En un panorama donde ya se pueden leer en diversas redes sociales los miedos de algunas autoras a la saturación del mercado mientras, en el lado opuesto del ring, hay quien se atreve a decir que los lectores de cómics han aumentado en España en un porcentaje sobrecogedor. Lo cierto es que pequeñas, medianas y grandes editoriales han reiniciado en este 2026 sus particulares carreras individuales por conseguir el título más vendido en este o aquel otro país o por fichar para su escudería a los autores y autoras a quienes siguen las modas y sus consecuentes ventas. Si nos quedamos en los peores datos, tendríamos que hacerlo en una compleja situación global que poco tiene que ver con lo que nos mueve a la mayoría a leer tebeos: evadirnos un poco de todo eso. Y aún por encima de eso, hay quien tiene el valor de seguir soñando con los pies en el suelo y dar un paso al frente. Y este es el caso de Elephant Books, una nueva editorial nacida según Elena Hernández, su editora, «con una vocación clara: dar voz en español a las grandes novelas gráficas contemporáneas que, desde diferentes rincones del mundo, exploran la condición humana con fuerza narrativa y ambición literaria. El nombre simboliza memoria, fuerza y sensibilidad: tres rasgos que definen tanto al animal como a las historias que publica el sello. Obras que dejan huella, que no temen adentrarse en lo intimo, lo politico o lo trascendental, y que tienden puentes entre lo gráfico y lo textual».

A la hora de la verdad y en un mundo como el editorial, en un país donde en realidad todos queremos creer que hay lectores y dinero suficientes para tantas novedades mensuales, las dos primeras propuestas de Elephant Books nos pillaron por sorpresa y, con total honestidad, me mantuvieron sentado de la primera a la última página tanto con El velo blanco, con guion de Romina Denti y dibujo de Valentino Forlini, como con Una carta para Jo, con historia escrita por Joseph Sieracki y dibujos de Kelly Williams. La clave: que lo que promete esta editorial se hace real a medida que sencillamente te dejas llevar por historias que, como bien presentan, van «más allá del cómic histórico y de género para abrazar un terreno fértil donde lo gráfico y lo literario se dan la mano».


Con un sabor genuino a los antiguos y formidables clásicos de aventuras de otros tiempos, bien escritos y mejor pensados, El velo blanco nos traslada a un remoto rincón de la Rusia de 1570, Nóvgorod. Allí, en plena celebración pagana del solsticio de verano, una tribu nómada elige a la joven Aglaja para concluir las celebraciones según un antiguo ritual. Hasta que la violencia humana interrumpe algo más profundamente unido a la Naturaleza de lo esperado. El resultado es que durante casi tres siglos, desaparecen las estaciones de la primavera y el verano, con consecuencias que, llegados en apenas unas páginas al Londres de 1851, prometen acabar con la raza humana ante la atroz hambruna e incapacidad por remediarla. Afortunadamente es en esa mítica ciudad, durante una Gran Exposición vital para el futuro de la humanidad cuando Lady Blodwen Morgan, su hermano Dylan y su hermana Rhian, todos biólogos, lanzan una desesperada petición de voluntarios y recursos para una misión de investigación. El objetivo: llegar a los bosques helados de Nóvgorod, identificados por los científicos como el epicentro del fenómeno climático que asola la Tierra, para detenerlo antes de que la hambruna diezme a todos los seres vivos.

Descubrimos así en El velo blanco la excelente narrativa de dos autores que acostumbran a trabajar juntos y que nos recuerdan los buenísimos relatos gráficos que siempre han ofrecido, dentro del cómic europeo, los autores y autoras italianos. Romina Denti es una veterana ilustradora y guionista que sabe medir el desarrollo de una buena historia combinando escenarios creíbles con ideas que cobran vida en sus personajes. Resultando coherente a la época elegida para lo que quiere contarnos, un siglo XIX donde las mujeres debían defender a capa y espada cada milímetro de libertad conquistada, Lady Blodwen Morgan brilla con luz propia abriéndose paso con su espada cuando es necesario. De igual modo seguiremos la historia en el inframundo de Aglaja, que parece destinada a cruzar su camino con otra mujer que antepone sus principios a su propia felicidad. Y entremedias, un desfile de caracteres profundamente pensados y desarrollados sin que los cuidados diálogos disminuyan la creciente velocidad e interés de un relato que en cada detalle vuelve a recordarnos las mejores invenciones y reflexiones de grandes maestros del género de aventuras como Julio Verne o Emilio Salgari.

En su defensa del lugar que debieron ocupar tantas mujeres posiblemente silenciadas por quienes escribían la Historia a su medida, Romina Denti afirma tajante: «mi tesis es que el lenguaje del mito poético utilizado antiguamente en el Mediterráneo y el norte de Europa era un lenguaje mágico estrechamente relacionado con las ceremonias religiosas en honor a la diosa Luna o a la Musa, algunas de las cuales se remontan al Paleolítico; y que sigue siendo hasta nuestros días el lenguaje de la verdadera poesía: «verdadera» en el sentido nostálgico moderno de «original, irreprochable, no sustituible». Este lenguaje fue alterado hacia el final de la era minoica, cuando los invasores de Asia Central comenzaron a sustituir las instituciones matrilineales por patrilineales, reformulando o falsificando mitos para justificar cambios sociales».

El velo blanco está además magníficamente iluminada por la mano del veterano Valentino Forlini, artista italiano de extensa trayectoria en cuya sencilla línea clara intuimos la sencillez de alguien que ha llegado a ilustrar para la gran editorial italiana Nathan Never las páginas de uno de sus héroes más populares: Nathan Never. La soltura de su trazo es ideal para un libro que reivindica ciertamente al género de la novela gráfica como una forma de arte mayor, contando a través de sorprendentes voces nuevas para nosotros como Denti y Forlini historias universales que se sienten como nuevas por lo bien contadas. El velo blanco entretiene, pero también es capaz de emocionarte y hacerte pensar porque, en su inventado realismo mágico, Romina Denti nos habla, como sólo las grandes obras hacen, de problemas que siguen a nuestro lado en el mundo real, con los que nos identificamos aún cuando se disfrazan como esta fantástica fábula que os recomendamos de verdad leer.
SOBRE LA AUTORA Y EL AUTOR

ROMINA DENTI
Ilustradora y autora italiana cuya obra se caracteriza por una atención muy fina a la atmósfera, al gesto y a la construcción emocional de las escenas. Su dibujo es delicado y contenido, y confía en la sugerencia y en los silencios visuales como herramientas narrativas fundamentales. Es coautora, junto a Valentino Forlini, de la novela gráfica Il velo bianco, que Elephant Books publica en España en 2026 bajo el título El velo blanco. En esta obra, la narración se apoya en miradas, pausas y espacios interiores, construyendo un relato poético y simbólico donde la emoción se transmite más por lo que se insinúa que por lo que se explica. Además de este trabajo, ha colaborado con Forlini en otros proyectos conjuntos como Le monde est un cactus (El mundo es un cactus) y Alfred, un amour de chat, obras que amplían su universo narrativo y confirman una complicidad creativa sostenida, especialmente atenta a lo íntimo, lo cotidiano y la emoción contenida. Su trabajo se inscribe en una sensibilidad contemporánea del cómic italiano interesada en lo emocional y lo literario, con una mirada que privilegia la contención y el ritmo pausado frente a la explicitud.

VALENTINO FORLINI
Es un autor que entiende la narrativa gráfica como un espacio de pausa y observación. Su dibujo es preciso y sobrio, y apuesta por la sugerencia y por una lectura en la que la emoción se construye desde la imagen, sin necesidad de explicaciones innecesarias. Dibujante de cómics desde 1996, ha desarrollado una trayectoria sólida dentro del cómic europeo. Ha trabajado para editoriales italianas como Star Comics en algunas de sus series más populares, entre ellas Lazarus Ledd y Samuel Sand, y para Sergio Bonelli Editore en títulos emblemáticos como Nathan Never y Le Storie. Estas obras lo han consolidado como un autor versátil, capaz de moverse entre distintos registros narrativos sin perder identidad gráfica. Paralelamente, ha colaborado durante años con The Walt Disney Company en proyectos ligados a franquicias ampliamente conocidas como Piratas del Caribe, Cars y Toy Story, además de trabajar como dibujante de storyboards para televisión en series de animación de gran difusión como Gormiti y Team Galaxy.
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Después de leer y no querer salir de El velo blanco, el segundo título editado por Elephant Books te deja aún meno indiferente a su criterio seleccionando historias. Una carta para Jo cambia completamente el registro temático, ya que nos adentramos en una novela gráfica de clara conclusión antibelicista pero mucho más oscura y real. Casi sorprende que, pese a que sus autores, el guionista Joseph Sieracki y el dibujante Kelly Williams, sean estadounidenses, su novela gráfica abarca una profundidad donde resuenan ecos de guionistas europeos y británicos. Una carta para Jo nace de la experiencia de Joseph Sieracki con su propio abuelo. Hombre de otro tiempo de valores desaparecidos y casi olvidados, el autor explica en el prólogo al libro como él siempre vio a su abuelo, veterano de la Segunda Guerra Mundial, como «héroe de guerra -aunque a él no le gustaba nada que lo consideraran como tal-. Al parecer, yo era el único miembro de la familia que mostraba interés en la Segunda Guerra Mundial, que fue lo que nos llevó a conectar. A mi abuelo lo reclutaron con dieciocho años y obtuvo un buen número de medallas a lo largo del tiempo que estuvo en la guerra».

Lo importante, sigue explicando Joseph Sieracki, es que, «años después de la muerte de mi abuelo, mi abuela me dio una carta que le había escrito mi abuelo al final de la guerra. Me dijo que estaba segura de que habría querido que yo la tuviera. Al leer la carta, conseguí hacerme una idea mucho mejor de cómo era mi abuelo y de cómo habían sido sus experiencias en la guerra. De hecho, si he de ser sincero, hasta que no leí esta carta ni siquiera estuve seguro de que hubiera participado en algún combate, pero lo cierto es que participó en muchos. Sin embargo, lo que más me sorprendió fue la dualidad que percibía en sus palabras. Por un lado, la guerra lo había roto por dentro, pero, por el otro, era como si la hubiera disfrutado».

A partir de lo leído, de lo que se intuye, ya que la carta se incluye íntegra al final del libro en un apartado con numeroso material extra, Sieracki construye una historia que discurre paralela en dos mundos completamente separados: la atroz experiencia de su abuelo Leonard, «Len», en el conflicto bélico de un lado y la paciencia, constancia y espera de Jo, la prometida que prescindió de parte de su vida esperando cada carta con noticias del frente. Pero quien nos atrapa, indudablemente es Len y su relato de cómo logró sobrevivir, como tantos otros soldados que apenas tenían dieciocho años, a una guerra que, como todas, nunca muestra ningún lado amable.

Los siguientes capítulos, «Miedo» y «Guerra», nos lanzan de lleno a escenarios cuidadosamente medidos por Joseph Sieracki. «Desde el principio -explicaba el guionista en sus primeras entrevistas promocionales en 2022, cuando se editó el libro en Estados Unidos-, pensé que sería fundamental para la historia ser lo más honesto posible. Así que intenté tenerlo presente durante todo el proceso. La carta en sí, aunque es sumamente convincente (la carta original), también carece de muchos aspectos que considero importantes para personalizar la historia. Por ejemplo, no mencionó a ningún otro soldado, lo cual, a primera vista, puede resultar un poco extraño, pero no creo que fuera casualidad. Creo que fue intencional. Creo que le resultó difícil hablar de eso. Así que era necesario que la historia general construyera una especie de narrativa en torno a la carta. También investigué mucho, además de anotar detalles como la forma de hablar de la gente de entonces, los nombres de las armas y cosas así. También leí muchas memorias gráficas de la Segunda Guerra Mundial para comprender mejor cómo eran esas relaciones interpersonales. ¿Cómo fue la experiencia de esas personas en ese nivel básico? Y, por supuesto, Kelly y su arte son lo que realmente le dan vida».

Y efectivamente el arte de Kelly Williams, que construyó íntegramente Una carta para Jo a base de tinta y acuarelas, nos hunde con el protagonista en una experiencia que, en muchos momentos, se vuelve tan angustiosa como ejercicios cinematográficos tan soberbios como Salvar al soldado Ryan, Johnny cogió su fúsil o series como Hermanos de sangre. Porque Sieracki no inventa una feliz hazaña bélica en la que, por suerte, todos sabemos que, por una vez, ganaron los buenos. Lo que hace es profundizar de verdad en cómo una experiencia semejante puede convertir hasta borrar la humanidad incluso en quienes fueron héroes. Y ahí es a dónde nos llevas, sin mirar a otro lado, Sieracki y Williams, recordándonos que a la ficción creada para dar estructura al libro, la sustenta un tortuoso camino que llevó a su abuelo desde las playas de Normandía hasta lo más profundo de las carnicerías que ambos bandos protagonizaron en la inevitable derrota de uno de ellos. No es de extrañar que el dibujante, que había ilustrado cómics de terror previamente, recuerde realizar esta novela gráfica como algo mucho más duro cuando recurrió a imágenes de referencia buscando inspiración: «Vi un montón de imágenes horribles que probablemente nunca habría visto. De hecho, hace un tiempo me preguntaron cuál era la peor imagen de referencia que había tenido que ver, porque era una viñeta de terror en la que participábamos. Y pensé: «Bueno, en realidad no era un cómic de terror. Vi cosas espantosas».

Y aún cuando el relato de Una carta para Jo evidencia la narración y uso de lugares comunes, campos de batalla reales y escenarios devastados por la guerra, aún nos recorre un escalofrío cuando, llegados el epílogo y a una gran cantidad de material adicional, incluyendo fotos de los personajes reales en los que se basa esta novela gráfica, Joseph Sieracki nos ofrece un poema que su abuelo, Leonard Sieracki, escribió cuando lo desplegaron en Europa. Un poema «que evoca el miedo y la ansiedad que provocaba la proximidad de la batalla y en el que recuerda a los seres queridos que ha dejado en casa». Todo ello acompañado de unas brillantes ilustraciones obra de Brett Carville. Sin duda un gran final para una obra redonda que nos recuerda, una vez más, esos grandes errores que no deberíamos volver a cometer.

SOBRE LOS AUTORES

JOSEPH SIERACKI
Guionista estadounidense cuya obra se inscribe en el ámbito de la novela gráfica contemporánea, con un marcado interés por la memoria, la experiencia personal y los relatos de raíz histórica. Su escritura se caracteriza por una mirada empática, una atención cuidadosa al detalle cotidiano y una forma de narrar que prioriza lo humano por encima del artificio. Es el autor de la novela gráfica A Letter to Jo, publicada en España por Elephant Books en 2026 como Una carta para Jo. Inspirada en la historia real de su abuelo durante la Segunda Guerra Mundial, la obra transforma un testimonio familiar en un relato universal sobre el miedo, la esperanza, el amor y la supervivencia. Además de este título, ha publicado The Life and Death of the Brave Captain Suave y Ghosts of Science Past, ampliando su exploración de la memoria, la identidad y la relación entre lo personal y lo histórico. Actualmente compagina la creación de nuevos proyectos narrativos con su labor docente, manteniendo una voz autoral centrada en lo íntimo y en la experiencia humana.

KELLY WILLIAMS
Dibujante y narrador visual estadounidense conocido por su expresividad y por un uso del blanco y negro que refuerza la carga emocional de cada escena. Su trabajo se caracteriza por una mirada directa y contenida, especialmente eficaz a la hora de abordar relatos íntimos y humanos. Es el dibujante de la novela gráfica A Letter to Jo, publicada en España por Elephant Books como Una carta para Jo. En esta obra, su estilo aporta cercanía y sensibilidad a un relato ambientado en tiempos de guerra, equilibrando la fidelidad histórica con un trazo vibrante que da peso emocional a cada página. Además de este título, ha desarrollado una trayectoria ligada al cómic independiente estadounidense, participando en proyectos de género y en relatos breves donde ha explorado una narrativa visual más cruda y experimental, siempre con una identidad gráfica muy personal.







