Escribiendo estas líneas, si te fijas en la fecha ya sea hoy o si logras leer esto en un futuro del todo incierto, el mundo a nuestro alrededor se retuerce entre inevitables desastres naturales cada vez más cercanos y evitables acontecimientos geopolíticos conducidos por lunáticos igualmente cada vez más próximos. Lo más triste de todo, cuando has vivido ya algún que otro acontecimiento de verdad histórico o simplemente te gusta conocer la Historia, es darse cuenta de que ya habíamos pasado antes por aquí; que, por mucho que lo sepamos, que seamos conscientes nosotros y quienes nos dirigen, una y otra vez cometemos los mismos errores… Con algo más de elegancia, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche insistía en que «la Historia no es progreso, sino eterno retorno: un cambio perpetuo que, con el tiempo, acaba reproduciendo los mismos resultados. Como lanzar una moneda al aire repetidamente: las combinaciones parecen diferentes cada vez, pero con la sucesión de intentos, tienden a repetirse tarde o temprano. La historia, pues, es una sucesión de imágenes que, a veces, se repiten». Max Fridman. Los primos Meyer, la nueva gran obra del artesano de las viñetas Vittorio Giardino nos recuerda eso mismo de un modo completamente visual. Para que te sitúes: estamos en Viena en abril de 1938. Semanas antes, el 12 de marzo de 1938, el ejército alemán, previamente a la declaración abierta de la Segunda Guerra Mundial, invadió Austria sin resistencia, sin que nadie le detuviese. Tres días después, el 15 de marzo, el propio Hitler pronunció un discurso en Viena y declaró oficialmente que Austria formaba parte del Imperio alemán: lo que históricamente se conoce como el Anschluss, que convirtió a la nación austríaca en mera provincia del Tercer Reich alemán.

Es en ese inicio de locura que se extendería como la pólvora por toda Europa poco después que conocemos a los Meyer, una familia ilustrada de la burguesía de origen judío vienesa que asiste incrédula a la transformación de una sociedad, una ciudad y un país que creían conocer y que pronto se convierte en la peor de las pesadillas. «La familia Meyer es un conjunto de personajes que creé hace muchos años», explicaba recientemente Vittorio Giardino en uno de los muchos eventos en los que sigue presentando este libro. «No es que me olvidase de ellos -continúa el autor-. Mientras tanto, he escrito otros libros, pero la creciente sensación de que se está perdiendo una importante memoria histórica y de que algunos, afortunadamente una minoría, están empezando a cometer los mismos errores que hace ochenta años, me ha llevado a centrarme de nuevo en esta familia». Dividido en dos apasionantes partes que te atrapan desde la primera página, por mucho que hayamos leído o visto en mil formas diferentes historias parecidas de familias judías obligadas a dejarlo todo atrás ante la ciega violencia nazi, Max Fridman. Los primos Meyer nos cuenta a través de las vidas de los Meyer la rápida transformación de Austria en aquellos meses. El padre, Franz, culto y optimista, está convencido de que su país no se rendirá en silencio. Pero sus hijos no están tan seguros. Su hija Myriam pronto es despedida de su trabajo, a su hermano Edmund le prohíben estudiar Derecho en la universidad y al propio Franz se le prohíbe ejercer su profesión poco después. Las leyes se endurecieron, la estrategia del terror se intensificó y la vida para los judíos se volvió cada vez más difícil.

Por razones obvias muchos decidieron marcharse, pese a mil y una trabas por parte del propio nuevo gobierno austríaco. Pero para quienes se quedaron, la situación empeoró progresivamente. el propio Giardino lo resume: «una familia que había vivido en Viena durante siglos se convirtió de repente en extraños en su propia patria». Incluso contando con la simpatía de Von Trudhof, uno de los pocos funcionarios del régimen que tratan de mantener cordura en algo que se escapa a todo control cuando es la Gestapo la que urde redes de acoso, detenciones y torturas, llega un momento en que, como testigos de todo lo que vive la familia Meyer, comprendemos, como ellos, que sólo cabe una salida desesperada a una situación insostenible. «Las condiciones actuales son diferentes, obviamente -observa el autor sobre las coincidencias con situaciones presentes- pero se perciben algunos ecos». Giardino reflexiona con inquietud sobre algunas señales: «la idea de que donde hay un idioma, debe existir ese Estado, o incluso esa dictadura, es una lógica que, bajo diferentes formas, a veces veo resurgir. Conocer la historia es importante para comprender el presente y construir el futuro. Una población que pierde la memoria se encamina hacia un futuro lleno de problemas, porque no construye con inteligencia».

Tan apasionante y apasionado resulta el relato que Giardino nos presenta en Max Fridman. Los primos Meyer, que incluso por un momento olvidas que título y obra se suponían una nueva aventura de Max Friedman, uno de los personajes más emblemáticos y queridos en la carrera de este autor italiano. De hecho en la impecable edición en cartoné de Norma Editorial, el personaje no aparece hasta que se inicia la segunda parte, 93 páginas después de comenzar este relato. Casualidades del destino de la ficticia familia Meyer, resulta que Max Friedman, como anuncia la obra, es efectivamente primo segundo de los Meyer y, llegados a un momento en que las amenazas se tornan brutalidad sin freno, aparece como la única posibilidad de escapar de un país herido de muerte por el nazismo. Es ahí donde Giardiano hace incluso más intenso este libro, retomando lo mejor de aventuras previas de Fridman que, como saben quienes han leído previamente al personaje, es todo un espía de corte clásico, repleto de recursos y preparado para enfrentarse a los mismísimos perros rabiosos de la Gestapo.

La gran lección de Giardino con esta nueva aventura de Max Fridman, la primera desde 2008, es cómo una buena historia coherente de espías al más puro estilo de los clásicos, es capaz de meterte de lleno no sólo en un audaz relato de suspense, sino que reafirma el lado más puramente didáctico de las viñetas sin apenas darnos cuenta: «Los cómics no cambian la historia -recuerda el autor-, pero son un lenguaje al que los jóvenes están acostumbrados y pueden transmitir ciertos hechos de forma más accesible que un ensayo histórico lleno de notas a pie de página y referencias. Por supuesto, depende de cómo se use: es un medio poderoso, y es responsabilidad del autor usarlo con responsabilidad».

En conjunto, Max Fridman. Los primos Meyer, es una pequeña obra maestra donde se mezclan espionaje, diplomacia, suspense, acción e incluso momentos para el romance en un escenario meticulosamente medido, meditado y planificado por un autor que nunca ha dejado nada al azar, especialmente recuperando momentos históricos reales. Cada nueva obra de Giardiano es fruto de su reconocida forma de trabajo: «investigación histórica, estudio de escenarios, personajes, vestimentas, rostros, lugares. Dibujo estudios y, al mismo tiempo, escribo diálogos y escenas. Un libro puede tardar meses, incluso un año, sin que salga nada ‘publicable’. Una vez definida la estructura, comienza el verdadero trabajo: tinta, pluma, acuarelas y papel. Cada página requiere más de veinticuatro horas de trabajo, y la producción de un volumen puede prolongarse durante cuatro o cinco años. Me apasiona el aspecto artesanal: es un medio humilde, accesible y gratuito. Cualquiera, en cualquier lugar, puede crear un cómic sin pedir dinero ni permiso. Pero sobre todo, se necesita tiempo y mucha paciencia».
Esta edición en castellano de Max Fridman. Los primos Meyer que podemos disfrutar gracias a la continuidad de Norma Editorial con este personaje y su autor, la completa un dossier repleto de apuntes históricos recopilados por el autor titulado «La conferencia de Evian» y otro que es un verdadero regalo para todo amante del dibujo en estado puro del artista, donde nos esperan 22 páginas finales repletas de estudios y bocetos preparatorios para personajes, páginas y escenarios de esta obra de puro entretenimiento, que a la vez llama a la concienciación y al recuerdo de esa Historia reciente de la que, mirando alrededor, parece que deberíamos seguir aprendiendo.

SOBRE EL AUTOR
VITTORIO GIARDINO
Nacido en Bolonia el 24 de diciembre de 1946, tras licenciarse como ingeniero electrónico y trabajar nueve años en esta profesión, la abandona para consagrarse al cómic. En 1978 aparecen sus primeras historietas, recogidas bajo el título genérico de Storie da dimenticare en el semanario La città futura. En 1979 pasa a la revista Il mago, donde crea su primer personaje de importancia, el investigador privado Sam Pezzo, que más tarde se trasladará a las páginas de Orient Express. Para dicha publicación, Giardino crea en 1982 otro personaje detectivesco: el ex-agente del servicio secreto francés Max Fridman. Su primera aventura, Rapsodia húngara, supondrá para su autor la consagración internacional, y quedará superada en las siguientes entregas: La puerta de Oriente y ¡No pasarán!, esta última ambientada en la guerra civil española. En 1983 cambia de registro con Little Ego, revisión del Little Nemo de Winsor McCay. Giardino ha recibido numerosos premios por su carrera, incluyendo el Yellow Kid del Salón de Lucca en 1982, el Alfred del Salón de AngoulÊme, y el Premio Harvey concedido en la San Diego Comic Con.



