Iniciamos hace unos días una serie de recomendaciones para que no te olvides de todas esas series sobresalientes que siguen vivas junto al aluvión de Novedades mensuales de muchas editoriales. Nuestra recomendación de hoy se engloba además en ese siempre suculento apartado que muchos aficionados y coleccionistas prefieren a las series abiertas por las que, a veces, hay que esperar años enteros hasta la siguiente entrega. Hablamos de las ediciones integrales que, en mucho menos tiempo y en formatos y tomos que suelen ser a veces hasta más espectaculares y cuidados que los volúmenes sueltos, hacen la delicia de completistas y aficionados que se lanzan a la lectura completa de una historia sin interrupciones. Nuestra recomendación de hoy es el segundo tomo integral de la espléndida serie histórica Carlota emperatriz firmada por el guionista Fabien Nury (Érase una vez en Francia, Katanga) y el dibujante Matthieu Bonhomme (Esteban).

Carlota Emperatriz nos cautivó en su primer tomo integral porque su guionista Fabien Nury supo aprovechar una de esas historias reales que superan la imaginación febril de muchos escritores de fantasía histórica. Porque te recuerdo que, por cuento de hadas que parezca, sí hubo una vez una princesa europea que, por casarse con el hermano de un emperador europeo, acabó convertida sin apenas darse cuenta, en emperatriz del país de México cuando la Vieja Europa aún trataba de repartirse como si de un pastel se tratase, los países que componían en enorme continente americano. Fabien Nury nos avisaba ya en el primer y recomendable tomo acerca de este increíble relato: «aunque inspirada en hechos reales, esta historia no deja por ello de ser una ficción en la que se mezclan los acontecimientos auténticos, las suposiciones y la pura invención. Los personajes históricos se encontrarán con individuos en parte ficcionados y otros completamente imaginados».

La parte real de Carlota Emperatriz a la que nos conducían los dos primeros tomos recopilados en el primer tomo integral nos llevaban a que la invasión por parte de Napoleón III de México, a donde llegó a enviar casi 30.000 soldados para el control completo del país, supuso el fin de la República de México y la adopción forzosa de una «monarquía moderada, hereditaria, con un príncipe católico donde el Soberano tomará el título de Emperador de México». Totalmente hipnotizados por el depurado y elegante dibujo de Matthieu Bonhomme, admirado por la mayoría de sus obras pero especialmente recordado en los últimos años por haberle dado nueva vida al legendario personaje de Lucky Luke, este artista nos deslumbró con su luminosa visión del país mexicano cuando todavía el guion deja un reducto a la esperanza de liberación y redención al menos de la emperatriz Carlota. Sin embargo ya desde los primeros y coloridos compases del Tercer Acto con el que se abre este libro, «Adiós, Carlota», entendemos que el rigor histórico se va abriendo paso poco a poco con la violencia que, en muchos casos, cercena las cabezas de los tiranos pero también de muchos de los inocentes cuyo único delito fue estar en el lugar y tiempo equivocados.

Cercado cada vez más por los insurrectos y rebeldes que se revuelven contra un imperio impuesto, el imperio mexicano de Maximiliano se tambalea y, a pasos de gigante, va perdiendo sus pilares por el olvido de las cada vez más lejanas potencias europeas. Y pese al intento mucho más lúcido de la emperatriz Carlota de enderezar y mantener el inevitable derrumbe por encima de los vicios e incluso enfermedades venéreas de su marido, quien además pretende a toda costa encontrar un heredero para su estirpe, el daño es tan profundo en todos los sentidos que la sensación de caída nos arrastra con los personajes a escenarios y escenas en las que el dibujo de Bonhomme, acompañado de nuevo de los lucidos colores de Delphine Chedru, cambian completamente el tono del cuento de hadas enterrado bajo oscuras capas de calor, traiciones y acontecimientos donde no queda espacio ni hay lugar para finales felices.

Llegados al Cuarto Acto, «Sesenta años de soledad», avanzamos en un último paseo donde la fastuosidad palaciega y el sentido de la justicia dejan paso al modo habitual en que la realidad resuelve los sueños: despedazándolos. Y Carlota Emperatriz pasa de un cómic de época donde había espacio incluso para el sentimiento de aventura y exotismo a un sucesión de situaciones en las que, como lectores, Fabien Nury nos recuerda la crueldad con la que la Historia suele resolver sus más dudosas encrucijadas. Caminando los últimos años del convulso siglo XIX y adentrándonos en las primeras décadas del XX, Matthieu Bonhomme vuelve a retratar las tramas palaciegas a lo largo y ancho de media Europa, con nobleza, pretendidos emperadores y monarcas e incluso la presencia de la más siniestra y poderosa de las iglesias. La diferencia es que el tono y final de este drama de dimensiones épicas sobrecoge y nos deja en parte noqueados, pero no podrás dejar de leer ni una sola de las páginas en que el otrora inocente personaje de Carlota se sumerge en un mundo donde la locura sustituye al color.

Como ya pasara con el primer integral de Carlota Emperatriz, la elección del papel y la extrema calidad con que ha sido impresa esta edición por parte de Norma Editorial convierte este libro en una verdadera obra de arte. Y es que si el dibujo de Matthieu Bonhomme es un espectáculo a degustar con calma, en este libro puedes incluso detenerte y sentir los trazos de tinta sobre la porosidad de un papel de considerable gramaje, saboreando sus meditadas viñetas como en pocas ocasiones y libros tendrás la oportunidad de hacer. Una obra que se constituye en toda una lección de vida a cargo de dos verdaderos gigantes del cómic europeo.
SOBRE LOS AUTORES
FABIEN NURY
Nació en 1976 en Francia y comenzó su carrera como redactor y director creativo en el ámbito de la publicidad, pero pronto destacó como guionista. A lo largo de los años, ha escrito más de una docena de álbumes y novelas gráficas que han aparecido publicados en las editoriales más emblemáticas de Francia. Uno de los momentos clave en su carrera fue su encuentro con el autor francés Xavier Dorison, con quien creó la serie W.E.S.T., que fue lanzada en el año 2003. Entre 2004 y 2008 trabaja en una nueva serie, esta vez de corte fantástico, titulada Yo soy Legión, con John Cassaday. Este se convierte en su primer cómic publicado en los Estados Unidos. Con Érase una vez en Francia obtiene el premio a la Mejor Serie en el Festival de Angoulême de 2011. Al margen de su prolífica y exitosa labor en el ámbito del cómic, ha escrito también guiones de cine. Entre los más notables se cuenta el de la película francesa Les brigades du Tigre, estrenada en 2006. Carlota Emperatriz, junto con Matthieu Bonhomme, es su última obra.
MATTHIEU BONHOMME
Matthieu Bonhomme es aficionado al dibujo desde muy pequeño, gustándole especialmente la obra de Peyo. Luego de un bachillerato técnico con opción a dibujo y un BTS en artes aplicadas, se acercó a periódicos y trabajó un poco en publicidad. Tiene la suerte de recibir consejos de Christian Rossi e incluso trabaja de vez en cuando en su taller. También conoció a Jean-Claude Mézières y Serge Le Tendre, quienes lo introducen en el mundo de las tiras cómicas. Su primer álbum fue lanzado en 2002, Victor & Anaïs, de Carabas, con guión de Jean-Michel Darlot. Comienza a desarrollar con Fabien Vehlmann, Le Marquis d’Anaon, que firmará para Dargaud. Con el primer volumen de Le voyage d’Esteban (Dupuis), ganó el Premio Primer Álbum en Angoulême en 2003. Matthieu Bonhomme trabajó recientemente con Lewis Trondheim en Omni-Visibilis y Texas Cowboys (Dupuis), cuyo segundo volumen se publicó en septiembre de 2014. En NORMA Editorial ha publicado Esteban, El espíritu perdido, Texas Cowboys, Omni-visibilis y el más reciente Carlota Emperatriz, junto a Fabien Nury.








