Carlos Giménez logra dibujar el terror más intangible con «Una voz en la noche». Edita Reservoir Books.

A veces la casualidad o cierta justicia poética son capaces de remendar los olvidos o los huecos de la Historia en la que ciertos nombres pudieron ser escritos con mayúsculas. El de William Hope Hodgson es uno de ellos. Curiosamente no hace mucho hablábamos aquí de la adaptación de otra de sus obras más recordadas: La casa en el confín de la Tierra, que el gran dibujante Richard Corben llevó a viñetas de modo magistral descubriéndonos universos de una inmensa oscuridad cósmica de la mano de un autor que influyó directamente en la obra de maestros posteriores como H. P. Lovecraft. Sin embargo, como marino que fue en su interesante vida real, W. H. Hodgson es especialmente recordado pro su capacidad e imaginación inventando nuevas formas de terror en ese siempre misterioso medio que le dio cobijo durante bastante tiempo: el mar, escenario en el que transcurren los dos relatos que Carlos Giménez nos ofrece en este más que recomendable Una voz en la noche que edita Reservoir Books con el formato y calidad de todo nuevo libro del autor. «Es verdad que el terror de W. H. Hodgson -apunta Carlos Giménez en la brillante introducción con la que nos adentra en este cómic-, el terror en el mar de sus cuentos, más que miedo -que también-, lo que produce es un desasosiego y un espeluzno que pone los pelos de punta».

«Desde hace mucho tiempo -continúa el dibujante- venía acariciando la idea de adaptar alguno de estos relatos de terror en al mar para contarlo en viñetas. Y me extraña soberanamente que hasta ahora nadie se haya decidido a hacerlo ni en los cómics -que yo sepa- ni en el cine -también que yo sepa». Y efectivamente así es. Porque Corben eligió un relato igual de original que la mayoría de relatos de Hodgson pero mucho más sencillo de adaptar por la ingente presencia de monstruos reales y miedos que dan para ilustraciones a página completa. El reto que aceptó Carlos Giménez, quien desde luego sale triunfante una vez leído Una voz en la noche, es a la vez tan sencillo como complicado de plasmar.

Una voz en la noche y La nave abandonada, los dos relatos cortos adaptados por Giménez, son historias con pocos personajes, que se basan en la narración en ambos de casos de testigos directos que han sobrevivido a dos experiencias sobrecogedoras que relatan frente a un también reducido número de amigos en cada caso. «Al adaptarlo -apunta Giménezme he dado cuenta de que no es tan fácil contar con imágenes lo que este grandísimo escritor nos cuenta con palabras. Con él pasa un poco como con Lovecraft, que el poder de sugestión que tiene la palabra, lo inconcreto de la forma del sentimiento y de la sensación, es muy difícil, cuando no imposible, de contar con imágenes. El miedo en la oscuridad total, ¿cómo se cuenta eso en imágenes? Si la oscuridad es total no veremos ninguna imagen y si las vemos -pues de lo contrario no se enterará el lector de lo que está pasando- es que no hay suficiente oscuridad».

Una voz en la noche nos sumerge en un desolador relato en el Pacífico norte. Un pequeño barco queda atrapado durante una interminable semana en una calma sin atisbo de la más mínima brisa, a la que acompaña una tenebrosa bruma que no deja ver el sol o saber siquiera dónde se encuentran. Con el timón fijo, es durante la guardia del narrador, que parece recordar muchos años después desde la cordura que otorga la tierra bajo sus pies, cuando él y su compañero Will entablan conversación con el que se dice un «pobre viejo» que les pide comida desde un bote alejado de la luz y sin querer acercarse a la esperanza y cobijo que podría ofrecerle el barco.

Carlos Giménez nos descubre el virtuosismo narrativo de Hodgson para atraparnos con apenas tres personajes en la historia contada por uno de ellos donde a su vez escuchamos el testimonio de ese «pobre viejo» a los asombrados marineros de guardia. «En el caso que nos ocupa -explica Carlos Giménez refiriéndose a ambos relatos incluidos en el libro-, la adaptación a la historieta de Hodgson que se publica en este libro, el autor -servidor de ustedes- ha decidido no solamente apoyarse en los textos del escritor, sino utilizarlos hasta donde es posible para el buen desarrollo de la narración. Lo contrario habría sido un desperdicio. Sin textos, estos cuentos habrían sido difíciles, si no imposibles, de adaptar al lenguaje de las viñetas, y cambiar los textos del autor de los relatos originales por los del autor del tebeo habría sido, además de, como ya digo, un desperdicio, una insensatez».

El equilibrio perfecto logrado en Una voz en la noche y lo que en él Hodgson en su relato original y Giménez en esta magnífica adaptación nos cuentan es capaz de despertar la misma inquietud e incógnitas que, ante el peligro aparentemente más insignificante, son capaces de arrastrar vidas a una condena verdaderamente terrible. Y, por mucho que se muestre dubitativo en su capacidad de dibujar acertadamente los tonos más terribles de la oscuridad, Carlos Giménez es capaz de hacernos sentir un mareante desasosiego al decidir lo qué queda dentro y fuera de los profundos fondos negros de sus cuidadas viñetas y páginas que, como cuenta él mismo, llegó a rehacer, cambiando varias viñetas y añadiendo páginas, antes de entregarlo a su editor.

En cuanto a La nave abandonada, asistimos a la lectura de un relato aún más apasionante, conducido aún con mayor maestría por el dibujo de Carlos Giménez, puesto que en apenas 37 páginas nos hace sentir la intensidad de alguna de las grandes novelas de aventuras ambientadas en agua salada. Para empezar, recurriendo de nuevo a la figura del narrador que cree en lo que cuenta porque él estuvo allí, asistimos a la historia desde alta mar, a bordo del navío «San-a-Lea», navegando por el Atlántico norte y arropados por el humo de la pipa de un enigmático doctor que, como prueba de sus elucubraciones sobre el origen de la materia cuenta a sus compañeros de sobremesa nocturna lo que le ocurrió cuando, joven y sediento de experiencias, partió como médico en un clíper de pasajeros de nombre «Bheotpte» con rumbo a China. Con un detallado retrato del capitán y sus dos pilotos, Carlos Giménez logra condensar en viñetas, atrayendo cada vez más nuestra atención, uno de los relatos más cautivadores y dinámicos de Hodgson. Para ello recurre a marcadas páginas de seis viñetas cada una 8salvo excepciones) que nos hacen profundizar en la historia y llegar después a toda una asombrosa y aterradora experiencia sin que podamos escapar de la narración de ningún modo hasta terminar el relato.

Es impresionante como Giménez realiza la trasposición perfecta a imágenes de toda la angustia y opresión que Hodgson era capaz de recrear con tan suma facilidad. Nuevamente se hace evidente la fascinación que debió despertar el autor en escritores como H. P. Lovecraft y afines a su círculo de intereses por el terror, la ciencia ficción y lo fantástico apenas iniciado el siglo XX. Giménez recurre de nuevo a los textos originales para explicar las escenas de la más oscura pesadilla que es capaz de crear ante nuestros ojos a partir de lo que se prometía una gran aventura descubriendo tesoros en un viejo barco abandonado que divisa la tripulación del «Bheotpte» y al que deciden acercarse a explorar.

Resulta increíble cómo elementos tan aparentemente apaciguadores como las profundidades del mar o la tranquila soledad de sus vastos desiertos de agua pueden llegar a susurrar horrores inconcebibles. Hay momentos en que el pretendido enfoque de Carlos Giménez a los que son testigos del relato del doctor nos hacen en realidad sentirnos retratados con el mismo gesto de incredulidad, horror y asombro. La forma en que el dibujante se vale a lo largo de ambas historias de los rostros de cada personaje son sencillamente geniales. Y el resultado es, honestamente, toda una sorpresa, un verdadero placer visual en la adaptación de Giménez y también, por supuesto, un indudable reclamo para despertar nuestro interés en descubrir en profundidad la obra original de un autor sorprendente que merece que su nombre sea mencionado más a menudo.

La magnífica edición de Una voz en la noche en tapa dura, lomo en tela llamativamente amarillo y habitual calidad del papel empleado resaltan el siempre cuidadoso trabajo de uno de nuestros mejores autores aún dispuesto a descubrirnos realidades y otros mundos de forma única a través de su depurado estilo clásico y único de dibujo. Una apuesta segura para disfrutar en las largas noches de verano.

SOBRE LOS AUTORES

Imagen © Carlos González

CARLOS GIMÉNEZ

Carlos Giménez (Madrid, 1941) es el autor más importante de la historieta española de las últimas cinco décadas. Cronista de la transición política en la trilogía España: Una, Grande y Libre (1976-1977) y autor del mejor retrato interior del mundo del cómic español en la serie Los Profesionales (1981-2003), es también el máximo exponente del tebeo autobiográfico con las series Paracuellos (1976-2017) y Barrio (1977-2001), o en álbumes como Rambla arriba, Rambla abajo (1985) y los más recientes Crisálida (2016), Canción de Navidad (2018) y Es hoy (2020), que conforman la Trilogía del crepúsculo. En otros trabajos recientes, ha centrado su atención en la Guerra Civil española, con la tetralogía 36-39: Malos tiempos (2007-2008), y asimismo ha regresado al panorama de las agencias de dibujantes con la serie Pepe (2012-2014). Ha realizado, además, a lo largo de su dilatada carrera, algunos de los mejores cómics españoles de ciencia ficción como Dani Futuro (1969-1970), Delta 99 (1967-1968), Hom (1977), Érase una vez en el futuro (1979-1980), Mientras el mundo agoniza (2021), o las adaptaciones gráficas de La peste escarlata de Jack London (2015) y La máquina del tiempo de H. G. Wells (2017). Ha recibido importantes galardones en su trayectoria creativa, entre los que destacan la Medalla al Mérito de las Bellas Artes en su categoría de Oro (2003), el Gran Premio del Saló del Còmic de Barcelona (2005), el Premio del Patrimonio del Festival Internacional de la Historieta de Angulema por Paracuellos (2010), el Premio del Gremio de Libreros de Madrid por Crisálida (2016) o el Premio Acero de la Fundación Domingo Malagón (2017).

WILLIAM HOPE HODGSON

William Hope Hodgson nació en 1877, en el condado de Essex, Gran Bretaña. Hijo de un clérigo, a los trece años se enroló en la marina mercante, por lo que tuvo la oportunidad de viajar por todo el mundo. Tras ocho años regresó a Inglaterra, donde trabajó como fotógrafo y profesor de gimnasia en una escuela de Blackburn. También se inició en la escritura publicando en 1905 su primer cuento Un horror tropical. Dos años más tarde vio publicada su primera novela Los botes del “Glen Carrig”, donde relata la experiencia de unos náufragos en el Mar de los Sargazos. Pero su primera obra importante fue La casa en el confín de la Tierra (1908), a la que siguieron Los piratas fantasmas (1909) y El Reino de la Noche (1912), su novela más extensa. Considerado uno de los precursores de la literatura moderna de terror y de ciencia ficción, Hodgson inspiró a grandes autores del género como H. P. Lovecraft. En la Primera Guerra Mundial se alistó en el ejército británico y combatió en Francia hasta el día de su muerte a los cuarenta años, el 17 de abril de 1918, a causa de las heridas producidas por una granada alemana.

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