación del libro, ya tan cerca de la década de los 70, supuso un golpe literal para la editorial, llegando la policía a asaltar su sede en una violenta redada que concluyó tristemente con el secuestro de los originales, todas las copias impresas y cualquier otro medio que hiciera posible reeditar el libro. Tan accidentada como la propia vida del personaje que retratan estas impecables páginas fundidas en ese blanco y negro de pureza extrema de la que la dinastía de los Breccia es máximo exponente, por suerte esta obra que ahora podemos disfrutar en esta magnífica y cuidada reedición, fue restaurada en 1987 en España por a editorial Ikusager a partir de una copia impresa de aquella primera edición. Desde entonces, las sucesivas reimpresiones a lo largo y ancho del planeta se han reimpreso siguiendo dicha restauración, tratando de enmendar, eso sí algunos de los errores que presentó la primera edición original. Los editores de Reservoir señalan en una nota de gran valor al final de la Vida del Che, como «muy notablemente se aprecia la ausencia del certificado de nacimiento del Che al inicio del capítulo Ernestito. Con el paso del tiempo, se fueron detectando otras imprecisiones en la primera edición algunas de las cuales -si bien no hemos modificado en esta edición por respetar la reproducción y el rotulado originales – sí señalamos aquí: el periódico que fundó el Che se llamó El cubano libre y no Cuba libre, el número de bajas propias y enemigas en el enfrentamiento de El Uvero difiere ligeramente de lo detallado en la obra, y el nombre de la localidad donde fue ejecutado el Che es La Higuera, en vez de Higueras».

Aún sabiendo lo que vamos a presenciar, Oesterheld nos descoloca del todo en su narración de Vida del Che. Comenzando en Bolivia, en 1967, en los días finales de Ernesto «Che» Guevara, pasa a recuperar fragmentos de todos lo momentos más importantes de la vida del guerrillero por antonomasia. El tono, histórico y cercano a la vez, recuerda lugares, fechas exactas, personajes reales que se cruzaron en la vida del Che, pero todo ello mezclado con momentos en que parece que asistamos a sus pensamientos más profundos. Y lo que se inicia confuso, guionista y dibujantes lo convierten en un apasionante viaje en profundo blanco y negro al alma y vida de otro personaje cuya vida borró en parte el marketing en esas camisetas sin sentido de generaciones que ni siquiera saben qué hizo o quien fue este argentino convertido en símbolo de la Revolución Cubana junto a Fidel Castro. Con textos telegráficos, a ratos como si fuesen fragmento de los diarios que hicieron legendario a un personaje capaz de destacar como médico, guerrillero y comandante, los textos de Oesterheld sirvieron de excusa a Alberto Breccia para dar vida a algo más que simples viñetas. En la cúspide de su carrera como dibujante y sin tener nada que demostrar, Breccia reinventó una vez más la forma en que se pueden contar las historias. Ayudado por su hijo Enrique (parece ser que se repartían el dibujo de los diferentes capítulos de la historia), ninguno de los dos fallan ni el más mínimo trazo en los perfectos retratos de Ernesto «Che» Guevara. Como si el más audaz fotógrafo hubiese seguido hasta cada rincón de la selva o la montaña al líder natural que fue el guerrillero, leída este recomendable repaso a la historia reciente, en la pupila nos quedan convertidas en dibujos perfectos las miles de instantáneas que del Che recorrieron el mundo tanto durante su vida como tras su muerte. Sus gestos, su mirada y su vida en estas páginas reviven al combatiente que no pudo dejar de luchar hasta su muerte, en pie, contra las injusticias de este mundo que siempre estará lleno de ellas.

Realistas y a la vez simbólicos, cargados de expresionismo en las manchas de tinta que confirman muchas viñetas irrepetibles, el trabajo de los Breccia en esta biografía dibujada nos hace olvidarnos por momentos de que estamos leyendo la vida de un hombre que existió y cuyos logros y errores fueron tan magníficamente convertidos aquí como brutal testimonio histórico del personaje y del propio cómic que la censura trató de borrar del recuerdo. No pierdas la oportunidad de refrescar tus conocimientos sobre este revolucionario en la mejor compañía creativa que jamás pudiste imaginar.

Vida y obra de Eva Perón nos conduce por su parte por los momentos más importantes de la mujer que fue considerada como «Jefa Espiritual de la Nación» argentina. Conocida por su fama como actriz radiofónica, aprovechó la posición que logró afianzar a lo largo del tiempo para luchar por lograr el sufragio femenino. E incluso cuando se convirtió en Primera Dama junto a Perón, nunca cejó en su empeño por mejorar los servicios sociales del país, convirtiéndose además en sus innumerables viajes al extranjero en representante infalible de Argentina para el mundo.

Declarado peronista, fue en este caso el escritor H. G. Oesterheld quien propuso al editor argentino Héctor A. Marafoschi hacer una biografía en cómic de Evita como continuación de la serie biográfica iniciada con Vida del Che. El autor nunca tuvo dudas de que Alberto Breccia y su hijo Enrique debían encargarse del dibujo, mientras que Cristina Breccia (la hija mayor de Alberto) se encargaría de las labores del color junto a Néstor Berninzoni. No obstante, en este caso Oesterheld escribió el argumento y se lo pasó a los Breccia para que lo dibujaran, suministrándoles detalladas observaciones sobre qué poner en cada cuadro y en cada página, aunque nunca llegó a concluir el guion por falta de tiempo. Para aprovechar la idea y todo lo trabajado, Alberto Breccia recurrió al periodista Luis Alberto Murray, quien les dio forma definitiva al guion final, en el que reelaboró cabalmente el tratamiento original de Oesterheld.

Evita, vida y obra de Eva Perón fue directamente pensada como biografía ilustrada más que como cómic de su vida. El interés de Oesterheld y Murray por retratar a esa irrepetible mujer a la que adoraba medio país mientras la otra mitad se reservaban su opinión política, dejó una historia tras de sí muchas veces adaptada, incluso como guion cinematográfico. Tras su muerte en 1952 fueron muchos quienes llegaron a tildarla casi de «santa» por su incesante labor social. Y, pese a todos estos argumentos, la publicación del libro supuso de nuevo un probable riesgo político en 1970, año en el que año, su viudo, el antiguo presidente Juan Domingo Perón, organizaba su vuelta del exilio mientras languidecía la dictadura de Onganía. En esta ocasión la esperada repercusión económica del que debería ser un rotundo éxito comercial por la magnitud del personaje, facilitó la decisión del editor. Aunque todas su pretensiones quedaron bien lejos de la realidad de lo que fue la primera edición, de la que el propio Alberto Breccia dijo en 1973 en una entrevista que no se habían vendido apenas ejemplares.

Lo cierto es que la agitada vida de Maria Eva Duarte de Perón, cuyo cadáver, como Evita, fue embalsamado y adorado por el pueblo tras su muerte, y posteriormente profanado por la dictadura militar de Aramburu (1955-1958), logró en vida y tras su muerte convertirse en un símbolo de una parte importante de la historia de Argentina. Llegados a estas páginas en que los Breccia dieron forma a su vida dibujada, lo cierto es que el concepto cambió drásticamente en relación al expresionismo de Vida del Che, hasta el punto de que Evita, vida y obra de Eva Perón podría definirse como documental dibujado, con un realismo que quizás resta humanidad al personaje retratado pero donde la capacidad gráfica de los Breccia nunca deja de brillar por su efectividad y precisión en el trazo en blanco y negro.

Si añadimos la ausencia de guión original del gran Oesterheld, no es de extrañar que, a principios de la década de los 2000, en una labor de arqueología dentro de la historieta argentina, el editor gráfico Javier Doeyo dio la buena noticia de que había encontrado el texto y anotaciones originales de Oesterheld de 1970 en el estudio de Alberto Breccia, varios años después del fallecimeinto de ambos autores. El hallazgo hizo posible que en 2002, la editorial de Doeyo, Doedytores, publicase una edición en blanco y negro en la que se usó como texto una versión restaurada y actualizada del guion de Oesterheld, empleada posteriormente en todas las ediciones internacionales desde entonces e incluyendo esta edición de Reservoir Books donde la única diferencia es haberse reproducido con una tipografía distinta, aunque basada en la original de Breccia.

La edición conjunta de ambas historietas en este Che / Evita, vinculadas a la historia de Argentina y, con ella, al del legado de varios de sus autores más importantes y reconocidos internacionalmente, supone una oportunidad única de sumergirse en un legado histórico que merece la pena leer, ver y del que es necesario saber porque, como toda historia donde la Humanidad ha cometido errores, es fuente de aprendizaje para todo momento futuro en que poder evitarlos.

SOBRE LOS AUTORES

HÉCTOR GERMÁN OESTERHELD
(Buenos Aires, 1919-1977) es considerado uno de los mayores guionistas de la historieta argentina, con una trayectoria extensa y prolífica. Sus primeras historias se publicaron en los años 50, en colaboraciones con varios dibujantes entre las que destacan los trabajos realizados junto a Hugo Pratt, con el que realizó Sargento Kirk (1953-1957), Ticonderoga (1957-58) y Ernie Pike (1957-59), y Francisco Solano López, con quien realizó su obra más conocida, El Eternauta (1957-1959). Con Alberto Breccia formó una de las colaboraciones entre guionista y dibujante más destacadas de la historia del cómic universal, de la que surgieron trabajos como Sherlock Time (1958-1959), Mort Cinder (1962-1964), Richard Long (1965), Vida del Che (1969) y una nueva versión de El Eternauta (El Eternauta 1969). Como editor fue responsable de la creación de la editorial Frontera, que dio vida a la mítica revista Hora Cero. En 1977 fue secuestrado por las fuerzas armadas durante la dictadura militar argentina de Videla, siendo uno de los muchos «desaparecidos».

ALBERTO BRECCIA
(Montevideo, 1919 – Buenos Aires, 1993) inició su carrera a los 19 años. En 1946
empezó a dibujar Vito Nervio en la revista infantil Patoruzito, serie de historietas con la que adquirió notoriedad. En 1958 comenzó su colaboración con H. G. Oesterheld en la serie Sherlock Time, publicado originariamente en once episodios semanales en la revista Hora Cero. Del mismo tándem salieron obras tan importantes para la trayectoria de ambos como Mort Cinder, Vida del Che o El Eternauta 1969. En 1973, junto al guionista Norberto Buscaglia, adaptó Los mitos de Cthulhu, de H. P. Lovecraft. Durante su carrera también se encargó de adaptar obras de Borges, García Márquez, Onetti, Edgar Allan Poe y Horacio Quiroga, entre otros. Asimismo, colaboró con Carlos Trillo, quien firmó los guiones de Un tal Daneri (1974-1978), Nadie (1977), El viajero de Gris (1978-1980) y Buscavidas (1981). Las últimas grandes obras de Alberto Breccia fueron Drácula, Dracul, ¿Vlad?, ¡Bah…! (1984) así como Perramus (1983), con guiones de Juan Sasturain, e Informe sobre ciegos (1991), una personal adaptación de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato.

ENRIQUE BRECCIA
(Buenos Aires, 1945) es un pintor, ilustrador e historietista argentino, hijo del dibujante Alberto Breccia, con quien colaboró muy joven en Mort Cinder, El Eternauta 1969, Vida del Che y Vida y obra de Eva Perón. De entre el resto de sus publicaciones, quizás las más conocidas son El buen Dios (1976), Alvar Mayor (1977-1983) y El peregrino de las estrellas (1978), con guiones de Carlos Trillo. Buena parte de su obra, además de la realizada para revistas argentinas, se centra en trabajos para editoriales británicas (Fleetway), italianas (Linus, Bonelli), francesas (Delcourt) y estadounidenses (Marvel, DC Comics, Vertigo). Entre otros galardones, ostenta la Medalla de Oro en el XII Salón de Dibujantes de Argentina (1963), el Premio Pléyade a la Mejor Producción Gráfica (1993), el Premio Gran Guinigi como Maestro de la historieta (2011) y el Premio Kónex (2012). Desde 2011 reside en Italia.


