Sobredosis regresa a lo grande en Madrid: una noche de hard rock, emoción y reencuentro en Movistar Arena

SOBREDOSIS

Madrid, 17 de Abril 2026 Sala MOVISTAR ARENA

Gran noche de hard rock y heavy metal la vivida el pasado viernes 17 de abril en Madrid. La cita tenía un carácter muy especial: Sobredosis regresaba a los escenarios tras muchos años alejados del foco para ofrecer un concierto único e irrepetible, rodeados de amigos y arropados por un público entregado desde el primer minuto. Con la sala llena de veteranos rockeros —y también de nuevas generaciones con ganas de entender de dónde viene todo esto—, asistimos a uno de los conciertos más memorables del género en la capital en mucho tiempo.

La velada tuvo una doble dimensión muy marcada. Por un lado, una carga nostálgica y emocional enorme, capaz de transportar a muchos asistentes a una época en la que el heavy metal español dominaba pabellones y marcaba el pulso de toda una generación. Por otro, la oportunidad de reencontrarse con una banda histórica, responsable de discos imprescindibles como Caliente como un volcán y Sangre joven, auténticos pilares del rock nacional.

Las redes sociales habían anticipado cambios de última hora que no invitaban precisamente al optimismo, y eso tuvo cierto reflejo en algunos momentos del show. Aun así, el balance global de la noche fue claramente positivo, incluso por encima de lo que muchos esperaban. La formación contó con Luis García y José de Benito como únicos miembros originales, respaldados por un equipo solvente: Juanjo Melero a la segunda guitarra, Samuel Leirado al bajo, Johan Cheka —firmando una actuación sobresaliente, tanto en actitud como en precisión— y Javier Alcón a la voz. Este último fue, probablemente, el punto más delicado del concierto. Su incorporación de última hora se dejó notar en ciertos pasajes, con dudas puntuales y apoyo frecuente en el prompter. Sin embargo, sería injusto quedarse solo con eso: su entrega, su actitud y el hecho de dar un paso al frente en una situación complicada hablan muy a su favor.

El concierto arrancó con una introducción ambiental, densa y sugerente, que fue generando tensión hasta desembocar en “Ritual”. Puede que no sea el tema más explosivo de su repertorio, pero funcionó como una apertura elegante, casi ceremonial, que permitió a la banda asentarse sobre el escenario. A partir de ahí, el concierto fue claramente de menos a más. “Caliente como un volcán” encendió definitivamente la sala, con un público ya completamente implicado, cantando y respondiendo a cada estímulo de la banda. “Extrañas criaturas” mantuvo el nivel de intensidad, mientras Alcón alternaba interpretación con miradas al prompter, un detalle que, lejos de romper la magia, pasó desapercibido gracias a la conexión general que se estaba generando.

Uno de los primeros grandes picos emocionales llegó con “Alíate”, donde Johan Cheka se sumó a las voces, reforzando uno de los himnos más representativos de la banda. Su mensaje, décadas después, sigue teniendo una vigencia sorprendente. “Víctima del asfalto”, con Juan Huerta colaborando en las voces, y “Bajo el fuego” consolidaron una primera mitad de concierto sólida, directa y muy disfrutona. Julio Castejón, anunciado como invitado especial, finalmente no interpretó ningún tema, pero sí subió al escenario para compartir unas palabras cargadas de memoria, experiencia y cierta melancolía. Fue un momento de pausa necesario, de esos que conectan más allá de la música y que recordaron a muchos por qué este género significa tanto.

La recta final del set principal elevó aún más el nivel con la aparición de invitados de peso como Manolo Arias y Nico del Hierro, figuras clave para entender la historia del rock duro en Madrid. “Tú no eres el mejor”, con un solo de Arias especialmente inspirado, y “Sucio embaucador” reforzaron esa sensación de celebración colectiva. Uno de los momentos más sobrecogedores de la noche llegó con la dedicatoria de “No puedo vivir sin ti” de Luis a su mujer. Se menciono a Raquel que había fallecido unos días antes y era una seguidora del grupo. La emoción fue real, palpable, de esas que recorren la sala en silencio y dejan huella. A partir de ahí, todo fue en ascenso hacia el clímax final: “Corriendo salvajemente”, “Fuera de control” y “Dinosaurio del rock” prepararon el terreno para el desenlace. “Dinero, mujeres y rock” sonó con fuerza, aunque con algún desajuste puntual entre guitarras, seguida de una potente “Sangre joven” y una “Chico” absolutamente coreada, con la sala completamente entregada. Y cuando parecía que todo había terminado, llegó el encore.

La primera descarga fue “Doctor Doctor”, el clásico de UFO, compuesto por Michael Schenker y Phil Mogg, que sonó como un guiño perfecto a las raíces del género y a toda una forma de entender el rock. La interpretación fue recibida con entusiasmo y sirvió para elevar aún más el ambiente. El cierre definitivo llegó, como no podía ser de otra forma, con “Alíate”. Repetida en formato celebración total, se convirtió en un auténtico himno colectivo donde ya no había banda y público, sino una sola voz. Un final apoteósico, de los que dejan esa mezcla de agotamiento y felicidad difícil de explicar. En definitiva, una noche mágica, intensa y profundamente necesaria. Hubo imperfecciones, sí, pero quedaron completamente eclipsadas por la energía, la emoción y el significado del momento. Porque más allá de lo musical, lo que se vivió fue un reencuentro. Y eso, cuando es real, siempre deja poso.

Texto: Lorenzo Sanz

Fotos: Carlos Troncoso (Charly rok and roll)

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