Como en toda relación, las mejores aficiones empiezan porque lo que te llama la atención, una vez lo pruebas, no sólo es que te guste, sino que quieres más. Si encima tienes la suerte de que en todas las veces que repites aciertas y las buenas sensaciones no sólo se reiteran sino que mejoran, la afición pasa a convertirse en inevitable atención hacia la vez siguiente. En la música, en el cine, en los libros y, por supuesto también en los cómics, acabamos buscando esos nombres que se convierten en los mejores compañeros de tardes de evasión y lectura. Diábolo Ediciones es un nombre que, a punto de cumplir veinte años de existencia, nos ha conducido y ha creado fenómenos únicos en los que muchas otras editoriales han tratado de seguirles sin ser apenas capaces de malcopiarles. Pero si hay un campo en el que esta editorial destaca con decenas de títulos por encima de muchas otras, es en el género del terror. Nunca me cansaré de recordar obras maestras incunables como Four Color Fear (2014), Los archivos de Joe Simon y Jack Kirby (Crimen, Science Fiction y Horror, entre 2013 y 2014) en una extraordinaria labor de recuperación de verdaderos clásicos en viñetas nunca antes editados en castellano y previos al fatídico Comic Code norteamericano que relegó tantísimas historias y autores al campo de la censura más atroz.

Si a eso añadimos el acontecimiento que supuso la reedición en un formato digno al título como los tomos en tapa dura de Tales From The Crypt, Weird Science o Impact, el listón que se puso la editorial a si misma cada vez ha sido mayor. Y sin embargo se siguieron superando cada día. En especial en otra serie tan cuidada como el resto pero que, a cada tomo, en los 13 que llevan ya editados con el que venimos a recomendarte hoy, sigue sorprendiéndonos. Hablo de la Biblioteca de cómics de terror de los años 50, distinguido volúmenes en cartoné, con canto redondeado y dedicados a todo tipo de monstruos y criaturas capaces de lograr el escalofrío con la lectura de un cómic. Libro a libro, cuidando tanto el recuperado contenido en el interior, las ediciones de Diábolo se han ido superando en el tipo de tapa dura, el gramaje, clase y tono del papel empleado e incluso en las precisas y nítidas reimpresiones de planchas que han viajado a nuestras manos desde los años 50 en algunos casos, tomando la delantera incluso a alguna que otra edición norteamericana en formato, tamaño e incluso cuidado diseño.
Y pese a todo lo ya editado y disfrutado, Diábolo lo ha vuelto a hacer y logra con este Historias de ultratumba de Tom Sutton que la mandíbula se desencaje de asombro apenas abres este nuevo tomo de su Biblioteca de cómics de terror de los años 50. Porque cuando piensas que ya has descubierto o revisitado incontables artesanos de tinta y guionistas que te hacen recuperar la pasión por la lectura, nos encontramos ante un titán inesperado, posiblemente desconocido para la mayoría y que, sin duda si eres aficionado a los cómics, no volverá a pasar desapercibido para ti. Tom Sutton irrumpió en el cómic a mediados o finales de la década de los años 60 del siglo pasado. Sus primeros trabajos con los que obtuvo notoriedad fueron para la línea de cómics de terror en blanco y negro de Warren Publishing, para la que ilustró muchas historias durante los años siguientes. Pero, como tantos otros dibujantes necesitados de pagar sus facturas más allá de deleitarse con su innata capacidad artística, Tom Sutton trabajó también para Marvel, Skywald (un competidor de Warren) y luego para Charlton y DC. Y si pudo hacer el recorrido completo fue por los prodigiosos resultados que ni lector ni editores pudieron pasar nunca por alto.

De hecho eso es lo que más me ha sorprendido de este particular tomo de la colección. Porque este libro recopila sobre todo dieciséis espléndidas historias que Sutton realizó junto con guionistas como Nicola Cuti o Joe Gill para los títulos de fantasmas de Charlton Comics. Pero además, tanto a lo largo del libro como en un brillante dossier final repleto de portadas originales, lo que destaca al mismo nivel que el particular estilo de Sutton haciendo cómics, totalmente experimental, casi expresionista y sobre todo espectacular, son sus gloriosas portadas e ilustraciones a toda página, dominando toda técnica posible creando ventanas a mundos imposibles convertidos en únicos a cada página.

El gran formato de este libro, editado además por Diábolo en un portentoso papel mate que resalta tanto el trabajo a color como las muchas páginas en blanco y negro diseminadas a lo largo de los relatos de Sutton, realza la expresividad aparentemente descuidada pero increíblemente precisa de este dibujante que nos obsequia con viñetas enormes, que parecen querer escapar de las páginas y que provocan, en concordancia con las diferentes historias, una sensación de desasosiego y a la vez de saber que asistes a un espectáculo visual que no presencias todos los días. Si crees que exagero, te invito de verdad en este caso a que busques este libro en tu tienda de cómics favorita o en tu librería de referencia y percibas y entiendas que escribir sobre el arte de Sutton es apenas el principio de lo que este verdadero artista despierta en quien contempla su obra.

La variedad de estilos y temas en este Historias de ultratumba de Tom Sutton hacen que nos encontremos de verdad ante toda una sorpresa y, por descontado, ante uno de los tomos más entretenidos y espectaculares de principio a fin con los que pasar cualquier momento del año. El libro cuenta además con un didáctico prólogo de Michael Ambrose donde se nos cuentan al detalle vida y obra del autor, acompañado de fotografías, portadas y más páginas sobrecogedoras reproducidas a partir del arte original.

SOBRE EL AUTOR

TOM SUTTON
Tom Sutton es recordado por muchos aficionados de los cómics de terror por muchas cosas diferentes: por dibujar la primera aparición de Vampirella para Warren Publishing, por sus primeras contribuciones a las líneas de terror y western de Marvel y por su larga trayectoria en los libros antológicos de terror de Charlton Comics. ¿La única constante? Su estilo increíblemente único. No hacía falta ver los créditos ni ver su conocida firma «TFS» para saber que se trataba de un cómic de Sutton. Sutton, quien comenzó su carrera dibujando tiras cómicas de aventuras mientras estaba en la Fuerza Aérea, vio aparecer sus dos primeras historias de cómics profesionales en septiembre de 1967: en la revista Eerie No. 11 para Warren y en Kid Colt, Outlaw No. 137 de Marvel. No tardó mucho en que su evidente afición por los cómics de terror lo llevara a dibujar Vampirella of Dráculona, una historia que se publicó en el Vampirella n.º 1 (1969). Al año siguiente, Sutton colaboró con el guionista Archie Goodwin en el octavo número de Vampirella, una historia que transformó al atractivo personaje desde el terror a personaje dramático serio. A principios de la década de 1970, Sutton regresó a Marvel, dibujando su revista en blanco y negro El planeta de los simios, así como los números a color de Ghost Rider, Werewolf by Night y Doctor Strange. Tras mudarse a Connecticut, Sutton inició una exitosa carrera que duró varios años con Charlton Comics, con sede en Derby. Fue allí donde Sutton creó las que posiblemente fueron sus mejores portadas para títulos como Ghost Manor, Monster Hunters y The Many Ghosts of Doctor Graves, además de ilustrar numerosos guiones de terror. Pero el talentoso Sutton no estaba listo para dejar el lápiz y la tinta después de Charlton. En la década de 1980, dibujó historias para las célebres antologías de DC, House of Secrets y House of Mystery, e incluso encontró tiempo para dibujar los 56 números de la serie Star Trek de DC entre 1984 y 1988.











