No hay nada como un lunes para volver a soñar con que llegue de nuevo el viernes y otro fin de semana en que desconectar de la realidad. Y de sueños y aventuras, Hugo Pratt y su Corto Maltés saben bastante. Hablamos además en este caso de la aventura mil y una veces retomada y nuevamente recuperada desde hace unos años por Norma Editorial en un formato que de verdad hace justicia al legado de Pratt. En abril de 2019 esta editorial decidió recuperar las aventuras de este personaje legendario e icónico en una doble edición verdaderamente definitiva: en orden cronológico y publicando a la vez sendas ediciones en color y en un impecable y pulcro blanco y negro, el seguidor de Pratt podía por fin retomar todo Corto Maltés en un formato y edición especialmente cuidadas (tapa dura, un papel de gramaje e impresión excelentes y un tamaño superior de 24,5×32,5 cm.)

Nos quedamos para esta reseña, por mucho que disfrutemos igualmente de las magistrales lecciones de color del maestro Pratt, con la Edición en Blanco y Negro. Porque cualquier amante del dibujo de un autor sabe admirar y apreciar los cimientos capaces de convertir una línea en una historia con alma. Y la forma en que Pratt dibujaba y especialmente entintaba su obra es digna de admiración. Cuanto más disfrutando de su última obra sobre el inigualable Corto Maltés, que cerró en abril de este 2023 con Mû, el continente perdido, el círculo iniciado en abril de 2019 con La balada del mar salado, primera aventura de uno de los personajes más memorables de toda la historia del cómic.
En esta extensa y onírica historia Corto parte al corazón del Caribe en busca del legendario continente perdido de Mû. Acompañado de personajes hallados en otras peripecias como Levi Columbia, Tristán Bantam, Boca Dorada o el mismísimo Rasputín, Corto atraca en las inmediaciones de una isla misteriosa que acumula todos los indicios para ser la entrada a mitos olvidados. Una vez allí se verá empujado y atrapado en el interior de un extraño laberinto donde tiempo, realidad y ensueño se entremezclan con un asombroso despliegue final de leyendas reunidas en torno a muchos nuevos personajes, tribus y seres verdaderamente sorprendentes.

El despliegue imaginario final de esta aventura es el broche de oro perfecto para la etapa firmada por su autor original, tan dignamente homenajeada y continuada en nuestros días por autores de primera línea. Pratt vuelve a sorprendernos con una historia ágil, repleta de acción y giros sorprendentes de guión donde no falta su habitual erudición real y su profundo conocimiento de leyendas arcanas que nos recuerdan mitos como el de la Atlántida, llevados desde la Grecia antigua hasta los misterios de la civilización maya, pasando por la recientemente tan de moda civilización y hallazgos de los tartesos.
Impresiona igualmente el tesoro atesorado en el prólogo a esta edición, que incluye, junto al revelador texto de la profesora universitaria Laura Vázquez, trece maravillosas páginas repletas de acuarelas y bocetos preparatorios de Pratt para esta obra. En gran formato y con la misma calidad exquisita que rodea todos los títulos (en color y en blanco y negro) de esta edición definitiva, sólo por esas páginas ya merece la pena dejarse llevar por Corto Maltés a otra inolvidable aventura que también nos hace recordar y echar de menos al autor original de tantos sueños en forma de viajes que todos querríamos vivir y que, gracias a estas páginas al menos, Hugo Pratt compartió en forma de viñetas con todos nosotros.
SOBRE EL AUTOR

HUGO PRATT
Es uno de los pocos autores de cómic, junto con sus adorados Milton Caniff y Will Eisner entre otros, que se ha ganado un lugar en la historia del género. Un maestro que ha creado escuela y cuenta con prolífica producción publicada en múltiples ediciones.
La vida de Pratt se asemeja en gran medida a la de su creación más importante, Corto Maltés. Viajero incansable, pese a ser natural de Rimini, Pratt se declara veneciano, pues pasó toda su infancia en la capital del Véneto. Pronto se trasladó a Etiopía con su familia, para volver a Italia justo después de la II Guerra Mundial. En 1949 emigró a Buenos Aires para trabajar en la Editorial Abril. Allí conoció a los grandes dibujantes de la historieta argentina como José Muñoz, Francisco Solano López y H.G. Oesterheld. Fue con este último con quien creó series tan míticas como Sgt. Kirk, Ernie Pike o Ticonderoga. Después de viajar por toda Sudamérica, finalmente regresa a Italia, donde entró a trabajar en la publicación infantil Il Corriere dei Piccoli e inició las adaptaciones al cómic de la obra magna de Emilio Salgari, Sandokán, un proyecto que quedó interrumpido por el sorprendente éxito de Corto Maltés.
A partir de entonces, Hugo Pratt saltó a lo más alto del Noveno Arte, cosa que le permitió seguir viajando y documentándose para la que ha sido su mayor obra.












