Entrevista a Fernando López Guisado, autor del libro «Siempre nos quedará Lovecraft». Diábolo Ediciones.

Siempre nos quedará Lovecraft es mucho más que un simple libro sobre el escritor que cambió para siempre la forma en que concebimos el terror. H. P. Lovecraft nació a finales del siglo XIX, creó su universo de dioses insondables, horrores cósmicos y saberes prohibidos en el concluso siglo XX y ya inmersos en un impredecible siglo XXI, su influencia late con más fuerza que nunca en toda representación posible de la cultura popular: libros que continúan sus viajes a mundos insondables, bestiarios, cómics, cine, series de televisión, juegos de rol, miles de ilustraciones e incluso discos conceptuales. Todos llegando cada mes, cada año, alimentando de modo incansable un legado que le mantiene vivo y al que Fernando López Guisado ha tenido la valentía de enfrentarse tratando de abarcar y mostrarnos, de un modo ordenado, su vida, obra e influencia a lo largo de los dos últimos siglos.

No es de extrañar pues que, al subtítulo de La influencia del horror cósmico en la cultura popular le acompañe la aclaración de que nos encontramos ante el Volumen I, dada la inmensa cantidad de registros a los que cualquier escritor y estudioso de la obra de Lovecraft se enfrenta apenas empieza a indagar en todo aquello creado a la sombra del escritor. Además de tener la suerte de poder dejarte en apenas unas líneas con las explicaciones en las propias palabras del autor de Siempre nos quedará Lovecraft, lo que puedes tener claro si decides acercarte a un libro de tan vistosa portada y profuso contenido gráfico interior es que, pese a la erudición real de Fernando López Guisado sobre la figura del genio de Providence, nunca has leído ningún ensayo sobre su obra como éste. Porque el autor no sólo demuestra, analítico, sosegado y ameno lo que Lovecraft le regaló a la literatura fantástica del siglo XX. Y es que, en un personal ejercicio donde su prosa te atrapa como lo siguen haciendo las palabras de Lovecraft, Fernando López Guisado aporta su propia inmersión en esos mundos, de modo que el viaje se hace tan personal y comprensible, que descubrir todo lo que aún no sabías se convierte en una experiencia verdaderamente única. Es como si el autor nos invitase a sus recuerdos más íntimos para hacernos entender la importancia del legado de Lovecraft.

El legendario escritor Ramsey Campbell, autor del prólogo de Siempre nos quedará Lovecraft, con una copia del libro.

Siempre nos quedará Lovecraft cuenta con una puesta en escena inicial antológica: un prólogo escrito por Ramsey Campbell, posiblemente el escritor de terror vivo más importante de Reino Unido. Como explica Fernando López Guisado sobre él, «ejemplifica uno de los exponentes más sólidos y complejos de la recepción transformadora de lo lovecraftiano en la segunda mitad del siglo XX. En más de seis décadas de trabajo ha levantado una obra densa y coherente que, aunque nace bajo el influjo directo del corpus de H. P. Lovecraft, pronto se emancipa». Este «reconfigurador crítico del horror cósmico» es sin duda la persona más indicada para adentrarnos en las páginas siguientes. Ocho apasionantes capítulos que desgranan sucesiva y progresivamente el origen y explicación del mito de Lovecraft, su vida y relaciones personales y su particular concepción del horror. Todo ello sin olvidar el famoso «círculo» de amistades que le acompañaron a través de intensas relaciones, sobre todo epistolares, con autores de la talla de Robert Bloch, August Derleth o Robert E. Howard, el creador de Conan el Bárbaro.

Creciendo a cada página en la cantidad de datos interesantes expuestos, los tres últimos capítulos del libro son incluso más reveladores ya que recopilan, en primer lugar, la influencia en la literatura y el pensamiento de muchos otros autores y autoras a los que el genio de Lovecraft inspiró para crear sus propias historias. Igual de crucial es el capítulo en el que Fernando López Guisado hace un exhaustivo repaso a todos esos juegos de rol que, con total honestidad, fueron la semilla que nos hizo a muchos descubrir y lanzarnos de cabeza a los mundos de Lovecraft gracias a La llamada de Cthulhu, cediendo así a todos sus imprescindibles relatos.

El último capítulo, «Lovecraft en la música», nos toca a los lectores de LH incluso más cerca, porque posiblemente nunca imaginaste, ni aún siendo fan de todas las bandas a las que Fernando López Guisado hace referencia, su relación directa o indirecta con el célebre escritor. Desde la banda psicodélica de 1969 directamente bautizada H. P. Lovecraft, que comenzó a hacer temas con sus relatos, a Klaus Schulze, pasando por bandas de metal como Metallica, Black Sabbath, King Diamond, Morbid Angel, Electric Wizard, Septic Flesh, Celtic Frost y muchas otras de dark ambient, drone, noise ritual, dark jazz, neofolk. Resulta increíble darse cuenta que prácticamente no hay género que haya evitado explorar algún detalle de Lovecraft en algún momento. Para que te hagas una idea, descubrimos aquí que, rozando los límites entre el homenaje y lo grotesco, existe Shoggoth on the Roof, «adaptación cómica del clásico musical El violinista en el tejado llevada a cabo por la H. P. Lovecraft Historical Society. Nacida como grabación no oficial y luego representada en pequeños teatros con vocación de culto, convierte Arkham en escenario coral y cantado, con shoggoths en las azoteas y Profundos soñadores». Si a eso le añades que hay incluso un álbum navideño lovecraftiano: A Very Scary Solstice de 2003, también de la H. P. Lovecraft Historical Society, entenderás la utilidad de este libro y cómo con seguridad no lo sabías todo de Lovecraft como imaginabas.

Y por si todo lo que anticipamos aquí, a modo de prólogo de una lectura entretenida, reveladora e imprescindible para entender la figura de H. P. Lovecraft no te parece suficiente excusa para buscar Siempre nos quedará Lovecraft en tu librería de referencia, hemos tenido el honor y suerte de poder preguntar a su autor sobre este enorme trabajo donde a su conocimiento se une un escritor que, con un exquisito estilo propio es capaz de convertir las palabras en imágenes que nos envuelven y son capaces de contarnos maravillas como solo los mejores narradores pueden hacerlo.

ENTREVISTA A FERNANDO LÓPEZ GUISADO

¿Cómo pasaste de la poesía sentida con cada palabra a profesar tal devoción por el escritor creador del horror cósmico?

Poemario, Rocío para Drácula, que recibió el Premio de la Asociación de Editores de Poesía.

No lo viví como un salto, sino como una continuidad con máscara. La poesía, cuando es de verdad, no sirve para decorar el mundo. Sirve para abrirlo en canal y mirar qué late dentro, aunque huela a óxido. Y Lovecraft, en el fondo, hace exactamente eso, solo que en lugar de abrirte el pecho te abre el cielo. Y te dice que no hay nada, que la poética es el vacío, el bostezo de una realidad que no está pensada para la emoción.

Yo venía de la palabra como quien viene de una casa a oscuras, tanteando. Y de repente aparece un tipo de Providence que te dice, con una calma casi ofensiva, que lo que creías realidad quizá sea solo una piel fina, una membrana. Su “horror cósmico” no es capricho. Es una poesía de la insignificancia. Un verso largo escrito con estrellas frías.

Por eso mi devoción no es de fan, ni de coleccionista de monstruos. Es la devoción de alguien que ha encontrado un idioma para nombrar el vértigo. El terror de Lovecraft, bien leído, tiene más que ver con la metafísica que con el susto. Y eso, a un poeta, le toca donde duele.

Tu pasión por Lovecraft no es única en nuestros días… tu libro, ¿le ves explicación o excusa a esta fiebre incesante por Lovecraft?

Sí, y además es una explicación con varias capas, como un agenda vieja. La primera es muy simple. Lovecraft inventó una forma de miedo que encaja a medida en el siglo XXI. Vivimos rodeados de información y, aun así, sentimos que no entendemos nada. Todo es enorme, rápido, incomprensible. Esa sensación es lovecraftiana aunque no haya una sola mención a Howard en los partidos de tu equipo de fútbol y en el metro que coges cada mañana, lleno de gente donde a nadie le importa nadie salvo que quede bien en las redes sociales, donde además, te pueden cancelar sólo por no pensar como el resto. 

La segunda capa es cultural. Lovecraft dejó un “kit” de mitología reutilizable. Nombres, libros imposibles, cultos, ciudades, dioses dormidos. Es un ecosistema narrativo que se presta a la remezcla, al homenaje, al pastiche, a la expansión. A diferencia de otros autores, su universo parece pedir a gritos que lo continúen otros, que lo dibujen, que lo conviertan en canción, en campaña de rol, en cómic, en juego de mesa. Es un mito moderno con instrucciones para montarlo en casa.

La tercera capa, más prosaica, también cuenta. En torno a Lovecraft hay un mercado potente y una comunidad aficionada fetichista muy activa. Y donde hay comunidad, hay hambre de objetos, de ediciones, de rarezas, de “lo quiero todo”. Eso explica bestiarios, libros de ilustraciones, reediciones, cartas, adaptaciones. Pero ojo, que aquí la fiebre no es solo consumo. También es necesidad. Hay gente que no compra a Lovecraft. Lo usa para orientarse en el caos.

Y sí, vivimos la paradoja preciosa de que el horror cósmico puede acabar estampado en una taza. A Lovecraft le daría un vahído. O quizá se reiría, quién sabe. El caso es que esa presencia pop no lo mata. Lo infiltra.

El recorrido que haces de la figura de Lovecraft en tu libro nos lleva a infinidad de otros escritos sobre su vida y obra, ¿qué diferencia Siempre nos quedará Lovecraft de todo lo ya existente?

La diferencia es la intención y el pulso. No quería escribir “otro libro sobre Lovecraft. Quería escribir un libro sobre lo que Lovecraft hace en nosotros y en la cultura. Sobre cómo se convierte en una semilla que brota donde menos te lo esperas. Y también una semblanza desde un punto de vista emocional que, en el fondo, he descubierto que muchos compartimos. Es un punto de partida desde el corazón para empezar a buscarle, no pretende sino dar la herramienta de salida que se encuentra, paradójicamente, en nuestro anhelo de refugio y de nostalgia, en nuestro ansia por un mundo mejor, en describir el horror para no caer en él. 

Hay ensayos magníficos y muy académicos que diseccionan su obra con bisturí. Y hacen falta. Pero mi propuesta es distinta. Yo lo cuento como quien sigue una pista en un bosque. Voy del relato a la canción, del cómic al juego, del mito al meme, del altar al mercadillo. No para rebajar a Lovecraft, sino para demostrar su potencia: si un autor puede sobrevivir a la caricatura, al merchandising y a la parodia, y aun así seguir dando miedo cuando lo lees en serio, es que hay algo muy sólido ahí abajo.

Además, yo no me escondo. No escribo desde un narrador que pretende ser científico. Es un libro donde mi voz está presente, donde mi relación con el autor importa, donde el lector puede sentir que esto no es un catálogo frío, sino un viaje con guía humano, con obsesiones, con humor, con cicatrices.

No es la primera vez que Lovecraft y tú compartís protagonismo en un libro, ¿correcto? ¿Cómo te involucraste en las traducciones de Todo Lovecraft ilustrado y El gran libro de los monstruos de Pete Von Sholly aparte de el libro infantil Con C de Cthulhu, todos ellos editados igual que este por Diábolo Ediciones?

Correcto. Con Todo Lovecraft ilustrado llegué por una mezcla de oficio y destino, que es como llegan casi todas las cosas buenas. Yo llevaba tiempo colaborando con la editorial, y cuando apareció la oportunidad de traducir un libro así, tan visual y tan exigente en nombres, tonos y matices, me metí de cabeza.

Traducir Lovecraft, incluso cuando es “Lovecraft por vía ilustrada”, no es solo traducir palabras. Es traducir atmósferas, referencias, ecos, guiños. Es no romper el cristal. Es conseguir que el texto en castellano siga oliendo a noche húmeda, a biblioteca vieja, a puerto con algo moviéndose bajo el agua. Y, a la vez, respetar el trabajo del artista y el ritmo del libro.

Luego vinieron piezas como «La ceremonia» en Nochebuena en un barco embrujado y otros relatos espectrales navideños. Ahí mi involucración fue total. No lo viví como un encargo más. Lo viví como una responsabilidad: si vas a tocar un mito, toca con manos limpias, y déjate la piel en que palpite toda su esencia.

Asombra tu conocimiento de Lovecraft… su propia vida, que conviertes casi en narración… ¿Son ambas realidades del autor igual de interesantes e intensas para ti?

Sí, porque se iluminan entre ellas como dos espejos enfrentados. Lo que nos lleva, paradójicamente, a la locura. La obra es fascinante por lo que inventa. La vida es fascinante por lo que explica y por lo que complica. Lovecraft no es un santo, no es un monstruo de una sola pieza, no es un meme con corbata. Es un ser humano lleno de claroscuros, y algunos son muy incómodos. Precisamente por eso me interesa. Porque no puedes leerlo con piloto automático.

A mí me atrae esa contradicción constante: un hombre capaz de construir una imaginación gigantesca y, al mismo tiempo, tan limitado y herido en otros aspectos. Alguien que mira al universo y lo ve infinito, y sin embargo a veces se encierra en una calle estrecha de sí mismo. Esa tensión es narrativa, sí, pero sobre todo es humana.

Y cuando cuentas su vida con respeto, sin convertirla en folclore barato, aparece algo muy potente: la idea de que un hombre aparentemente “pequeño” puede generar una sombra cultural enorme. Eso, literariamente, es dinamita.

Pese a tu pasión… ¿no te sentiste sobrepasado por el exceso de información y presencia de su nombre en tantos lugares?

Claro que sí. Ha habido momentos en los que Lovecraft parecía una humedad que se me metía en la casa. Abría una puerta y estaba ahí. Cerraba un libro y aparecía en un disco. Me ponía a investigar un juego y acababa en una lista interminable de referencias.

Pero te diré algo. Ese “exceso” también es parte del fenómeno que intento contar. Lovecraft es un autor que ha dejado de ser solo un autor. Es un sistema de referencias, un lenguaje compartido, una especie de “mitología de uso”. Y cuando estás escribiendo sobre su influencia, no puedes fingir que el mundo está limpio. Tienes que entrar en el barro.

La clave fue ordenar. Poner límites. Decidir qué sirve al libro y qué es solo ruido. Si lo metes todo, haces un catálogo. Si eliges bien, haces un mapa. Yo quería un mapa, no una enciclopedia infinita. Precisamente, a Lovecraft le encantaban los mapas. 

Poe o Lovecraft no tuvieron en vida la popularidad posterior… ¿Qué evitó en el caso de Lovecraft que su dominio de la prosa le llevase a la popularidad y a una comodidad económica?

Varias cosas, y ninguna es romántica. Lovecraft escribió en un ecosistema que pagaba mal. Publicó en revistas pulp, donde el prestigio era relativo y el dinero, escaso. Además, su tipo de terror no era “fácil” para el gran público del momento. No daba la recompensa habitual. No daba moraleja. No daba consuelo. Te dejaba el suelo en una arena movediza muy incómoda.

También estaba su carácter, su forma de vivir, su relación con el mundo. No era un hombre diseñado para el mercado ni para la autopromoción. Era un escritor que funcionaba por obsesión, por correspondencia, por fidelidad a una visión. Eso es admirable. Y también es un peaje. Y, siendo sincero, un muro muy complejo de esquivar y, gracias al cielo, sobrevivió a ello.

Y luego está lo básico: murió joven. No tuvo tiempo de ver crecer su mito ni de beneficiarse de él. Lo que hoy llamamos “Lovecraft” es, en parte, una construcción póstuma, alimentada por editores, lectores, admiradores, críticos y continuadores. La fama le llegó cuando ya no podía abrir la puerta y resulta curioso preguntarse cómo la debe estar viviendo desde el más allá.

¿Crees que, de haber vivido en este tiempo, Lovecraft se habría convertido en el fenómeno que sigue siendo?

Creo que sería fenómeno, sí, pero también sería un campo de batalla. En el mundo actual, Lovecraft tendría una ventaja brutal: su imaginario es perfecto para la cultura audiovisual y para Internet. Sería carne de adaptación, de fandom, de comunidad. Su manera de sugerir “algo enorme detrás” encaja muy bien con series, videojuegos, universos compartidos.

Pero al mismo tiempo, hoy se le miraría con lupa, y con razón. Sus sombras personales, sus prejuicios, sus zonas más tóxicas no pasarían desapercibidas. Y esa discusión sería parte del fenómeno. Lovecraft, vivo hoy, sería trending topic por lo sublime y por lo impugnable.

Quizá ese choque produciría algo interesante: un Lovecraft obligado a confrontarse con su tiempo, o un Lovecraft desbordado por él. En cualquier caso, no sería un autor invisible. Demasiado potente. Demasiado problemático. Demasiado magnético.

En tiempos donde la apariencia a veces es símbolo de ignorancia… ¿por qué relato, novela o compilación recomendarías empezar a alguien que sí quiere conocer de verdad al autor?

Yo empezaría por El color que cayó del cielo. Porque ahí está Lovecraft en estado casi puro. No necesitas un máster en mitología ni una guía de nombres raros. Es una historia directa, devastadora, y al mismo tiempo extraña de una forma que se te queda dentro como un brillo enfermo. Es terror sin máscara, pero no de susto barato, sino de contaminación de lo real.

Si ese relato te funciona, ya has abierto la puerta correcta. Luego ya puedes irte a La sombra sobre Innsmouth para sentir el peso del mito, o a En las montañas de la locura para la gran expedición al abismo. Pero el “primer mordisco”, para mí, es ese color imposible.

Y personalmente, ¿cuál es tu relato favorito de Lovecraft?

Tengo una relación cambiante con esto, porque Lovecraft es como un clima. Te afecta según la época en la que estés. Pero si tengo que elegir uno, hoy diría Los gatos de ulthar.

Porque es Lovecraft sin el horror cósmico y con toda su emotividad poética. Es puro ambiente. Puro misterio. Una historia que parece pequeña y, sin embargo, abre una ventana a algo que no debería existir. Además, tiene esa cualidad que me obsesiona: lo inexplicable no como “truco”, sino como herida infantil. Como si el mundo tuviera una grieta y alguien estuviera tapándola con una extraña justicia para que no entre el frío.

La pregunta de cómo has logrado condensar en un solo libro tantas expresiones… se responde con la evidencia de que habrá un volumen 2. ¿Nos puedes adelantar qué nos espera en ese segundo libro?

El segundo volumen viene con más carne audiovisual y más cultura de impacto inmediato. Si en este primer libro el objetivo era demostrar la magnitud del fenómeno y sus raíces, en el segundo quiero entrar con más profundidad en territorios donde Lovecraft se ha vuelto casi ubicuo.

Habrá más cine y series, más cómic y narrativa gráfica, más videojuego, más Internet como laboratorio de mitos, más cómo se transforma lo lovecraftiano cuando pasa por filtros modernos. También quiero dedicar espacio a cómo el “horror cósmico” se ha ido convirtiendo en materia moderna, nombres de bares, cócteles, festivales, e incluso puestos de comida rápida o marcas de cerveza. También me adentro en ciertos temas polémicos como su relación con la mujer y lo femenino, e incluso alguna sorpresa personal como cierto análisis grafológico de su letra. 

Dicho de otro modo. En el volumen 1 enseño la huella. En el volumen 2 quiero llevar al lector hasta el lugar donde la huella se convierte en pisada fresca, húmeda, reciente. Como si algo acabara de pasar por aquí. Y todavía no supiéramos si ha venido a visitarnos… o a quedarse.

SOBRE EL AUTOR

FERNANDO LÓPEZ GUISADO

Fernando Joaquín López Guisado (Madrid, 1977) es escritor, crítico y traductor. Publicó su primer libro con apenas dieciocho años. Desde entonces, ha ido creando una obra original y sólida sobre la desubicación existencial y las relaciones humanas en una realidad contemporánea agreste pero llena de misterio que roza lo paranormal. En 2015, su extenso e intenso poemario, Rocío para Drácula, recibió el Premio de la Asociación de Editores de Poesía. Su vertiente narrativa suele desarrollarse mediante relatos de terror y humor negro, la mayoría contenidos en el volumen Montaña rusa. Gran conocedor de la obra y la figura de Lovecraft, ha impartido conferencias y publicado artículos sobre el horror cósmico del caminante de Providence. También ha sido traductor del juego de rol La llamada de Cthulhu, el libro infantil Con C de Cthulhu, el alfabeto lovecraftiano, los libros de ilustraciones Todo Lovecraft ilustrado y El gran libro de los monstruos de Pete Von Sholly, y las antologías de relatos El triunfo de la muerte y Nochebuena en un barco embrujado. Intenso activista cultural, también ha impartido cursos y talleres de escritura y creación literaria. Trabaja como técnico de imagen para el diagnóstico en la sanidad pública. En la oscuridad, brilla por la radiación acumulada.

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