Todavía estamos en época de soñar aventuras. No hay mejor momento que el verano, incluso si trabajas, para dedicarte una tarde a releer clásicos de la literatura o el cómic sin perder la oportunidad de descubrir nuevas obras que, por méritos propios, deberían ser la referencia en el futuro. En este caso coinciden pasado y presente porque incluso sin ser lector o lectora de cómic posiblemente no haga falta que os presente a Corto Maltés. Creación universal y atemporal del gran Hugo Pratt, no es la primera ni la segunda vez que hemos tenido la oportunidad de leer y recomendaros las nuevas singladuras de tan perenne héroe que ya nació moderno y al que, las nuevas aportaciones, de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero por un lado y de Martin Quenehen y Bastien Vivès por otro nos hacen seguir disfrutando de un nombre asociado indiscutiblemente al mundo de la aventura.

Corto Maltés. El día antes es el tercer álbum en el que la aportación de Quenehen y Vivès trata de modernizar completamente al personaje trayéndole a nuestros días, con todas las consecuencias de lanzar a un idealista de vieja escuela a un mundo tan despiadado como el actual, donde el mayor dilema del héroe es incluso dudar de sus propias convicciones. Océano negro fue una más que agradable sorpresa después de descubrir el potencial creativo de en Catorce de julio (Diábolo Ediciones, 2020). Rejuvenecido en presencia y esencia, Corto viaja en esta aventura desde Japón a la Córdoba española, pasando antes por Perú. Por su parte, La reina de Babilonia recrudece tono y afina las adictivas viñetas de Bastien Vivès en un viaje sin piedad que se inicia en una fiesta en un yate privado en Venecia para llegar luego al corazón sangrante de Irak, la costa croata, los arrabales de Sarajevo y las callejuelas de Estambul.

Corto Maltés. El día antes nos presenta a un Corto enfrentado a una crudeza y a un realismo incluso más marcado que sus eventuras precedentes. En esa Oceanía que tanto amaba Hugo Pratt y donde hizo su primera aparición el personaje en 1967 en La balada del mar salado, Quenehen y Vivès cambian mar por un interminable atasco en alguna carretera a las afueras de Sidney donde certifican incluso la fecha, marzo de 2022, colocando a Corto antes incluso del final oficial de la pandemia del Covid en todo el planeta. Por si no fuera suficiente, su primera parada a un viejo amigo resulta ser un antiguo piloto adicto al crack al que persiguen sus deudas. Aunque poco importa porque los autores ya han despertado nuestra curiosidad, hasta en un inicio tan sórdido. E inmediatamente el cambio de registro convierte tan desesperanzador comienzo en quizás una de las más dinámicas aventuras de Corto, repleto de acción con profunda carga temática detrás.

Casi secuestrado por una abogada ambientalista llamada Teana y Piper, ex-SAS o, lo que es lo mismo, ex-miembro del grupo especial de operaciones del ejército australiano, Corto Maltés acaba recurriendo a su poco equilibrado amigo Marcus para implicarse en una misión casi suicida que los conduce al archipiélago de Tuvalu, situado en el corazón de la Polinesia. Todo por la posibilidad de acudir al rescate de una amiga verdaderamente especial como es Ai-Ling, supuestamente detenida por participar como activista ecologista en una acción de sabotaje. A sabiendas de que Corto nunca ha sido en realidad un caballero andante defensor de banderas de ninguna clase (salvo la libertad de la insignia pirata, quizás) y que los finales de sus historias tampoco fueron precisamente felices (ni para él ni para muchos y muchas de los que le acompañaron en sus viajes), ciertas dificultades añadidas harán de este viaje de todo menos un sueño para sus protagonistas.

Para empezar, el destino de la incursión de rescate es un país real con un verdadero problema provocado por el cambio climático que denuncia esta novela gráfica. Hablamos de Tuvalu, una micro nación formada por apenas nueve islas, con una altura media de dos metros, que apenas supone una lengua de tierra situada entre una laguna interior y un mar abierto. Al estilo de una Polinesia venida a menos perdida y aislada en medio del mayor océano del planeta, Tuvalu está literalmente condenada a desaparecer, sumergida por la subida continua del nivel del mar. Los estudios científicos dicen que parcialmente de aquí a 2050, y totalmente a finales de siglo. Esta situación ha generado que sus habitantes traten de huir, ordenadamente, a través de una lotería para obtener una tarjeta de residencia permanente en Australia. Lejos de la ciencia ficción, éstos serán los primeros migrantes y refugiados climáticos oficiales del mundo. En semejante mundo perdido y mezclando los intereses de China por hacerse con el control de esas aguas cuando las islas sean engullidas por el océano, Martin Quenehen introduce fácilmente el mayor y más implacable elemento hostil de Corto Maltés. El día antes: las tríadas chinas.

Bastien Vivès se nos muestra nuevamente como un autor no sólo prolífico sino como un verdadero virtuoso para quien las escenas de acción son prueba y demostración perfecta de su talento. Adaptado a la piel del personaje principal como un guante, reconoce, no obstante que «en el primer álbum que realicé de Corto mi aproximación era incluso femenina. Pero ha sido en este tercer libro en el que es evidente que Corto ha evolucionado, es más fuerte, más robusto y creo que al fin he logrado acercarme al Corto que todos imaginamos siempre y a nivel gráfico me siento bastante satisfecho de lo que he conseguido en este nuevo cómic». El resultado salta a la vista en la planificación impecable de una trepidante narración gráfica en la que, sin embargo, aún quedan momentos para que sus personajes casi nos miren a los ojos en puntuales respiros para hacernos reflexionar sobre lo que puede estar pasando por la mente de Corto continuamente enfrentado a la fatalidad.

Enfrentado a la pregunta sobre la posible continuidad de las aventuras de Corto bajo su particular prisma moderno, Bastien Vivès responde de forma unánime del mismo modo en varias de las muchas entrevistas promocionales que ha realizado desde que se editase este libro en Francia y ahora en España gracias a la labor de Norma Editorial. «Es curioso -afirma el dibujante- pero cuando nos propusieron hacer Corto a Martin y a mi nos hablaron de un único cómic, lo que llamamos un one-shot. Sin embargo enseguida nos propusieron hacer un díptico y al final hemos llegado a una trilogía. Lo cierto es que, cuando dibujas cómics, a veces te ves obligado a dibujar repetidamente a un personaje que ni siquiera te gusta. Pero seguir dibujando a Corto, es sencillamente genial. Es un personaje que te permite respirar y que resulta muy agradable de dibujar y darle vida. Para mi es un placer dibujar al personaje, de modo que si tengo que continuar dibujándole estaré encantado».

Considerado por Vivès como «el más sólido de los tres libros» en los que ha dado vida en viñetas a las aventuras del viajero etrerno, Corto Maltés. El día antes se edita en una nuevamente compacta edición en cartoné por parte de Norma Editorial, incluyendo un breve y sentido epílogo a cargo del guionista Martin Quenehen y un interesante artículo titulado «Retorno a Oceanía» a cargo del periodista y fotógrafo Antonio Politano, con deslumbrantes ilustraciones de Vivès en relación al libro y sus personajes a todo color. Sin duda la mejor forma de alargar las buenas sensaciones del verano, de viajar y de soñar aventuras en viñetas.
SOBRE LOS AUTORES

MARTIN QUENEHEN
Tras estudiar Historia, impartió clases durante varios años y escribió la novela Jours tranquilles d’un prof de banlieue (Grasset). Como productor de France Culture, dirigió numerosos documentales y presentó varios programas (Sur la route, Une vie une oeuvre, Ping Pong). Sigue escribiendo para la televisión (Sur la trace des faussaires), el podcast (Les Enquêtes du Louvre) y el cómic; junto a Bastien Vivès, ha publicado Catorce de julio, Corto Maltés. Océano negro y ahora regresa con La reina de Babilonia.

BASTIEN VIVÈS
Estudió Artes Aplicadas en el Instituto de Literatura Francesa de Ginebra, luego tres años en la École supérieure d’arts graphiques Penninghen de París y, por último, en los Gobelins, también en París, donde estudió animación. Se le conoce en la red bajo el nombre de Bastien Chanmax, seudónimo con el que tuvo sus primeros éxitos (sobre todo en el foro Catsuka) con el personaje de Poungi la racaille, cuyas aventuras se publicaron en un álbum en 2006. Su primer álbum, Elle(s), fue publicado en 2007 por Casterman bajo el recién creado sello KSTЯ. El siguiente, Le Goût du Chlore, fue notado por la crítica y recibió el premio Revelación del festival de Angoulême en enero de 2009 y el premio Töpffer 2008. Es uno de los autores de Jour du musée (2009), un cómic a cinco manos. En 2010 y 2011, participó en la serie online Les Autres Gens, con guion de Thomas Cadène y que dibujó siete episodios. En 2011, tuvo otro éxito de crítica y público con Polina, que ganó varios premios, entre ellos el Prix des Libraires BD 2011 y el Grand prix de la critique BD 2012. En 2016, se adaptó en una película, Polina, danser sa vie, del coreógrafo Angelin Preljoca. También en 2011 publicó un cómic erótico, Les Melons de la colère. Trabajó junto a Balak y Michaël Sanlaville en el manga francés Lastman, cuyo universo fue adaptado al anime y a un videojuego. En 2017, publicó la novela gráfica Une sœur, que cuenta la historia de amor entre dos adolescentes. Este álbum volvió a ser aclamado por la crítica. En 2018, Vivès recibió el Premio Wolinski – Le Point por Le Chemisier.


