Bastien Vivès retoma el humor más absurdo y ácido con «La verdad sobre el caso Vivès». Diábolo Ediciones.

Descubrí a la editorial Diábolo y al autor Bastien Vivès cuando hace quince años nuestros caminos se cruzaron y empecé a escribir sobre cómics para LH MAGAZIN en los tiempos en que ya era una flamante revista gratuita en papel de excelente calidad. Sin confesar la edad para no asustar a los dinosaurios, no era nuevo como divulgador pero tengo que reconocer que, junto a los miles de páginas que leí, descubrí y reseñé desde diciembre de 2009, los libros de Bastien Vivès se convirtieron en una agradable costumbre que, tan a menudo como Diábolo traía a España sus nuevos novelas gráficas desde Francia, corríamos a promocionarlo con tantas ganas como leíamos sus historias. Creo que no hace falta recordar mi debilidad por el cómic europeo y, por decenas de razones y otros tantos autores, especialmente el francés, donde se fraguaron debilidades universales como Jean Giraud «Moebius» y genios indudables como Lewis Trondheim, David B., Joann Sfar, Boucq, Tardi, Manu Larcenet… La lista es interminable pero lo mejor es que Francia ha seguido ofreciendo talentos fuera de lo común como es el caso de Bastien Vivès. Del toque adolescente de Ellas y Hollywood Jan (con Sanlaville), Vivès nos deslumbró con el intimismo gráfico que encontraba en el mundo de las viñetas ese sabor inigualablemente francés contando desde los detalles historias de personas y personajes creíbles donde el centro siempre son las relaciones, sean como amistad a intento de encontrar ese amor romántico que la cultura popular nos ha vendido toda la vida. Prueba de ello fueron ese premiado pilar de su carrera que es El gusto del cloro, pero también En mis ojos, Amistad estrecha, La carnicería o la inmensa Polina. Sus obras más cercanas y maduras conservan ese afán por saber hasta dónde pueden torcerse las relaciones o el intento de ellas y Una hermana, La blusa, Catorce de julio o Último fin de semana de enero lo siguen demostrando. El tono de sabiduría existencial que siempre ha demostrado Vivès contando cómo sus personajes acaban entrelazando sus vidas ha sido siempre lo más sorprendente en un autor todavía joven, aunque, leyéndole, resulta evidente la importancia de ese tema central: «si hay una filosofía de autor o una unidad en lo que he hecho en todos mis álbumes -afirmaba en una entrevista reciente a un medio francés-, siempre ha sido la pareja, que es realmente el tema central de todos mis libros. Este sentimiento de amor, esta fuerza que existe en dos y que nos permite afrontar la vida. Esto es lo que recuerdo de nuestro tiempo en la Tierra, más allá de los hijos, es encontrar a alguien con quien vivir. Porque creo que es imposible vivir solo, no puedo imaginarlo».

Ahora bien, precisamente el hecho de ser un autor joven y abierto siempre a todo horizonte que le permita dibujar siempre diferente, Vivès ha experimentado otros géneros y estilos: desde la épica trilogía Por el imperio (con Chabane), a una serie de libritos de un humor corrosivo donde no dejaba títere ni tema tópico con cabeza: Videojuegos, El amor, La familia, La blogosfera, La guerra, Los tebeos y El fútbol nos desvelaron al Vivès más gamberro, irreverente y espontáneo a la vez, porque muchas de las tiras y chistes de estos libros venían de apuntes recopilados que publicaba en blogs ya perdidos. Con autores de su generación como Balak y, de nuevo Sanlaville, se acercó incluso a la mayor influencia obvia de cualquier aficionado a los cómics en cualquier parte del planeta: el manga. Y juntos creado 13 volúmenes de Last Man, donde incluso el formato imitaba al popular término japonés para el cómic. Moderno y espectacular a la vez fue también su colaboración con Ruppert y Mulot en La gran odalisca y Olympia. Y luego… sí, luego y como tantos otros autores en cualquier país (os recuerdo que hasta Paco Roca dibujó cómics eróticos en sus inicios), Vivès se acercó al cómic erótico. Sólo que le pudo creerse libre para hablar y tocar cualquier tema y cruzó un poco más allá y se aventuró en hacer cuatro títulos de temática abiertamente pornográfica: Los melones de la ira (éste editado por Diábolo en 2012) y los inéditos en España Burne out, Petit Paul y La décharge mentale. Salvo Burne out, donde los protagonistas viven una exagerada experiencia veraniega repleta de sexo por parte de todos los miembros de la familia de un político saturado por el trabajo, los otros tres títulos cruzaron límites que en Francia están seriamente penados por la ley como son representar actos sexuales entre adultos y niños. Lo imperdonable, en estos tiempos de dictatorial corrección política fue que, de la noche a la mañana y coincidiendo con el festival de cómic más importante de Francia y Europa, el de Angoulême de 2023, la organización tuvo que suspender una exposición retrospectiva de Vivès e incluso prescindir de su presencia cuando las redes incendiaron y empezaron a sacar de contexto lo que, según el autor, siempre fue «una gran broma para hacer reír a la gente y no una apología de la pedofilia». Así, el tribunal de Nanterre, en Francia, admitió una denuncia que ha llevado a Bastien Vivès a dos años de pesadilla que apenas acaban de dar su primera buena noticia el 27 de mayo de este 2025, cuando el autor de cómics y su abogado Richard Malka acaban de obtener una clara victoria legal al conseguir el sobreseimiento de la acusación en el tribunal de Nanterre en relación con la acusación contra sus dibujos.

Diábolo Ediciones no podía haber sacado pues este nuevo La verdad sobre el caso Vivès en mejor momento. El propio autor hizo público en sus redes este link que os recomiendo leer de principio a fin donde concede al medio francés Commune, medio de comunicación en línea completamente gratuito quienes se dicen herederos de la revista homónima fundada en 1933 como «hervidero de pensamiento y creatividad». Entrevistado por Vivian Petit, Vivès habla por vez primera de estos largos años en que ha vivido en sus carnes esa peligrosa «cultura de la cancelación» ante la que tuvo que hacer malabarismos para seguir ejerciendo como autor de cómics. Como botón de muestra esta escalofriante declaración: «antes, mis royalties rondaban los 20.000 euros por semestre. Vendía quizás 2.000 libros de Polina al año, un libro que data de 2011. Y ahora, desde el asunto, recibo alrededor de 5.000 euros en royalties cada seis meses. De hecho, en el momento del asunto hubo 6.000 devoluciones de Polina. Todos mis libros salieron de las librerías. Y ahora depende de la buena voluntad de los libreros. No vendo millones de álbumes, así que si no estoy en las estanterías no es una gran pérdida de ingresos para el librero. Por otro lado, si estoy allí, significa que será la iniciativa de un becario o de un cliente… Recuerdo a mi librero, que me dijo que le gustaba mucho, pero que estaba cansado de hablar de mí».

En un sinsentido que llevaba a Vivés todavía como invitado a algunos salones del cómic que no podían promocionarlo ante el peligro de asociaciones extremas que trataron de aprovechar al autor como cabeza de turco sin tener nada que ver, Bastien Vivès, igual que Juan Díaz Canales o Ruben Pellejero, fue autorizado y elegido por Casterman y quienes deciden sobre la obra y legado de Hugo Pratt, para dar vida a una nueva versión actualizada y radicalmente diferente del héroe del cómic por excelencia: Corto Maltés, junto al guionista Quenehen. Lo cierto es que Vivès tardó dos años y medio en ver publicada esa obra y las cosas pintaron tan realmente mal que se vio en la necesidad de crear una estructura llamada Charlotte Éditions, «porque no podía publicar en otro sitio. Algunas editoriales me dijeron que les encantaría trabajar conmigo, pero no podían anunciar mi nombre porque la gente se escandalizaría». Curiosamente fue a través de Charlotte que Vivès dio vida a La verdad sobre el caso Vivès, un proyecto ahora convertido en un libro realmente kafkiano donde cualquier situación impensable da lugar a otra aún más absurda… casi como la vida misma, en realidad. Así, el Bastien Vivès personaje del libro se ve obligado al comienzo de esta historia a ir a la policía como consecuencia de las acusaciones de sus dibujos relacionados con la pedofilia. Y esto le llevan, nuevamente a la fuerza, a tener que presentarse a un curso contra ella de entre una a seis semanas alojado lejos de su mujer e hijos e el que resulta que es el único asistente…

De ahí pasará a varios test donde Vivès no pierde ocasión de sacar a relucir exageraciones habituales como los atributos de algunos personajes femeninos en un trenzado in crescendo donde cada diálogo y situación supera a la anterior en lo absurdo. Entremezclando elementos que seguro rodearon al autor con su imaginación desbordada y su lado más sarcástico con absolutamente cada organismo o elemento que pretende mezclar el mundo del cómic con lo que no tiene nada que ver con él, nada en La verdad sobre el caso Vivès tiene desperdicio, en serio. Evitamos desvelaros los extremos a los que el autor se conduce a si mismo dibujado, pero te aseguro que, por momentos, te hace soltar verdaderas carcajadas gracias a su acertado humor, tan necesario para superar lo que nos rodea a veces, por otro lado… Sólo imagina la siguiente situación real, que parece ser que incluso fue televisada en Francia: durante el juicio del que Vivès salió momentáneamente victorioso, cuando el autor regresó al juzgado tras la pausa del almuerzo, activistas de la asociación Mouv’Enfants, que consideraban peligrosa la distribución de algunos de sus dibujos, decidieron sacarlos de esos cómics denunciados, los aislaron del contexto del cómic, los ampliaron, imprimieron y los convirtieron en carteles que exhibieron ante las cámaras para que pudieran emitirse en el informativo de las ocho… Vivès recuerda así que «a la hora de comer fui a comer con mi familia y vinieron a colocar los carteles en el restaurante, a enseñar los dibujos a los comensales. Además, lo curioso es que cuando se emitió el reportaje en Quotidien no difuminaron las imágenes. Por suerte no tengo un dibujo ultrarrealista, pero lo cierto es que lo emitieron mientras mis editores y yo vamos a juicio por un cómic que en Francia se vende exclusivamente en blíster negro y prohibido para menores de 18 años»

A la espera de una nueva gran obra en formato de novela gráfica existencial y preparada para alzarse con premios de crítica y público, lo cierto es que La verdad sobre el caso Vivès es un pequeño (formato 15×22 cm.) gran libro que marca el, esperemos, prometedor futuro para un autor de cómics que se ha labrado su segunda oportunidad. Y es que, además de la revista Charlotte Mensuel, en la que incluye páginas propias en blanco y negro cada mes, Vivès confiesa que un tercer Corto Maltés con Quenehen espera a la vuelta de la esquina y además, mientras tanto, nos ha regalado ya dos tomos verdaderamente entretenidos y de dibujo prodigioso de otra trilogía que esperamos ver pronto publicados en España por Diábolo titulados Luna de miel, sobre las aventuras de un matrimonio bien avenido que, cada vez que planean unas vacaciones junto para descansar de sus hijos, acaban metidos en estrambóticos líos que les hacen vivir aventuras dignas de Indiana Jones. «Todos me dicen que Luna de Miel es bonita y un poco ligera -reconoce Vivès, y me preguntan cuándo volveré con mi obra maestra. En realidad, es simple: ya no me permiten hacer cómics pornográficos y estoy obligado a hacer un libro grande, una obra maestra. Es un doble riesgo. ¿Y entonces qué hago? No sé cómo hacer una obra maestra. Porque en el imaginario colectivo, esperan que demuestre que soy un gran autor. Pero aquí, ¿cómo escribes un libro para demostrar que eres un buen autor? Si alguien me pide que cuente la historia de mi vida, digo que ya lo hice en La verdad sobre el caso Vivès, y me dicen que era una broma, que tengo que hacer algo sobre mi «gran tema». Si se trata de parejas, hice Luna de miel, pero al parecer es demasiado ligero… Entonces, ¿qué es? ¿Qué forma tiene una obra maestra? En fin, como mi cerebro está funcionando de nuevo, he vuelto a tener ideas, y me digo que quizás sea el momento de implementar una idea que llevo años dándole vueltas… Algo que pasa en una prisión. Pero si escribo mi gran novela gráfica y dos semanas después surge una controversia o hay un juicio, mi libro podría caer en el olvido. En cualquier caso, lo intentaré, pero no es fácil. Por eso también escribí Luna de Miel, una serie que podría estar en las librerías».

SOBRE EL AUTOR

BASTIEN VIVÈS

Estudió Artes Aplicadas en el Instituto de Literatura Francesa de Ginebra, luego tres años en la École supérieure d’arts graphiques Penninghen de París y, por último, en los Gobelins, también en París, donde estudió animación. Se le conoce en la red bajo el nombre de Bastien Chanmax, seudónimo con el que tuvo sus primeros éxitos (sobre todo en el foro Catsuka) con el personaje de Poungi la racaille, cuyas aventuras se publicaron en un álbum en 2006. Su primer álbum, Elle(s)fue publicado en 2007 por Casterman bajo el recién creado sello KSTЯ. El siguiente, Le Goût du Chlore, fue notado por la crítica y recibió el premio Revelación del festival de Angoulême en enero de 2009 y el premio Töpffer 2008. Es uno de los autores de Jour du musée (2009), un cómic a cinco manos. En 2010 y 2011, participó en la serie online Les Autres Gens, con guion de Thomas Cadène y que dibujó siete episodios. En 2011, tuvo otro éxito de crítica y público con Polina, que ganó varios premios, entre ellos el Prix des Libraires BD 2011 y el Grand prix de la critique BD 2012. En 2016, se adaptó en una película, Polina, danser sa vie, del coreógrafo Angelin Preljoca. También en 2011 publicó un cómic erótico, Les Melons de la colère. Trabajó junto a Balak Michaël Sanlaville en el manga francés Lastman, cuyo universo fue adaptado al anime y a un videojuego. En 2017, publicó la novela gráfica Une sœur, que cuenta la historia de amor entre dos adolescentes. Este álbum volvió a ser aclamado por la crítica. En 2018, Vivès recibió el Premio Wolinski – Le Point por Le Chemisier.

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