

Ni Peggy con la rana Gustavo mezcló tanto. Como dos árboles que nacen al lado, entremezclan sus raíces de pequeñajos, y al crecer sus ramas en el cielo. Ni la vida misma ha podido separarlos.
La pareja más curiosa de nuestro atletismo nos cuenta su historia de amor en pasado, presente y futuro. Resistiendo con el viento en contra y a favor (no para todas las disciplinas del atletismo es tan favorable). Respondiendo a cuál será la fruta que más lejos se pueda lanzar. Lanzando esperanza a un mundo sin sabor.
Si esto se rompe, ¿quién seguirá creyendo en el amor?







