Las influencias con las que todos comenzamos a ser nosotros mismos, cuando tomamos conciencia de nuestros gustos y personalidad a diferencia de los demás, esas, te acompañarán toda tu vida y cada vez que cruces la línea que separa recuerdos del presente, la forma en que miras aquello con lo que creciste y aprendiste a ser persona, siempre será la más profunda. De entre cientos de estímulos en forma de viñeta, los 80 fueron vitales para varias generaciones que ahora no podemos (ni queremos) quitarnos los tebeos de la cabeza. Lejos de la nostalgia, fueron años de muchos descubrimientos en las muchas revistas de cómic que podías encontrar en quioscos y tiendas de tebeos. Como declarado fan de la línea clara europea, las revistas Cimoc y Cairo me descubrieron muchos mundos, estilos y autores considerados todavía hoy maestros. La mayor grandeza de aquellas publicaciones fue traernos a grandes dosis a maestros ya consagrados a mediados de los 80: Moebius, Bourgeon, Boucq; mientras se nos presentaba a quienes serían los maestros del siglo siguiente. España siempre fue un país prolífico en genios de la pintura pero tampoco nos quedamos atrás en ofrecer verdaderos virtuosos en el Noveno Arte como Daniel Torres. En las páginas de Cairo descubrí a este imprescindible autor precisamente cuando presentó al mundo la que sería su creación más popular: Roco Vargas.

El personaje de Roco Vargas nació de hecho en la historieta Tritón, que comenzó a publicarse originalmente en 1983 en la revista Cairo. Le siguieron El Misterio de Susurro, Saxxon y la excepcional La Estrella Lejana, todas ellas de una calidad e impacto tal que posteriormente serían editadas como álbumes individuales, dando pie a una impecable carrera como dibujante que se mantiene tan viva y vital como entonces. El mundo creado alrededor de Roco Vargas es el universo del Retrofuturo, donde viajamos a lo largo de un sistema solar planetario en el que todos los mundos están habitados por diversas especies humanas. A lo largo de sus múltiples aventuras, descubrimos que todo planeta conocido, desde Mercurio a Venus, pasando por Marte, Júpiter o Saturno, está poblados por múltiples civilizaciones en distinto grado de desarrollo. La vigencia del personaje, tras el éxito de Daniel Torres con su incesante trabajo que le dio otros éxitos masivos como el dinosaurio Tom, una serie infantil publicada en el suplemento infantil de El País. En su haber destacan, entre muchas, su incursión en la novela gráfica con Burbujas (Norma Editorial, 2009), un innovador relato donde el autor reflexiona en viñetas sobre lo que el tiempo hace en los sueños y en los anhelos de juventud. Original y magistralmente dibujado fue su Picasso en la Guerra Civil (Norma Editorial, 2018) Y, por supuesto, ese libro de dimensiones tan enormes como el trabajo en él contenido que son las 576 impresionantes páginas de La Casa. Crónica de una conquista (Norma Editorial, 2015).

Capaz, como resulta evidente, de llevarnos de in confín al otro de la imaginación o la realidad, lo cierto es que llegados al siglo XXI, Daniel Torres recuperó a su estimado Roco Vargas en nuevas aventuras que han mantenido entretenimiento y virtuosismo en cada nueva página soñada y después dibujada: El bosque oscuro (2000), El juego de los dioses (2004), Paseando con monstruos (2005), La balada de Dry Martini (2006) y Júpiter (2017), manteniendo vivo el legado de este terrícola y aventurero indómito que llegó a convertirse en héroe de todo ese espacio bañado por su Sol. Un poco más allá, en 2021, El futuro que no fue nos devolvía al héroe en un experimento gráfico como lo es la nueva obra que hoy tenemos el placer de recomendarte: Roco Vargas: memorias de un futuro que no fue. En ambas obras, Daniel Torres ejerce un ejercicio visual impredecible a cada página, donde su dominio de la línea clara que tan popular le hiciera desde hace décadas se entremezcla con un color tan desbordante como todo lo que, imaginado por el autor, éste es capaz de llevar al papel para dejarnos sencillamente boquiabiertos de principio a fin.

Para empezar, con un humor que roza el surrealismo, Roco Vargas: memorias de un futuro que no fue, es una narración metalingüística en la que Daniel Torres juega a varias bandas con el cómic, su lenguaje y las débiles barreras que, bien empleadas, apenas separan ficción de realidad. Imagina: un jovencísimo dibujante que responde al nombre de Daniel Torres, ha sido convocado a una entrevista para un posible trabajo como ilustrador de relatos por un tal señor Mistral. Sin embargo, cuando el novato ilustrador accede al hogar de su posible empleador, se encuentra, cara a cara, con que el señor Mistral no es otro que el mismísimo Roco Vargas, el Aventurero en persona. A partir de ese momento, entre retazos de historias, anécdotas y detalles nunca antes desvelados, Roco libera, metafórica y literalmente una bolsa de viaje en la que permanecían mudos innumerables recuerdos de sus decenas de viajes por todo ese universo del Retrofuturo. Jugando con los diálogos entre personaje y autor en blanco, negro y grises, Daniel Torres, el de este lado del espejo, nos sumerge a través de cientos de postales a todo color en un viaje visual que sólo se puede definir como alucinante, con viñetas a toda página, ingenios ciberpunk y escenas congeladas en la memorabilia de Roco Vargas en las que puedes permanecer horas.

Jugando con la propia historia del personaje cuando éste habla de sus primeros tiempos y aventuras, Torres se permite sobrado recordarnos esos momentos con su estilo de mediados de los años 80. Y así va avanzando, en la memoria de Roco a través de tantas imágenes e historias, hasta llegar al presente del personaje, con ilustraciones a doble página de unos colores, vida y luz tan únicos que resulta inevitable no volver a empezar a leer Roco Vargas: memorias de un futuro que no fue desde el principio apenas terminado para poder asimilar en sucesivas lecturas todo lo que el autor ha sido capaz de condensar en un álbum tan imprescindible como el resto de su obra. Antes de este cómic posiblemente nunca imaginaste la memoria gráfica que es capaz de contener una sola maleta ficticia. Y es que, como recuerda el personaje de Roco: «todo lo que aquí va a ver ocurrió en su momento. 0 mereció ocurrir, ¿qué más da? Con el futuro visto como un espejismo y el presente como una traición, la única alegría que nos puede proporcionar el tiempo es la incertidumbre del pasado. Lo mejor de las imágenes que este nos presenta es que están sujetas a la interpretación de quien las ve y las lee: usted».

SOBRE EL AUTOR

DANIEL TORRES
Nacido en Teresa de Cofrentes (Valencia) el 20 de agosto de 1958, aunque comenzó la carrera de arquitectura, Daniel Torres terminó completando los estudios de Bellas Artes en la Universitat Politècnica de València. Sus primeras historietas se publicaron en el fanzine promovido por Manel Gimeno, El gat pelat, donde también colaboraron Miguel Calatayud, Sento o Micharmut. Muy poco después, entraría a formar parte de la revista El Víbora con las aventuras de Claudio Clueco, donde explora el género negro desde las claves de revisión propias de su obra. Asesinato en 24 imágenes por segundo, la primera aventura del personaje, bebía tanto de Dashiell Hammett como del underground americano, iniciando un camino que seguiría con El ángel caído, primera aventura larga que ya atraería el interés de editoriales francesas como la prestigiosa Futuropolis, que lo incluiría en su famosa colección.
En 1982, Torres pasaría a las páginas de la recién nacida Cairo con Opium, una serie basada en las novelas de Sax Rohmer con una visión pop y desenfadada, en la que se comienza a perfilar un estilo de línea clara que explotaría el año siguiente con Tritón, la primera entrega de Las aventuras siderales de Roco Vargas. Una space opera que se desarrollaría inicialmente en cuatro entregas que presentarían una evolución constante del dibujante. El misterio del susurro, Saxxon y, sobre todo, La estrella lejana conformaron el ciclo de madurez del autor, que cerró la serie en 1987 con una obra que es ya considerada como un clásico del tebeo español.
En paralelo, Torres había realizado para Magic Strip el álbum Sabotage! y había comenzado una exitosa carrera como ilustrador. En los 90 comienza una nueva serie, El octavo día, donde desarrolla su concepto de fábula, del enfrentamiento entre la ficción y la realidad. Simultáneamente, se lanza a un proyecto novedoso en el cómic español, el relanzamiento de Opium en una colección de comic book en colaboración con Ramón Marcos, Incha y Paco Hernández. También comienza a trabajar para el mercado americano, con historias cortas (alguna guionizada por Alan Moore); pero sin olvidar su tierra, realizando Te veo IVAM para el Museo Valenciano de Arte Moderno. En 1995 crearía otro personaje fundamental en su trayectoria: el dinosaurio Tom, una serie infantil que sería publicada por el suplemento infantil de El País. A finales de la década, pasaría de nuevo por el mercado americano con la miniserie El ángel de Notre Dame.
Ya en el siglo XXI, retomaría su creación más famosa, Roco Vargas, con cuatro nuevas entregas que iría simultaneando con trabajos de ilustración y su estreno en televisión con la versión animada de Tom, el dinosaurio. En 2009 publicaría su primera novela gráfica, Burbujas, dedicándose desde entonces a su trabajo como ilustrador y al desarrollo de La casa.











