Cuando profesas una afición, ésta te acompaña a cualquier lugar del mundo en el que acabes. En otros tiempos, que hoy en día muchos consideran coetáneos de los dinosaurios como mínimo, recuerdo perfectamente tener la suerte de haber fondeado en lugares recónditos de Europa en los que siempre acababa dándome de bruces con una tienda de discos donde descubrir y degustar notas conocidas y otras autóctonas de cada país. Posteriormente y, sin abandonar el vicio melómano, se abrió ante mí un universo mucho más grande y variopinto con los tebeos. De hecho, como bien sabe cualquiera que lo haya practicado, en países francófonos y cuando tienes la suerte de poder leer en francés, esta experiencia fue, es y seguirá siendo lo más parecido a haber encontrado una cueva repleta de tesoros.

En otros tiempos, cuando aquí se retrasaban años las ediciones en castellano de títulos norteamericanos, explorar librerías en Inglaterra te descubría siempre pequeñas joyas de las que ni siquiera conocías su existencia. Practicar estas búsquedas entre fumettis en Italia es igual de recomendable. Incluso en Holanda, Portugal o Grecia si rebuscabas lo suficiente había viñetas que saltaban a tus manos dejándote claro que el que es considerado arte menor es tan relevante a la hora de mostrarnos la eterna búsqueda del ser humano por expresarse dibujando en cualquier rincón del planeta. Por eso nuestra recomendación de hoy es un innovador descubrimiento, porque si bien en disciplinas como, por ejemplo, el mundo de la animación, es más fácil conocer lo que se hace al otro lado del mundo, personalmente nunca tuve la suerte hasta este Mobilis. Mi vida con el Capitán Nemo de conocer la obra de Juni Ba, un autor senegalés que, afincado en Francia, triunfa como tantos otros artistas también en Estados Unidos.

Mobilis. Mi vida con el Capitán Nemo es una original reinvención del clásico 20.000 leguas de viaje submarino traído a nuestros días, a través de una emocional aventura donde la raza humana ha perdido literalmente todas las batallas. De entre los muchos posibles finales para seres como nosotros, Juni Ba escogió el probable hundimiento de nuestra civilización bajo los océanos, esos lugares que aún son capaces de guardar secretos lejos de nosotros cuando creemos explorada, conocida, marcada, vendida y explotada cada brizna de tierra del planeta. En una breve descripción del principio del fin con el que resulta fácil identificarse, Juni Ba nos sumerge literal y directamente en un futuro distópico donde el que pare ser el único humano en muchas millas marinas a la redonda, el capitán Nemo, realiza un hallazgo inaudito en una de sus expediciones a los mismos lugares visitados una y otra vez a bordo de su legendaria nave Nautilus.

Lo que encuentra Nemo es una «cápsula de estosis», un ingenio que mantiene vivo a quien queda en letargo dentro hasta que llega el rescate. Sólo que nadie rescató durante años a Arona, la niña que despierta en el interior del Nautilus y a la que una voz robotizada que aparece como única compañía de Nemo, pondrá al día sobre las reglas y condiciones para permanecer a bordo del submarino. A partir de ese momento, quien visiblemente llevaba décadas acostumbrado a la soledad y se muestra claramente reacio a entablar cualquier tipo de relación con la niña, acabará cediendo, capítulo a capítulo, ante una relación que obviamente resulta única en todos los sentidos a medida que se nos revelan más detalles del mundo en el que ha despertado Arona, como que quienes dominan ahora lo que queda de un planeta bajo las aguas son criaturas particularmente monstruosas, feroces y más cercanas a los siniestros mundos y profundidades de Lovecraft que al luminoso relato de aventuras original escrito por Julio Verne, donde su temible Kraken sería apenas un aperitivo para los monstruos que llegamos a ver dibujados de forma espectacular y detallada por Juni Ba.

Mobilis. Mi vida con el Capitán Nemo encierra muchas lecturas detrás de todos los detalles que el autor se ha encargado de ir colocando desde que iniciamos tan curioso viaje submarino. Para empezar, el libro se abre con la frase «todo va a salir bien»… ¿te dice o te recuerda algo? No te equivocas. La popularidad de Juni Ba, reflejada en los premios de la British Fantasy Society, la Junior Library Guild y la Virginia Library Association; además de contar con el codiciado Premio IGNATZ como «Talento nuevo más prometedor», hacen que resulte muy fácil navegar, en este caso a través de la red de redes, para encontrarse con numerosas entrevistas en francés e inglés realizadas durante la promoción de este libro tanto en Estados Unidos como en Francia. Y allí te encuentras, directamente, con una declaración tan reveladora del autor como que «el libro existe para satisfacer una necesidad muy personal de encontrar una vía de escape en 2020. La historia de fondo es que estaba en pleno confinamiento, sospechando que tenía Covid porque tenía dificultad para respirar. Rápidamente me di cuenta de que en realidad estaba teniendo un ataque de pánico, y tuve todos estos destellos de un capitán Nemo postapocalíptico tratando de preservar obras de arte para que algo de nosotros permaneciera. Había leído el libro de Verne ocho años antes, y me había impactado este personaje, su espíritu aventurero, su negativa a participar en el llamado mundo civilizado, pero su apoyo a los rebeldes de la superficie contra el imperio colonial. Para entonces ya había dibujado a Nemo, y volver a verlo durante la crisis me dio ganas de crear una historia sobre la ansiedad ante el fin del mundo y los conflictos generacionales».

Pero antes de haber llegado a este momento en que entendemos la construcción dramática en la que Juni Ba afronta y enfrenta soledad, cataclismo ecológico e irreconciliables formas de pensar y afrontar vida y futuro por la diferencia entre generaciones, lo que logra introducirnos de lleno en semejante historia sin hacer preguntas salvo saber qué pasará y cómo acabará todo es, sin duda, el arte de este dibujante que cuenta que, de pequeño, tenía que caminar más una hora para llegar a la única biblioteca cercana a la localidad de Senegal en la que se crió: «algunos días caminaba una hora bajo el sol para ir a la biblioteca porque mis abuelos vivían a una hora de distancia y necesitaba un cómic en particular que sabía que estaba allí. No quería perder la oportunidad de conseguirlo, así que caminaba hasta allí para buscarlo y luego volvía. Dediqué mucho más tiempo a los cómics que a mis estudios».

«Tenía una colección de cómics bastante limitada -recuerda el autor en otra entrevista de un medio norteamericano esta vez-. Estaban los grandes cómics franceses, e incluso así, no todos. Era bastante escasa. Había unos pocos ejemplares de algunas series diferentes. Y la sección de manga era literalmente una sola estantería giratoria. Esa biblioteca me fue muy útil para descubrir ciertas cosas, y luego tenía que usar internet para buscar más ejemplares o números de las series que quería. Yo diría que lo más importante es que te obliga a apreciar todo lo que tienes, porque cuando solo tienes un tomo de Hellboy para leer durante un año entero antes de poder ir a un país europeo y comprar el resto, ¡realmente lees ese libro hasta la saciedad! Las limitaciones fueron, en cierto modo, una bendición disfrazada. Me obligaron a apreciar y a profundizar en los detalles de lo que realmente tenía. Además, hicieron que lo que poseía fuera aún más valioso, porque hay que esforzarse más para conseguirlo».

Resulta curioso comprobar como de la mezcla entre la escasa variedad de títulos y lo que podía encontrar en internet, Juni Ba desarrolló un peculiar y particular estilo que, hoy en día, es totalmente propio pero donde él nunca se ha resistido a reconocer sus mayores influencias, algunas bastante evidentes como su elegante minimalismo o la elección de colores para otorgar momentos de especial intensidad a algunas viñetas o espectaculares dibujos a toda página: «Los más obvios serían Hellboy, Gorillaz y Shaman King. Esos son los más importantes. Del lado franco-belga serían Spirou, la mayor inspiración, y luego Astérix«.

Es así como volvemos a cómo empezábamos esta recomendación, celebrando como debería hacerse en tantos otros aspectos de nuestras vidas, la mezcolanza cultural, porque disfrutar de Mobilis. Mi vida con el Capitán Nemo supone dejarse convencer por el titánico esfuerzo no de contar de un modo diferente la historia de un personaje legendario como Nemo, sino de usarlo como excusa para plantearnos preguntas como solo los mejores relatos de ciencia ficción pueden hacerlo. El resultado merece la pena, de principio a fin, a nivel gráfico y narrativo. Porque Juni Ba, como muchos experimentamos de niños, aprendió de hecho gran parte del francés e inglés que ahora emplea para desenvolverse profesionalmente a partir de su lectura de los tebeos de su infancia. El añadido es que, decidido a ganarse la vida y tras estudiar Arte apoyado por su familia, su dominio de los silencios y de ser capaz de contar exclusivamente a partir de las expresiones de sus personajes, que describen qué pasa y hacen avanzar la historia, es no solo un elogio sino la excusa perfecta para seguir descubriendo los increíbles trabajos en los que se ha visto involucrado el autor. Ojalá lleguen más obras de Juni Ba a nuestras manos en castellano, tras comprobar la calidad de sus propuesta.

SOBRE EL AUTOR

JUNI BA
Juni Ba es un escritor, artista e ilustrador francosenegalés que reside en Francia, concretamente en Montpellier. Galardonado con varios premios, crea cómics para editoriales y animación. Entre sus obras más destacadas se encuentran Djeliya, su novela gráfica debut, que recibió críticas entusiastas y fue galardonada con premios de la British Fantasy Society, la Junior Library Guild y la Virginia Library Association. Además, se llevó a casa el codiciado Premio IGNATZ como «Talento nuevo más prometedor». También ha publicado Mobilis. Mi vida con el Capitán Nemo, Monkey Meat, Las Tortugas Ninja, Black Panther y Boy Wonder. Y es que el autor trabaja con editoriales del calibre de DC, Marvel, IDW y otras.







