
No fue la primera vez ni el único formato, desde luego, pero cuando en 2001 se estrenó la primera película de Shrek, con su visión exagerada y satírica de todos los tópicos de los cuentos infantiles desatados, la propuesta de los estudios Dreamworks se convirtió en una rentable moda muchas veces mal imitada y nunca tan ocurrente como la original. O al menos no hasta que uno de nuestros autores favoritos de tebeos, el historietista francés de origen español Émile Bravo, mundialmente reconocido por su obra Spirou: El diario de un ingenuo y por esa genial serie que es La esperanza pese a todo, decidió darnos su versión de los cuentos de hadas en formato de cómic en 2004, cuando se publicó en Francia Boucle d’Or et les sept ours nains, traducido como Chulito de oro y los 7 osos en la flamante edición en castellano de Hachette Cómic que, en idéntico formato apaisado que los originales franceses, recopila en el tomo Los maravillosos cuentos de los 7 osos cuatro de los cinco libros escritos por Émile Bravo sobre unos pequeños ositos que te aseguramos se convertirán sin duda en tus nuevos personajes favoritos durante mucho tiempo.

Demostración de que nunca hay que perder la esperanza, como bien decía uno de sus libros, editados originalmente entre 2004 y 2012 en Francia, el anuncio de que al fin, en enero de este 2026, Hachette Cómic editaría en castellano Los maravillosos cuentos de los 7 osos se convirtió en una de las mejores noticias imaginables para empezar el año perdiéndonos en las viñetas de un autor atemporal que hace mucho nos ganó a todos los aficionados al noveno arte y en especial a todo amante del cómic europeo de raíces más puras a la vez que originales. En LH hemos llenado páginas y siempre nos quedamos cortos recomendando la maravilla y soltura natural con la que la espléndida línea clara de este dibujante nos ha hecho soñar desde que le descubrimos redibujando la vida y sueños de una de las mejores etapas del personaje de Spirou, editado primero por Planeta DeAgostini (2009) y posteriormente por Dibbuks (2019), quienes también le editaron en 2013 el singular Lección de pesca con el guionista Heinrich Boll. La editorial Ponent Mon por su parte nos deleitó con dos obras con guiones de Jean Regnaud: Mi mamá está en América y ha conocido a Buffalo Bill (2013) y el integral de Aleksis Strogonov (2014), para descubrirnos finalmente las asombrosas aventuras de Jules en sendos integrales editados ambos en 2012. Disponibles al fin en castellano las aventuras de estos osos enanos, peculiares habitantes de un concurrido bosque por el que, literalmente pululan todo tipo de personajes imaginables, la sensación para quien ha leído y conoce toda la obra de Émile Bravo es la de un particular círculo que nos convence de algo que el autor nos descubre en la entrevista que tuvimos el honor de hacerle con motivo de su particular forma de entender el mundo de los cuentos infantiles con historias capaces de atrapar a cualquier niña y niño con los personajes por todos conocidos, mientras que en los adultos despierta, siempre con humor, la infancia que todos deberíamos conservar siempre dentro.

Con una traducción verdaderamente magistral por parte de Daniel Cortés Coronas, quien ha captado la esencia de ese humor más ácido que concierte a Los maravillosos cuentos de los 7 osos en un libro para todas las edades, prepárate para disfrutar de lo lindo con Chulito de oro y los 7 osos, El gato con morro y los 7 osos, Sin blanca y los 7 osos y Piel de burro y los 7 osos. En incesante desfile de caras conocidas, asistirás a situaciones tan delirantes como desternillantes donde princesas dormilonas, gigantes hambrientos y gatos con botas además de con mucho morro se alternan con una ingenua Caperucita Roja, unos Hansel y Gretel que parecen salidos de las aventuras de Spirou imaginadas por Bravo (y no precisamente del bando de los buenos), un hada reivindicativa ante una horda de príncipes caraduras o unos ocurrentes cerditos que no dejan de insistir en los beneficios de construir viviendas de ladrillo.

Los maravillosos cuentos de los 7 osos se ha convertido a lo largo de los años en que el autor ha podido iluminar nuevos capítulos de la serie, en todo un fenómeno de culto precisamente por su capacidad para atraer tanto a niños que empiezan a leer como a adultos que buscan una lectura inteligente completamente subversiva. En un reto gráfico bien diferente de sus abigarradas y detalladas viñetas en cualquier otro de sus cómics, aquí deja fluir esa claridad que hace únicos sus dibujos en páginas con pocas viñetas donde son las expresiones de cada personaje protagonista y secundario quienes nos conducen del asombro a lo imprevisible, pasando por situaciones sencillamente desternillantes a veces con un único dibujo. El éxito ha llevado de hecho a que incluso Netflix se atreviese a estrenar una serie de estos peculiares osos el pasado 2025. Créeme: pocas veces redescubrirás los cuentos con los que posiblemente tú también aprendiste a leer de forma que te parezca que es la primera vez que los lees o escuchas.
ENTREVISTA CON ÉMILE BRAVO

Émile Bravo es un orador extremadamente atento y amable que no sólo respondió con paciencia en una extensa charla lo planeado, sino que discurrió al punto de convertir en pequeña conversación un encuentro telefónico en el que nos pidió en primer lugar que le tuteásemos «porque es algo mucho más natural en castellano».
¿Qué te mueve hasta el punto de convertir una idea en una historia lo suficientemente interesante como para convertirse en un cómic completo?
Pienso que lo importante es saber qué quieres decir. Cada vez que, por lo menos yo, he querido contar algo es porque había una pregunta, algo que no entendía. Y cuando lo hago, cuando lo entiendo, se me hace necesario transmitirlo. Si además lo puedo transmitir de manera graciosa creo que esa es la mejor de las pedagogías. Vale la pena crear una historia a partir de una pregunta. Y a partir de ahí se fabrica una historia, un cuento.

Tuve la suerte de conocerte con Las auténticas aventuras de Aleksis Strogonov y Una asombrosa aventura de Jules, cómics que precedieron en el tiempo tu peculiar incursión en el mundo de los cuentos infantiles o cómo volverlos del revés. Después de aventuras juveniles de tantísima calidad, ¿qué te hizo volcarte en el mundo de Los maravillosos cuentos de los 7 osos y su particular revisión de los personajes de los cuentos infantiles clásicos?
Bueno, yo siempre explico que da igual que sea mediante Aleksis Strogonov, Una asombrosa aventura de Jules o los cuentos para niños, lo que hago siempre es volver a las preguntas que me hacía sobre este mundo en mi infancia. Diría que lo que intento es siempre hablar al niño que yo era. Porque recuerdo muy bien mi infancia y esas preguntas que los adultos muchas veces no querían contestarme, alegando siempre que no era momento aún para ciertas respuestas, que ya las encontraría cuando fuera adulto. Por eso siempre fui muy agradecido con los mayores que sí contestaban a los niños, los que te escuchaban. Y eso es lo que intento hacer hoy en día: hablar a todos los niños que se preguntan cosas. Los cuentos para niños forman parte de ese proceso y me resultaban un misterio en mi infancia porque mezclaban príncipes con princesas pero también con brujas… cosas que a todo el mundo le parecían algo normal y que hoy en día se ve que son raras, como por ejemplo eso de dar un beso a una chica que no conoces y que está muerta. O esos personajes que abandonaban a sus hijos porque no tenían nada de comer. Cuando mis padres me leían eso, yo les miraba y les preguntaba «¿pero vosotros seríais capaces de hacer algo así?» En aquel momento no me daba cuenta de por qué fueron esos cuentos escritos en su época. Cuando en realidad era la forma de preparar a los niños para el duro mundo que les esperaba. Fue así como pensé en retomar esas mismas historias y burlarme un poco de ellas mezclándolas para contar otra historia más adaptada a nuestro tiempo, que también es muy duro pero en otras circunstancias.

De hecho iba a comentarte que curiosamente, igual que nos fascinaban a nosotros de niños, esos cuentos siguen dejando a los niños pequeños con los ojos muy abiertos. Yo que tengo la suerte de poder contarles aún cuentos a niños pequeños, estos cuentos les siguen fascinando, a veces mucho más que los cuentos políticamente correctos de hoy en día. Los que me piden son los clásicos.
Es que precisamente para los niños las primeras referencias culturales son esos cuentos, e incluso cuando los personajes no acaban bien, como en mi libro, eso les hace reír y esa es la forma de enseñar lo que es el humor, porque el humor también se aprende. Aunque claro, si hoy en día vas a ver un editor de temática infantil, de historias solo para niños, y le presentas una historia como la de Hansel y Gretel, por ejemplo, con una bruja que se come a los niños y los mete en el horno y al final son los propios niños los que tiran la bruja en el horno… Bueno, eso sería terrible. No creo que lo publicase ninguna editorial infantil, incluso llamarían a la policía (risas). Por eso al final te dices que hoy en día la vida también es dura y se pueden contar las cosas así, preparar a los niños para su futuro utilizando estos viejos cuentos y que por lo menos nos riamos con un poco de ironía.

Son mercados y mundos diferentes pero, por ejemplo en España hay muchas más editoriales de libros y temática infantil que de cómic. Y aunque este libro no deja de ser un cómic, a nivel meramente comercial, ¿qué te ha reportado más reconocimiento y ventas? ¿Los cómics para un público más juvenil y adulto o los de los 7 osos quizás más orientados a un público infantil?
Pues la verdad es que las dos cosas para mí están relacionadas. En Francia, por ejemplo, estas historias de los osos enanos estaban al principio en una colección de una editorial llamada La Bande des Petits, La «Bande» de los Niños. «Bande» es porque bande dessinée es como se conoce al cómic en francés. Y la colección era para iniciar los niños al cómic. El formato era por eso muy sencillo: como máximo hay cuatro viñetas, para que el niño se acostumbre a leer un cómic, porque también eso hay que aprenderlo, hay gente que no sabe leer un cómic.
A nivel de éxito ambos estilos lo han tenido. Porque Alekxis Strogonov, que es una lectura más adolescente, casi adulta, y también Las asombrosas aventuras de Jules, todas son aventuras que, como te decía, están ligadas a mi infancia. En Jules son todo temas existenciales de cuando yo era niño, en la búsqueda del porqué de la vida. Lo bueno es que los álbumes de Jules nunca han desaparecido en Francia de las librerías. Se han quedado como títulos que los libreros aconsejan a los niños y a los padres para leer a los niños. E incluso para ser compartidos en familia.

Creo que somos toda una generación que compartíamos esas mismas inquietudes, esas mismas dudas. Por eso al final también aquí, por ejemplo, me consta que somos muchos los adultos que disfrutamos de tus historias, que sentimos como si nos hablases un poco a los niños que seguimos siendo por dentro.
La mayor parte de la gente que se dicen adultos, no son adultos, son adolescentes atrasados. Pienso que para ser adulto no puedes perder tu relación con tu infancia. La infancia jamás hay que olvidarla, porque hay cosas que no has cambiado desde entonces. Eres la misma persona, quizás más culta, pero en términos de sensibilidad, eres el mismo. Igual eras más sensible cuando eras un niño, más abierto a muchas cosas, porque estabas menos formado. Cuando somos niños estamos abiertos a todo y no juzgamos, sobre todo observamos. Y eso es lo que encuentro bonito de la humanidad, de ser humano. Y eso no hay que perderlo. Por eso siempre he seguido hablando a los niños, claro, y a esos seres humanos que se han quedado en parte con su infancia, con esa sensibilidad infantil, que es la mejor. La de los poetas, los artistas y de la gente que es sensible.

La primera aventura de los personajes, Boucle d’Or et les sept ours nains (Ricitos de Oro y los siete osos enanos), se publica en 2004 y La Faim des sept ours nains (El hambre de los siete osos enanos) en 2005, pero después el tiempo se dilata hasta el punto de que entre Mais qui veut la peau des ours nains? (¿Pero quién quiere la piel de los osos enanos?) y Sept Ours Nains contre le Grand Méchant loup (Los siete osos enanos contra el Gran Lobo Feroz) transcurren nada menos que 12 años. ¿Qué ocurrió para que pasasen tantos años entre los diferentes volúmenes? ¿Y qué te motivó a volver?
No sé, es que el tiempo pasa muy rápidamente… El tiempo se dilata pero en mi mente se hace más corto cada vez y no me doy cuenta de cómo pasa. Aparte de eso, entre los primeros osos que he hecho y el cuarto, creo, habré hecho seguramente un Spirou también y yo no puedo trabajar en dos cosas a la vez porque siempre estoy obsesionado por el trabajo en el cual estoy metido. Paralelamente, cuando hice el primer álbum de Spirou de La esperanza pese a todo, entre la primera idea y el último álbum han pasado nada menos que nueve años y ni me di cuenta. Es increíble. Eso es lo terrible.

Terminada tu espectacular aportación al personaje de Spirou, ¿te dejarán tus nuevos proyectos tiempo para escribir una nueva entrega de Los 7 osos?
Creo que desde que empecé a hacer cómics, siempre he trabajado cuando estaba inspirado, o sea, cuando me viene una idea y no tengo la presión del editor que te dice que tienes que sacar un cómic al año. Cuando no tengo nada que decir, me callo y ya está, y es lo que pasa. Y como te decía antes, gracias a que lo que hago nunca ha desaparecido de las librerías, con las ventas de esos libros puedo vivir y puedo seguir pensando y viviendo también, porque es muy importante guardarse tiempo para disfrutar de la vida. Aunque eso hace que no haya una gran presión tampoco. El único que me presiona soy yo mismo cuando inicio un proyecto.

La verdad es que ha sido toda una sorpresa que esta obra llegase y se editase en España, porque también aquí se han editado todos tus libros por diferentes editoriales y creo que somos muchos los lectores que admiramos y seguimos tu carrera. Lo que me llama mucho la atención en esta edición de Los maravillosos cuentos de los 7 osos es que la traducción al castellano, especialmente los títulos de cada capítulo y de algunos personajes, es sencillamente genial. Como autor con raíces familiares españolas supervisas o estás pendiente de algún modo de las ediciones y traducciones que se hacen en otros países, como es el caso de España, ¿tuviste algo que ver en este caso?
No me lo piden porque muchas veces no saben que yo leo también el castellano. Además en idiomas como el inglés no podría pretender cambiar las traducciones ya que hay gente que lo hace muy bien. Las traducciones en castellano, sin embargo, las leo como un niño. Cuando venía a España a veranear, leía los tebeos y todas esas revistas que teníais, sobre todo de Bruguera. Por eso cuando veo mis traducciones las leo como cuando leía esos cómics de pequeño. Para mí es como una nueva historia, porque pienso que una traducción es realmente un trabajo de autor. Hay que apoderarse de la obra y hay muchas cosas que, claro, culturalmente no funcionan bien, y hay que encontrar la equivalencia en la cultura del país, y ese es realmente el trabajo difícil. Para mí es como si un español me contase una historia que no conocía. Y cuando me descojono, como decís, pues es que funciona. Y me digo «qué bien, ha encontrado la fórmula con las expresiones que aquí». Eso es lo bonito, lo universal, en el fondo. Cuando lo leo y me río, pues digo, está muy bien, está perfecto. A veces he tenido traducciones que han sido literales, ¿sabes? Y eso no funcionaba. Y había que hablar con el traductor diciéndole «libérate, esto es francés y esto es afrancesado total, no algo en castellano». Es algo que se ve enseguida: cuando lo que leo se ha traducido bien, me meto de lleno en la historia, y siento que estoy con un español que me está contando un cuento y me río.

Hablabas de la importancia que le das siempre el sentido del humor. Francia, de hecho, tiene una enorme y longeva tradición en el campo de la sátira y del humor. Aunque ahora son cada vez más los autores en muchos países los que hablan de ciertas dificultades a la hora de hacer cierto tipo de bromas. Es un poco lo que decías antes de lo que podría decir hoy en día un editor actual de los cuentos tradicionales infantiles. ¿Piensas que sí que hay ciertas complicaciones con el tema de la corrección política a la hora de expresar y contar cosas?
Los tiempos han cambiado y hay muchas cosas que no se pueden decir como se decían antes. Hay diferentes sentidos de humor y lo interesante de las animaladas que antes se podían decir, no era la animalada en si misma, sino la reacción que causaba. En su momento era una provocación y pienso que eso hizo avanzar a la sociedad. Pero no podemos seguir utilizando la misma provocación que utilizamos en los años 60, 70 y 80. Eso ya no funciona y me parece que está mal adaptado a lo que pasa hoy. Si quieres hacer reír, hay que entender realmente lo que pasa en la sociedad y, a partir de esa visión de las cosas, tomar mucha distancia. Cuando tomas esa distancia puedes burlarte de las cosas absurdas de hoy mostrando justamente su absurdidad, por ejemplo el nacionalismo o las ideas cerradas. Esas actitudes me parecen tan pueriles e infantiles que, entendiendo la forma en que esas personas ven un cierto humor como una agresión, siempre se puede ser más fino. A esa gente que dice que hoy en día no se puede decir nada, pienso que sí se puede decir todo lo que quieras, pero no con las viejas recetas de antes. Hay que hacer evolucionar el humor. Lo que nos hacía reír hace 30 años ya no es lo mismo que hoy y eso hay que
integrarlo en nuestro cerebro para hacer cosas diferentes, más finas.

Cuando tienes la oportunidad de presentar tus libros al público en firmas o en eventos de cómic, ¿con qué te encuentras en la lista de gente esperando para que les firmes o les hagas un dibujo? ¿Gente adulta, adolescentes o niños?
Pues mira, anoche llegué de un pequeño Salón del cómic «familiar», infantil. Voy mucho más a esos Salones que a los Salones de «adultos». Porque, bueno, no sé si sabes cómo está el mundo del cómic y el mundo de los lectores y los fans de cómics, donde hay muchos coleccionistas, lo cual es un poco duro, porque a veces ni han leído los libros, no saben de qué hablar. Lo que les interesa es más el dibujito que leer. Y yo, como te decía, todo lo que hago lo hago para el niño que era. Por eso me encantan los encuentros con niños y hablar con ellos y con sus padres. Eso es lo que yo busco, porque mis lectores son ellos, no los coleccionistas. Son los niños y los padres que guardan algo de niños. Paso buenos momentos. Hablo más que dibujo, como te estás dando cuenta ahora mismo, hablando por teléfono.

¿Pensabas o tenías en mente cuando los creaste que tus personajes de Los maravillosos cuentos de los 7 osos generarían tanto interés como para dar el salto a otro medio? ¿Estás satisfecho con la versión animada creada para Netflix?
Es una catástrofe. Desde el principio, desde que los creé, en mi mente los veo vivir, los veo moverse, los veo hablar. Esos osos son yo. Y cuando he visto el resultado, ha sido horrible. Al principio me dijeron los de Netflix «nos encanta tu universo». Bien, pues les propuse hacer los guiones. Formé equipos con amigos dibujantes y guionistas. Y de inmediato nos dijeron que era un humor demasiado francés para un franco español. Entonces nos pusieron equipos americanos y ahí tenemos el resultado. Esto no tiene que ver con mis osos. No son ellos. No hablan así, no piensan así. Han hecho lo que hacen siempre: una estupidez de dibujos animados que ni son para los niños ni son para los adultos. Estos dibujos animados no desarrollan realmente la mente de los niños. Es una pena terrible porque es no entender una cosa que me parece tan sencilla de comprender. Son tan tozudos que no entienden algo tan evidente como el hecho de que los mejores dibujos animados, que siguen teniendo éxito hoy en día, han sido hechos por sus autores, ya sean los Simpson, South Park o Bob Esponja. Sólo el autor es quien mejor conoce y entiende el personaje y cómo funciona. Han hecho 11 pequeñas historietas, pero que no habrá más, porque es malo y a la gente no le gustan. Es mejor que lo dejen a ver si recuperamos los derechos para hacer una cosa bien hecha en algún momento.

Volviendo a la colección en la que se editaron originalmente Los maravillosos cuentos de los 7 osos, entiendo que compartes que sigue siendo importante, como lo fue para generaciones como las nuestras, la importancia del formato del cómic para aficionar a los niños a la lectura.
Claro. Yo aprendí a leer con los cómics. Sin darme cuenta, además. Cuando entiendes lo que expresan los dibujos, quieres saber también lo que están diciendo, porque te están hablando. Al principio son los adultos quienes te lo cuentan porque son ellos los que saben lee, pero eso te hace tener ganas de autonomía por saber lo que te dicen los personajes y por eso aprendes mucho más rápido. Eso acelera además las ganas de entender, a lo que ayuda también la lectura. Lo decía antes: la pedagogía que está basada en la distracción y el humor me parece muy buena. Hace que no te aburras. Esos son los mejores profesores. De los que yo recuerdo, los que me han construido son pocos. Una vez intenté contarlos y no son más de cinco. Pero el punto común entre ellos era el sentido del humor. No seguían realmente el curso tal cual la institución les pedía. Siempre ilustraban lo que decían con ejemplos, contando historietas. Y eso era lo bonito. Además te escuchaban y había mucho diálogo. Es la gente así quienes nos construyen y eso lo recuerdas todo tu vida. Se aprende pensando y si te puedes reír además, pues mucho mejor. Esa es la fórmula para avanzar. No te tomes nada en serio. Haz las cosas seriamente, pero no te tomes nada en serio.
SOBRE EL AUTOR

EMILE BRAVO
Émile Bravo nació en 1964 en París e inmediatamente se esforzó por garabatear en todo lo que había a su alrededor. Cuando comprendió que podía contar historias con sus dibujos, empezó a escribir cómics. Mucho más tarde, cuando se da cuenta de que es un oficio (llamado «autor de cómics») y que tiene que ganarse la vida bien, prueba suerte y se adentra en un territorio desconocido y hostil… Afortunadamente, le acompaña su viejo cómplice Jean Regnaud con quien se inició (Aleksis Strogonov, en Dargaud). Luego conoció y se hizo amigo de otros nuevos exploradores (Sfar, Blain, Guibert…) que le animaron en su lucha por el cómic infantil y con los que fundó el Atelier des Vosges. Luego creó Las asombrosas aventuras de Jules (en Dargaud), que le dio a conocer al gran público. Posteriormente produjo Ricitos de oro y los siete osos enanos (Le Seuil jeunesse) y Mi mamá está en América, conoció a Buffalo Bill (Gallimard Jeunesse, imprescindible Angoulême 2008). Para ampliar su público, Émile Bravo revela para Dupuis su visión personal de Spirou y Fantasio e intenta dar respuesta a todas las preguntas que se planteaba de niño: ¿cómo puede revelarse un adolescente que sostiene las puertas de un hotel? ¿Y convertirte en el joven aventurero que conocemos? ¿Estaba enamorado? ¿Tiene una opinión política? ¿De dónde viene su inquebrantable amistad por Fantasio? Son estas preguntas y algunas otras las que Émile Bravo intenta responder en El diario de un ingenuo, una aventura de Spirou y Fantasio de Emile Bravo. Al situar su álbum en 1939, nos ofrece el álbum fundacional de la serie Spirou et Fantasio, el que explica, o al menos pone en perspectiva, los álbumes publicados hasta la fecha. El diario de un ingenuo obtuvo el Gran Premio del Cómic RTL 2008.







