Hay cómics que, lo queramos o no, han sido pensados para entrarnos directamente por la vista, llamándonos a veces desde estanterías a muchos metros de distancia hasta que, sin poder evitar la tentación, nos acercamos a ellos y cometemos el acierto de abrirlos… y en ese momento sabemos que inevitablemente volverán con nosotros desde la librería, tienda de cómics o biblioteca en que lo hayamos descubierto. La ilustradora de origen latino y residente en al sur de Estados Unidos Rii Abrego sabe muy bien cómo jugar con la atención de quien cae cerca de su impresionante trabajo. Y es que además de excepcional dibujante de cómics, ha trabajado en ilustración editorial, proyectos de arte secuencial y realizado diseño de juguetes, ropa y merchandising. Te invitamos a que te pierdas durante horas en su página web, porque navegar a lo largo y ancho de su trabajo es descubrir a una artista a quien conservar en marcadores para siempre. Aunque si aprecias el resultado de hacer arte sobre papel, te recomendamos que busques, hojees y aprecies nuestra recomendación de hoy, El hada y la jardinera, co-escrita junto a otro joven talento, Joe Whitt y editada en castellano por Dibbuks.

El hada y la jardinera es una muy particular novela gráfica que realmente pueden leer todos los públicos de 3 a 100 años. Porque Rii Abrego recurre a contarnos esta historia valiéndose de sus mejores trucos como dibujante, llegando a prescindir en muchas páginas de cualquier tipo de diálogo o palabras, pero todo ello sin dejar de comunicar, expresar y avanzar en el relato. «Siempre me ha encantado el aspecto visual de la narrativa en los cómics -explicaba la autora en una entrevista promocional en el momento de la publicación original del libro, en 2021-. Se parece mucho a la vida real, ya que se puede comunicar muchísimo sin palabras. Los gestos, las expresiones, los colores, los ángulos y el encuadre se pueden usar para enfatizar o contradecir el diálogo, para controlar el impacto de la escena, etc. Es como si el guion tuviera un segundo guion superpuesto, y cada artista lo aborda de forma diferente. ¡Quiero explorarlo más a fondo!«
El contexto y los múltiples mensajes que subyacen en esta colorida fábula son tan universales que sobrepasan al tiempo porque hablan de los mismos problemas y pequeñas maravillas que siempre nos han rodeado. En un mundo donde poder recrearse por un instante de la normalidad, se nos cuenta que hubo una vez un tiempo en que las hadas existieron porque eran las guardianas de la vida vegetal, de la que dependían. Hasta que un día llegaron los humanos y decidieron hacerse jardineros y cuidar ellos mismos de las plantas, de sus árboles y de las flores de sus jardines… de modo que dejaron a las hadas literalmente fuera de juego.

Aterrizados en un momento como cualquier otro de este amable universo en equilibrio, comprobamos como las hadas en realidad no han desaparecido, simplemente han pasado a estar casi completamente ociosas e incluso disfrutar de las tareas que ahora seres mucho más grandes hacen por ellas. Y allí conocemos a una pequeña hada en particular, Glicina, poco decidida a aceptar las cosas tal cual son, en especial cuando descubre que, en ese vecindario residencial aparentemente de jardines perfectos, una niña, aprendiz de jardinera por su cuenta, no consigue sacar adelante ni a las malas hierbas de la parte trasera de su casa. De modo que la ocasión es perfecta para ejercer ese viejo oficio de los seres mágicos benévolos en los que, aprovechando la ausencia de los humanos, éstos emplearán sus poderes, incluso los casi olvidados por la falta de uso, para arreglar lo que ellos no pueden. Y así se inicia la situación que da título a esta obra con base pero donde lo que de verdad se disfruta es la apabullante forma en que la particular mezcla de colores y trazos de Rii Abrego nos hipnotizan página tras página como puedes comprobar en las muestras visuales que acompañan estas palabras. «Me encanta que la ilustración sea un poco como un rompecabezas -aporta la dibujante a su forma de plantearse la planificación de viñetas-. Tienes un espacio limitado para transmitir lo que necesitas, así que tienes que encontrar la manera más sencilla de hacerlo. Esto es especialmente cierto en los cómics, ya que la mayoría de la gente suele pasar por alto cada viñeta rápidamente; quieres que sea lo suficientemente claro como para que se entienda de un vistazo. Ese elemento es a la vez el más difícil y el más divertido».

El estilo de Rii Abrego mezcla los colores, las texturas y los escenarios de un modo que nos resulta a la vez familiar y nos descoloca, nos sorprende. La autora es la primera en reconocer que «el anime y el manga en general me influyeron muchísimo (y supongo que todavía es así), con títulos muy orientados a chicas como Tokyo Mew Mew, Sailor Moon y Full Moon wo Sagashite ocupando el 90% de mi mente a diario. En los últimos años he diversificado mucho mis gustos, así que no puedo señalar ninguna fuente principal. Intento inspirarme en todo lo que puedo, ya sea arte abstracto, cine, fotografía o incluso lugares y objetos que veo en mi día a día. Por ejemplo, he encontrado inspiración para más de una ilustración en un supermercado. La inspiración está en todas partes si la buscas».

Lo mejor es que, bajo el espectáculo de fuegos artificiales que supone avanzar en la historia a través de sus páginas, leemos entrelíneas temas y preocupaciones actuales hasta en semejante mundo de colores pastel. Porque Elena, la niña jardinera a la que conoce Glicina, se ocupa del jardín porque su madre se pasa el día trabajando fuera de casa… crisis ecológica, pérdida de tradiciones, la importancia de la identidad colectiva en esa comunidad de hadas que acepta sin más su aparentemente innecesaria presencia mientras despunta el individualismo creativo y la preocupación de Glicina por el sencillo hecho de salvar plantas y árboles. Por eso estamos ante un libro en el que un niño puede perderse en el despliegue visual sin igual y un adulto aprovechar para contarle al niño muchas más cosas, apreciando al final la importancia de disfrutar de lo sencillo y de cada buen momento en el momento en que ocurran. «Paso mucho tiempo al aire libre aprendiendo sobre el entorno y el ecosistema local -añade Rii Abrego–, y animo a todos a hacer lo mismo. Cuanto más aprendes sobre el mundo que te rodea, más riqueza y matices adquiere. Empiezas a fijarte más en los detalles. Comunicar la magia de lo cotidiano es una parte fundamental de mi objetivo artístico, y espero que inspire a alguien a salir y experimentarla por sí mismo».

Curiosamente El hada y la jardinera que te invitamos a descubrir, sin dudarlo ni por un momento, en esta edición en tapa dura e impecable edición donde apreciar los dibujos de Rii Abrego, comenzó como un pequeño proyecto de una sola página (que puedes apreciar bajo estas mismas líneas) que se incluye al final de este libro, como curiosidad en un breve pero interesante dossier adicional con ilustraciones tanto de Rii Abrego como de Joe Whitt, cuya colaboración hizo que la historia alcanzase la envergadura y entidad con la que al final la conocemos.

SOBRE LA AUTORA Y EL AUTOR

RII ABREGO
Rii Abrego es ilustradora y artista de cómic, reconocida por su estilo vibrante y detallado, profundamente influenciado por la naturaleza y la fantasía. Ha trabajado en novela gráfica, ilustración editorial y proyectos de arte secuencial. Su obra destaca por el uso de colores suaves y composiciones evocadoras, como puede apreciarse en El hada y la jardinera, donde captura con delicadeza la conexión entre magia y naturaleza. Aunque Rii se especializa en cómics e ilustración, también ha trabajado en diseño de juguetes, ropa, merchandising y más. Le apasiona la naturaleza ilimitada del arte y está interesada en seguir explorando sus diversas formas. A través de su trabajo personal, espera celebrar la belleza y la alegría que se encuentran en las conexiones cotidianas que establecemos: con el mundo que nos rodea, con los demás y con nosotros mismos.

JOE WHITT
Joe Whitt es escritor y creador de historias centradas en la fantasía y la emotividad. En El hada y la jardinera construye una narrativa conmovedora sobre el trabajo en equipo, la resiliencia y la belleza de los pequeños actos de bondad. Su escritura se complementa a la perfección con el arte de Rii Abrego, dando forma a un relato visualmente deslumbrante y lleno de calidez. Joe también ha participado en antologías como Sweaty Palms de Sage Coffey, Afar de Tabulit y Space Station 999 de Tabulit.







