Ingrid Roma y «Perder la gravedad»: cuando la música ayuda a reconstruirse por dentro

LH Magazin · Detrás de la Letra

Ingrid Roma y «Perder la gravedad»: cuando la música ayuda a reconstruirse por dentro

Una canción nacida del duelo, de las cicatrices que deja la vida y del difícil camino de volver a encontrar un lugar para una misma.

Ingrid Roma, cantante española y autora de Perder la gravedad
Ingrid Roma · «Perder la gravedad»
Hay canciones que nacen para contar una historia y otras que aparecen cuando necesitamos encontrar la manera de sobrevivir a ella. «Perder la gravedad», de Ingrid Roma, pertenece a estas últimas. Una composición íntima y profundamente personal en la que la artista transforma una experiencia que cambió su vida en palabras, melodía y emoción.

En Detrás de la Letra, en LH Magazin, nos acercamos al origen de una canción que no nace de la necesidad de explicar lo sucedido, sino de algo mucho más profundo: la necesidad de sanar.

Ingrid Roma es una cantante española con formación musical desde muy joven y estudios de piano en el Conservatorio. Aunque la música siempre ha formado parte de su vida, su proyecto artístico comenzó a tomar forma mucho más tarde, después de una etapa personal que transformó su manera de entender la vida y la música.

En 2026 publicó «Ceuta sigue en pie», su primer lanzamiento, nacido de su vínculo con Ceuta y de lo vivido durante aquel verano. Con «Perder la gravedad» nos descubre una faceta mucho más íntima, donde la voz y la interpretación tienen un papel protagonista.

Detrás de la Letra

«Perder la gravedad»

Ingrid Roma · La letra de la canción

El desastre llegó completo, sin dejarme tiempo para comprender. De pronto dejaron de servirme las palabras que sabía usar tan bien.

Todo conservaba la misma forma, pero nada significaba igual. Mi historia se volvió irreconocible sin moverse siquiera de lugar.

No sabía cuánto de mí había quedado entre los restos. Solo sabía que no podía quedarme para siempre dentro

No fue caer, fue perder la gravedad, quedar suspendida en lo imposible. Todo lo que sostenía mi vida se volvió de pronto irreconocible. Y en mitad de aquel vacío me inventé la fuerza que no tenía, porque había dos nombres antes que el mío y no podían caer conmigo.

Fui juntando días diferentes sin pedirles parecerse a los de ayer. Aprendí el peso de mi firma, la voz de decidir sin responder.

Puse orden donde pude ponerlo, dejé lo demás sin resolver. No se reconstruye todo de una vez, primero hay que aprender a permanecer.

No hubo una fecha concreta, ni un momento de volver. Solo pequeñas decisiones que empezaron a parecerse a mí otra vez.

No fue caer, fue perder la gravedad, quedar suspendida en lo imposible. Todo lo que sostenía mi vida se volvió de pronto irreconocible. Y en mitad de aquel vacío me inventé la fuerza que no tenía, porque había dos nombres antes que el mío y no podían caer conmigo.

No me salvó una certeza, ni una versión mejor de mí. Fue algo menos admirable: había que seguir.

No volví a ser la misma, no era esa la intención. Hice espacio para otra vida donde antes solo había destrucción.

No fue caer, fue cambiar de gravedad, aprender a sostener lo imprevisible. Lo que un día desarmó toda mi vida ya no puede decidir lo que sigue.

Yo conozco aquel vacío, sé la fuerza que entonces no tenía. Había dos nombres antes que el mío… hoy también puedo decir el mío.

Había dos nombres antes que el mío y no podían caer conmigo.

Cuando caer no es suficiente para explicar lo que sucede

«No fue caer, fue perder la gravedad».

El verso que da título a la canción contiene una de sus imágenes más poderosas. Ingrid no habla simplemente de tocar fondo, sino de quedarse suspendida, sin referencias, cuando aquello que antes sostenía nuestra vida desaparece de repente.

La pérdida de su madre y otras circunstancias difíciles que llegaron casi al mismo tiempo la obligaron a continuar cuando, en realidad, necesitaba detenerse. Había responsabilidades que atender y personas que dependían de ella. No tuvo el espacio que necesitaba para vivir su duelo como habría deseado.

La canción nace de esa experiencia, pero Ingrid ha necesitado tiempo para poder acercarse a ella. Escribir la letra fue doloroso y, al principio, incluso cantar algunas de sus partes resultaba imposible. Ahora, cada interpretación se convierte en un pequeño paso dentro de un proceso de reconstrucción que todavía continúa.

La fuerza de seguir adelante cuando no sabes cómo hacerlo

«Me inventé la fuerza que no tenía, porque había dos nombres antes que el mío y no podían caer conmigo».

Detrás de esas palabras hay una realidad alejada de cualquier idea de heroísmo. La fuerza de Ingrid no fue extraordinaria ni espectacular: consistió en levantarse, preparar un desayuno, ir a trabajar y tomar decisiones cotidianas cuando todo parecía haberse detenido por dentro.

Sus hijos fueron una razón para seguir, pero también una compañía fundamental durante aquel proceso. Ingrid reconoce que ellos la ayudaron de formas que quizá todavía no alcanzan a comprender.

Por eso siente que esta canción es una herencia para ellos: un testimonio de lo vivido y una forma de que algún día comprendan cuánto significaron para ella y cómo la acompañaron durante su reconstrucción.

Ingrid Roma junto a Juan Rodríguez en el estudio de LH Magazin
Ingrid Roma y Juan Rodríguez durante la entrevista en LH Magazin.

Reconstruirse no significa volver a ser la misma persona

La canción tampoco propone una recuperación inmediata ni una fecha en la que todo vuelve a estar bien. Habla de pequeñas decisiones, de cicatrices y de aprender a reconocerse después de una transformación profunda.

«Solo pequeñas decisiones que empezaron a parecerse a mí otra vez».

Ingrid reflexiona sobre la dificultad de aceptar que una pérdida puede cambiar nuestra identidad y que reconstruirse no significa recuperar exactamente a la persona que éramos antes.

Lo vivido deja marcas. A veces hay días en los que volvemos a reconocernos en una decisión, en un gesto o en una forma de afrontar la vida. Otros días seguimos intentando comprender quiénes somos después de todo lo sucedido.

Para Ingrid, reconstruirse también significa aprender a conocer a la persona en la que se está convirtiendo y aceptar esa metamorfosis, incluso con sus cicatrices.

Volver a pronunciar el propio nombre

«Había dos nombres antes que el mío… hoy también puedo decir el mío».

Quizá este sea uno de los versos que mejor resumen el viaje emocional de «Perder la gravedad». Durante un tiempo, Ingrid sintió que había dejado de existir dentro de su propia vida. Las necesidades de otras personas y las responsabilidades cotidianas ocupaban todo el espacio.

Hasta que comprendió que ella también necesitaba recuperar su lugar. No para querer menos a quienes forman parte de su vida, ni para restarles importancia, sino para entender que su nombre también merecía estar presente.

Una reflexión que puede conectar con muchas personas, especialmente con quienes han dedicado tanto tiempo a cuidar de los demás que, en algún momento, han olvidado escucharse a sí mismas.

Hacer sitio para una misma no significa desplazar a nadie. Significa comprender que también tenemos derecho a cuidarnos, a sentir, a reconstruirnos y a formar parte de nuestra propia historia.

La música como forma de expresar lo que no sabemos decir

Para Ingrid Roma, escribir y cantar se han convertido en una manera de expresar emociones que durante mucho tiempo le resultó difícil compartir hablando. La escritura siempre había formado parte de su vida, pero la música le permite encontrar sus propias palabras y expresarlas a su manera.

«Perder la gravedad» no es únicamente una canción sobre el dolor. Es también una historia sobre el tiempo, los vínculos, las cicatrices y la posibilidad de volver a hacerse un sitio en el mundo.

En esta conversación de Detrás de la Letra, descubrimos a una artista que no pretende presentarse como alguien que ya ha superado todo lo vivido, sino como una persona que continúa aprendiendo, reconstruyéndose y encontrando su propia voz.

Escucha la entrevista

Ingrid Roma en LH A Todo Ritmo

Descubre en su propia voz la historia que hay detrás de «Perder la gravedad», en esta conversación con Juan Rodríguez para LH Magazin.

A veces, empezar a sanar consiste precisamente en eso: encontrar las palabras, atreverse a cantarlas y recordar que nuestro nombre también merece estar en nuestra propia historia.

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