
Planeta Cómic sigue completando la reedición de las obras del gran Osamu Tezuka, publicando un nuevo título de la aparentemente infinita biblioteca de un autor que vuelve a sorprendernos una vez más. En este caso se trata de Bárbara, una historia profundamente trabajada, seria y meditada, en la que Tezuka nos cuenta la historia de Yôsuke Mikura, un joven novelista que comienza a asomarse en las listas de éxitos de ventas. Justo en ese momento, conoce a Bárbara, una joven vagabunda aparentemente sin hogar, quien sin embargo responde a quien la pregunta con citas de poesía francesa. Sin saber muy bien por qué, Mikura decide llevarla a su casa y darle un techo temporalmente; o al menos esa era su idea inicial. Personaje de fondo y espectadora de las extrañas costumbres y vida del escritor, Bárbara irá ganando poco a poco protagonismo en la vida de Mikura, quien acaba reconociendo cómo la presencia de Bárbara en su vida ha desatado su creatividad como nunca antes. Embarcado en la escritura de la que será la obra de su vida, la que haga inmortal su nombre, el escritor profundiza poco a poco en el misterioso origen de la joven, que a la vez llena su vida de caos y contratiempos. Despegándose de lo real a cada capítulo en un relato tan adictivo como todas las historias de Tezuka, Bárbara comienza a girar acelerada hacia elementos donde se mezclan acción, elementos fantásticos y alusiones directas a la personificación de las musas y su contacto con quienes practican cualquier expresión del arte.

Sin duda Bárbara es una obra especialmente interesante en la carrera de Tezuka, donde bajo un guión que nos impide dejar de leer de principio a fin, aprovecha para introducir muchas más reflexiones de lo habitual. Publicada originalmente por entregas entre 1973 y 1974 según su costumbre habitual, en este caso en la revista Big Comic, Bárbara fue una obra de transición en un momento difícil para el autor. En el mismo año en que empezó a publicarse esta obra, concretamente en agosto de 1973, el mítico estudio de animación creado por Tezuka, Mushi Pro Shoji, se declaró en bancarrota. Si a eso unimos la llegada de nuevos estilos de manga desarrollados por autores nuevos y mucho más jóvenes, como igual de jóvenes eran los editores de algunas revistas, el maestro indiscutible del manga en todas sus vertientes y estilos, comenzaba a ser desbancado de su cómoda posición por las nuevas generaciones. Parece ser que, pese a los logros logrados por Tezuka para toda la industria, algunas publicaciones comenzaron incluso a no considerarle digno de las nuevas tendencias. Es curioso, pero Tezuka lo reflejó en Bárbara. Hablando de la obra del novelista ficticio, Yôsuke Mikura, llega a reflexionar tristemente por boca de otro personaje: «En mi época de estudiante era ávido lector de Yôsuke Mikura. Consideraba sus obras muestras de excelso arte. Lo curioso es que releyendo ahora sus escritos, se me antojan anticuados, trasnochados. Por eso soy bastante escéptico en lo referente al arte».
Por supuesto Tezuka siguió adelante camino de nuevas genialidades, pero Bárbara es una obra repleta de reflexiones acerca de lo qué es realmente arte en nuestros días: si verdaderamente es fruto de la genialidad o lo único que puede triunfar es aquello que se puede vender. Acentuando el momento agridulce en que fue publicada Bárbara, el propio autor tuvo que defender su obra ante el aparente desconcierto que su publicación por entregas causó en su público habitual: «Al parecer -recuerda el autor en el epílogo de esta edición-, al estar la temática de la obra tan decantada hacia lo subjetivo y estar ambientada de forma tan peculiar, hubo numerosas partes de ella que no se entendieron. Así, en la segunda mitad decidí hacer aflorar de forma mucho más evidente las cuestiones paranormales (en aquella época estaba muy en boga lo paranormal y se hablaba con frecuencia de poderes sobrenaturales y médiums) para dar un impulso a la obra y, de alguna manera, poder llevarla a su conclusión».

Lo que es evidente es que esta obra es toda una sorpresa digna de ser leída repetidas veces, a la búsqueda de varios sentidos. El personaje de Bárbara ejerce sobre el lector la misma influencia hipnótica que sobre el escritor dentro de la historia, llegando a un punto en que su fuerte carácter e inquebrantable libertad e independencia nos hacen seguirla ante cualquier giro de guión inesperado: ya se la defina como musa y una de las nueve hijas de la diosa de la belleza griega Mnemósine o como bruja practicante de un culto inventado en otro capítulo diferente. Su influencia y la necesidad de seguir a su lado página tras página evidencia el realismo y grandeza logrado para un personaje al que veremos muchas veces repitiendo su papel inicial de vagabunda abandonada en una estación de tren. En palabras de Tezuka: «esta historia versa sobre un hombre cautivo entre la decadencia del arte y la locura. Se podría interpretar que aparecen brujas y hechiceros como personificaciones de la demencia. No sabemos hasta qué punto la obra es fruto de la paranoia e imaginación del protagonista. Por consiguiente, en ocasiones deformé y alteré adrede el estilo de dibujo. Bárbara es una mujer etérea, indescriptible, que a veces parece haber muerto pero repentinamente vuelve a aparecer, y que es capaz de transformarse si se le antoja. Si alguien quiere afirmar que esa podría ser la propia esencia del arte, podemos dejarlo aquí».

Releyendo los discursos internos del protagonista acerca de sus propias obras, sobre todo cuando éstas alcanzan ventas millonarias, se entiende perfectamente la defensa de Tezuka de su libro: «Publiqué Bárbara con la idea de cambiar de aires entre la publicación de Ayako y Shumari. No se trata de una macroproducción como tal, pero en ningún caso la considero una obra menor en la que me esmerara menos». Tras su lectura, nuestra recomendación no puede ser más contundente: déjate llevar a la invitación de Bárbara desde la nueva portada a esta edición. Es impresionante como, una vez más, el legado artístico, escrito y dibujado por Osamu Tezuka, mantiene vigente su discurso con una obra que fue publicada hace ahora 50 años por primera vez.
Añadir, como curiosidad final, que existe una curiosa adaptación cinematográfica de Bárbara de 2019, titulada Tezuka’s Barbara, dirigida nada menos que por Makoto Tezuka, hijo del maestro Osamu Tezuka y de la que podéis ver el tráiler pinchando aquí.
SOBRE EL AUTOR

OSAMU TEZUKA
Osamu Tezuka nació como el hijo mayor de tres hermanos, el 3 de noviembre de 1928 en la ciudad de Toyonaka, Osaka. Siendo un niño extremadamente ingenioso e imaginativo, creció en una familia liberal expuesta al manga y la animación. Habiendo desarrollado una intensa comprensión del valor de la vida a partir de su experiencia en tiempos de guerra, Osamu Tezuka aspiraba a convertirse en médico y luego obtuvo su licencia, pero finalmente eligió la profesión que más amaba: artista de manga y escritor de películas animadas.
El manga y las películas animadas de Osamu Tezuka tuvieron un tremendo impacto en la configuración de la psicología de la juventud japonesa de posguerra. Su trabajo cambió el concepto de los dibujos animados japoneses, transformándolos en una forma de arte irresistible e incorporando una variedad de nuevos estilos en la creación. Su impacto en el cine de animación fue igual al que tuvo en el mundo del manga. Los adorables personajes que aparecen en obras como la primera serie de televisión animada de Japón, Astro Boy, la serie de televisión animada en color Jungle Emperor Leo y el especial animado de dos horas Bander Book, capturaron los corazones de los japoneses a través de la televisión, impulsando las películas animadas a una enorme popularidad en la sociedad japonesa en general.
El trabajo de Osamu Tezuka se exportó a Estados Unidos, Europa y otros países asiáticos, convirtiéndose en el sueño de niños de todo el mundo. También participó en el mundo de la animación para adultos, explorando todas las posibilidades del campo de la animación. Además de su historial de logros en televisión y animación comercial, también recibió elogios internacionales por su trabajo en animación experimental en sus últimos años. El tema que vertebra toda su obra es en realidad el valor de la vida. Osamu Tezuka, creador de un gran bien cultural y dotado de un inmejorable espíritu pionero, combinado con una pasión duradera por su trabajo y una visión consecuente de futuro, falleció a la edad de 60 años, el 9 de febrero de 1989.














