Telón cerrado, por Sara Durán

Tenía diez soles en las manos,
y de pronto, una sombra me abrazó sin permiso.
El mundo se hizo niebla en mis pupilas,
y las formas huyeron como pájaros asustados.

«Te vas a apagar», dijeron.
Pero yo no era lámpara:
era fuego.

Aprendí a leer con los dedos el viento,
a medir distancias con el alma.

Y un día, sin aviso,
la noche se cerró del todo.
Los contornos callaron.
El mundo se escondió tras un telón sin final.
Y yo…
yo luché igual.

Luché sin testigos visibles,
guiada por una voz que siempre estuvo:
la mía.

¿Quién lo diría?
¿Aquella niña de diez que temía perderse…?
Ahora soy eco, soy viento,
soy alergia que corta el cielo.

La oscuridad no me venció:
solo cerró mis ojos
para que pudiera abrir
todos los demás.