«Basado en la novela de culto de Trevanian». Nos queda bien claro desde la propia portada de esta sorprendente obra que aterrizó no hace mucho en los estantes de las mejores librerías y tiendas de cómics y que no deberías dejar pasar antes de que la vorágine de novedades que no cesan se traguen esa grandiosa novela gráfica. Pero, volviendo a Trevanian, el autor que dio vida a la obra original de la que este libro es adaptación, como el editor y escritor Philippe Beyvin recalcaba en la edición francesa: Shibumi es «sin duda el libro más redondo de Trevanian. También el más personal, pues demuestra la influencia de Japón en el autor y su profundo apego por el País Vasco, donde se refugia su protagonista, Nikolái Hel, joven criado en Japón por un jugador profesional de go y convertido en asesino a sueldo. Pero también porque la palabra shibumi, que puede traducirse por algo así como ‘pureza absoluta del alma’, es sin duda lo que buscó el autor a lo largo de su vida. Sin olvidarse de vivir ni de escribir».
Lo más interesante es cuando, antes y después de dejarte atrapar, leer y aprender con Shibumi, descubres que Trevanian «es una leyenda y un misterio. Un autor sobre el que han circulado los rumores más increíbles, que ha avivado la curiosidad más loca del mundo literario. Un escritor sin rostro cuyos libros han vendido más de cinco millones de ejemplares y han sido traducidos a casi quince idiomas sin necesidad de promoción: a Trevanian se le conoce por no haber dado nunca una entrevista, por no haber posado para una foto o firmado un autógrafo»… ¿Entiendes ahora la importancia en este caso de la mención al autor que publicó Shibumi como novela hace ya 45 años?

La obra de Trevanian es, como todas, fruto de su tiempo. Y Shibumi es una obra verdaderamente gigantesca en la que tienen cabida complots internacionales, luchas entre y contra terroristas, organizaciones secretas más poderosas que cualquier organización secreta, acción, viajes y una galería de personajes cincelados a conciencia de tal modo que al acabar esta novela gráfica, igual que el mejor libro, nos queda un vacío al no poder seguir sabiendo de sus vidas más allá de la última página.
Trevanian teje su intrincado universo de finales de los años 70 del siglo pasado a partir del hecho real que evidencia la sangrienta perdurabilidad de conflictos que en 1972 y hoy en día, más de medio siglo después, siguen siendo la carnaza en cualquier informativo. En el caso del libro, Trevanian parte del ataque terrorista en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972, donde un grupo terrorista palestino denominado Septiembre Negro secuestró a nueve miembros de la delegación olímpica israelí, ejecutando a ocho de ellos antes de ser abatidos o capturados. Entonces, como ahora, la respuesta israelí fue bombardear y asesinar más y mejor que los propios terroristas: su operación Cólera de Dios llevó al temible Mossad a ejecutar por todo el mundo a los «supuestos organizadores» del atentado de Munich.

Es entonces cuando Trevanian, bastante adelantado a su tiempo en el análisis internacional y en cómo en verdad funciona un mundo gobernado por intereses y dinero en manos de un ínfimo porcentaje de poderosos, imaginó la existencia de una todopoderosa Organización Madre, definido como un «grupo secreto estadounidense que tiene bajo su yugo a la CIA, la NSA y el FBI; con medios ultramodernos y casi ilimitados». Afines por supuesto a su interesada amistad con los israelíes, resulta obvio pensar que la fidelidad de Estados Unidos se debe también a los dueños del oro negro, en especial desde la crisis real de 1973. De modo que si la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OLP), países árabes aliados de Palestina, le piden como favor a la Organización Madre que los israelíes saboreen un poco de su propia medicina, ¿qué podría salir mal?
A partir de esa rendija de posible realidad, Trevanian y, en este caso, el increíble trabajo al guión de Pat Perna con el dibujo de Jean-Baptiste Hostache, nos meten de lleno en una vertiginosa trama que, pese a su fecha de creación, nos atrapa como si toda la historia escrita a continuación fuese posible y actual en nuestros días. Sin esperarlo, la acción se traslada al aeropuerto internacional de Roma, donde asistimos a una vertiginosa escena de un nuevo atentado donde no entendemos nada y donde al escenario de terror le sigue otro inconexo en el que en realidad se nos presenta a los miembros de la Organización Madre que nos acompañarán ya a lo largo de todo el relato.

En una entrevista próxima en el tiempo a la publicación en Francia de Shibumi, el guionista Pat Berna explicaba ante la cámara del medio PlaneteBD gran parte de su intensa experiencia adaptando Shibumi desde su formato de novela de más de seiscientas páginas a novela gráfica de algo más de doscientas: «Hay un regla de oro cuando afrontas la escritura de un guión en el mundo del cómic: tienes que hacer aparecer a tu héroe dentro de las cinco o diez primeras páginas como máximo, porque sino el lector se pierde. En el caso de Trevanian nos encontramos con otro tipo de temporalidad y otra aproximación. En mi caso quise respetar todo lo posible la forma de hacer de Trevanian en este proyecto. Él mueve infinidad de cartas pero nada queda al azar. Desde el comienzo todo es confuso, hay infinidad de personajes que no sabes a qué se dedican. Esa es un poco la voluntad de Trevanian de mostrarnos que de frente a un sistema donde los hombres son intercambiables; no les conoces, pero juntos forman una especia de masa informe en la misma dirección. En cuanto al héroe, no lo muestra pero empieza a tejer una especie de mitología en torno a él hasta que al fin nos lo muestra y desde ese momento acapara toda nuestra atención e incluso aumentará durante el resto de la narración».

Verdaderamente el logro de Pat Berna, anteponiendo la idea de Trevanian a su «regla de oro», no hace sino sumirnos en una lectura febril en la que todos esos personajes de importancia tan lograda como el que será el protagonista, nos empiezan a dar pistas sobre Nikolái Hel. La excusa es que de ese grotesco atentado en Roma ha escapado alguien, Hannah Stern, en realidad joven miembro de un comando israelí encargado de asesinar a los militantes de Septiembre Negro y cuyos compañeros han sido traicionados por su misma fuente de privilegios, armas y cartas blancas para creerse dueños del mundo. Lo peor: que la tal Hannah Stern continúa su viaje, llegando al País Vasco francés, en la incierta búsqueda de ayuda de un viejo amigo de su padre. El viejo amigo es precisamente Nikolái Hel, el mejor asesino de su época y también el hombre más buscado del mundo.

A partir de ese momento Pat Berna y Jean-Baptiste Hostache consiguen la imposible tarea de adaptar una densa y filosófica novela de espionaje y convertirla en un excepcional e impresionante trabajo en viñetas que se disfruta como los mejores libros. Shibumi no es una obra para nada fácil. Trevanian se toma su tiempo en contarnos la extraordinaria historia de Nikolái Hel, nacido en la década de 1920, madre de una aristócrata rusa huida a Shanghái y un conde prusiano al que su madre utilizó como mero «espécimen adecuado para la reproducción». Las circunstancias que llevaron a Japón a ocupar parte de China convirtieron, en el afán innato de su madre por sobrevivir, al general japonés Kishikawa Takashi, gobernador de Shanghái, en padre adoptivo de Nikolái quien, capaz de hablar ya cinco idiomas en ese momento, perfecciona también hasta límites insospechados su pericia en el juego japonés del go, sin duda una puerta hacia su búsqueda de alcanzar una rara forma de excelencia personal: el shibumi.

Para el personaje, que no tiene superpoderes pero si un hiperdesarrollado poder de autocontrol eso es el shibumi, según explica Pat Berna: «una especie de aproximación filosófica durante la cual el personaje es capaz de resurgir. Es capaz, mientras la CIA le tortura durante tres días de decir que él ‘no forma parte de esa conversación’, logrando una forma de trascendencia que le permite abandonar su cuerpo del lugar en que se encuentre sin sentir directamente el sufrimiento».

Ante la densidad y dificultad para resumir y transformar las extensas reflexiones y explicaciones de Trevanian en viñetas, el guionista Pat Berna no duda en destacar la importancia y talento del dibujante: «a la hora de trabajar con un dibujante, soy de los que gusta del trabajo conjunto. Si hay algo característico de Trevanian es su estilo literario y eso es imposible de transformarlo o captarlo simplemente con el guión. Aquí la única posibilidad de acercarse es hacerlo mediante el dibujo y en mi búsqueda del dibujante ideal, sobre lo que fui aportando numerosas pistas, apareció Jean Baptiste, que ha sido el único capaz de aportar ese estilo. No nos conocíamos de antes y afrontar juntos un proyecto tan monumental nos hizo conocernos bastante bien y conseguimos que los planetas se alineasen para trabajar juntos».

Resultando verdaderamente difícil no contarte más de la trama de Shibumi y de sus sorprendentes giros, intriga o lo bien llevado de su trama para no perdernos ni hacernos perder ni un sólo segundo el interés por el desarrollo de tan apasionante historia, resulta un disfrute en si mismo sumergirse en la lectura gracias a la impecable edición única de Tengu Ediciones: tapa dura, formato cómodo más cercano al de un libro pero donde el trabajo de Jean-Baptiste Hostache y la rotulación son perfectos para la lectura; sobrecubierta con lomo de tela y título y caractéres japoneses en tinta plateada; cubierta con detalles satinados sobre elegante fondo mate en el exterior, cinta marcapáginas… Shibumi es una obra del todo recomendable pero sobre todo para saborear, a ser posible, con tiempo y calma, para disfrutar tanto de la historia condensada magistralmente por Pat Berna como del dibujo intencionadamente minimalista de Jean-Baptiste Hostache, tan alejado del detallismo y realismo de alguna de sus obras más conocidas como Clockwerx.

Shibumi es un libro ideal para cualquier amante del cómic franco-belga y europeo, experto en ofrecer grandes historias de género negro, policiaco y espionaje como llega a ser esta obra, con un protagonista que mezcla magistralmente las tramas y calma de series como XIII con los clichés más clásicos de personajes como James Bond pasados por el filtro de la filosofía y enseñanzas orientales y la contundencia letal de personajes modernos como John Wick. Todo ello con el mérito de haber logrado el éxito para su enigmático autor en ya 1979, sin perder ni un ápice de originalidad o frescura en este siglo XXI en el que tan bien encajan los ideales del protagonista, Nikolái Hel.
El final feliz perfecto al trabajo de más de diez años de Pat Berna construyendo el guión que adaptase de modo coherente y digno Shibumi lo resume él mismo: «Una de las cosas que más me sorprendió fue la facilidad de nuestros editores para negociar los derechos con la editorial del libro original. Y cuando por fin se publicó nuestra adaptación, se le envió una copia traducida a la hija de Trevanian que nos envió un pequeño mensaje diciendo que se sentía afortunada y que encontraba la adaptación ‘formidable’ y que era un gran homenaje a su padre».
SOBRE LOS AUTORES

PAT PERNA
A los 40 años y tras una deslumbrante carrera como periodista, Pat Perna abandonó apresuradamente el mundo de la prensa para dedicarse exclusivamente al cómic tragicómico. Reconocido unánimemente como el autor más rápido de su vecindario en una vuelta cronometrada alrededor de la manzana en 2010, con Jenfèvre, tomó las riendas del Joe Bar Team para el volumen 7. Tras el éxito de Kersten, el médico de Himmler (premio Saint-Michel al mejor guión 2015 y gran premio de los lectores de France 3 en el festival de L’Alpe – d’Huez), Fabien Bedouel y Patrice Perna publicaron Forçats (Les Arènes BD), luego Darnand (Rue de Sèvres). Más recientemente, publicó con Jean-Baptiste Hostache la adaptación de la novela de culto de Trevanian, Shibumi (Les Arènes BD).

JEAN-BAPTISTE HOSTACHE
Jean-Baptiste Hostache nació en 1981 en Rouen. En 2005 comenzó a trabajar en animación como diseñador de producción. Allí conoció a Didier Poli, quien mostró su libro a Nicolas Forsans, editor de Humanoïdes Associés, lo que desembocó en la publicación de Clockwerx en 2008 y Neige Fondation en Glénat de 2011 a 2013. Enseñó arte conceptual y storyboard hasta 2020, publicando El nacimiento del tigre el mismo año con Humanoïdes Associés, luego Les Pionniers (2 volúmenes) con Rue de Sèvres en 2022. Tembién ha trabajado en Shuriken School y en Anatane et les enfants d’ Okura, dos series animadas donde realiza diseño de producción. Y cuando encuentra un poco de tiempo, hace acuarelas en Val-de-Seine y dibujos de buques de carga, grúas, trenes en la zona industrial y el puerto de Rouen…











