En este rincón virtual somos un poco atemporales, es cierto. Leer es una pasión propia e inevitable. Pero tener tiempo para hablar de todo lo que cae en nuestras manos no siempre va aquí al ritmo frenético de las continúas oleadas de novedades que, por otro lado, agradecemos y apoyamos. Lo que realmente nos mueve, como todo lo que siempre hemos publicado, promocionado y difundido en LH Magazin, sean música, páginas de libro o viñetas de cómic, es que nada de lo que creemos que merece la pena su espacio, su lugar, quede atrás o pase inadvertido. La espectacular obra que venimos a recomendaros hoy, Moribundo de Fran Mariscal, lleva ya meses de brillante recorrido. Desde su publicación gracias a la confianza y al trabajo de Norma Editorial, se han sucedido muchas firmas en tiendas de cómics y librerías y buenas reseñas. Personalmente no creo que sea posible hablar de esta obra de otra forma que no sea celebrando el hallazgo de un talento crudo tan sobresaliente como el de Fran Mariscal. Desde que comenzó este 2026 todo el mundo habla y recuerda más que nunca la celebrada década de los 90 del siglo pasado en el que nació, despuntó y nos deslumbró el trabajo de una editorial como Vertigo, que tantos autores y obras inmortales generó para el mundo del cómic. Entre otras mil excusas, el apartado visual de este cómic puede hacernos pensar en el dibujo de Bill Sienkiewicz o Dave McKean. Pero tras una portada que podría pasar por una de las de Vertigo, Moribundo nos lleva todavía más lejos.

Con un estilo narrativo tan rompedor como todo el variado espectáculo gráfico que Moribundo nos ofrece, la historia y origen que resume y explica esta novela gráfica comienza de modo coherente en el capítulo IV. En él, de modo ordenado, conocemos a Egon Ditkowicz, protagonista y novelista de terror en ciernes que tiene la suerte y desgracia a un tiempo de conocer y caerle en gracia a Liz Tombstone, heredera de gran parte de Hollow Hill, la ciudad de reminiscencias indiscutiblemente góticas en la que se desarrolla la acción.

Hasta ahí todo podría parecer normal. Pero muy pronto, la propia Liz le confiesa a Egon su verdadero origen y la naturaleza digamos «diferente» de su familia, que resulta ser un antiquísimo y cruel clan de vampiros que gobierna la localidad desde hace siglos. Es así como se explica el delirio por el que realmente empieza Moribundo y que nos enfrenta a un Egon bien diferente, desatado, maldito, mordido y condenado por esa misma Liz que le ha conducido a una relación particularmente tóxica donde lo que otros relatos ven como dones en los vampiros consume al escritor en una lucha interna hasta límites donde parece no tener hueco ninguna salida.

Es aquí donde resulta clave conocer el verdadero origen de Moribundo, que su autor ha explicado en cada entrevista y rincón de sus redes sociales: «Moribundo surge como una necesidad de purga personal después de haber vivido una etapa complicada en mi vida. Nace durante mis sesiones de terapia junto a mi psicóloga tras verme envuelto en una depresión absoluta causada por la ruptura con mi ex pareja; pero no es hasta que me siento preparado y sano que retomo la historia para convertirla en lo que es hoy en día». Tras vivir una experiencia por la que muchos hemos pasado en algún momento de nuestras vidas, Fran Mariscal convirtió su sufrimiento y recuperación, como tantos otros autores que desatan su vida en sus obras, en arte. En su caso, decidió plasmarla a modo de cuento: “un cuento para adultos sobre el desamor y una enfermedad de nombre depresión; una fábula donde aparecen progenitores malvados, amistades venenosas, relaciones tóxicas, lujuria, adicción y un montón de peligros de los que jamás nos advirtieron de niños”.

«El miedo se basa en lo que la gente no entiende, eso es lo que más teme», añade el autor al profundizar en cómo ese germen de redibujar sus sentimientos en forma de relato acabó convertido en una excepcional primera novela gráfica de 228 páginas. «Existen los cuentos porque el ser humano tiene una necesidad desde sus primeros días de contar historias. Una buena historia no es solo la que te cuenta un diario. Una buena historia tiene un mensaje detrás y una lección que darte». El resultado no pudo ser y salir mejor. Y gracias a la catarsis de Fran Mariscal ahora podemos disfrutar de una obra hipnótica desde que llegamos a la primera página. A propósito, este joven dibujante nos descoloca y desorienta presentándonos a un Egon que quiere salir de su particular infierno encadenado sin saber cómo. «Como artista tengo el poder y la responsabilidad de representar temas que me tocan de cerca, eso es lo que hace que la gente empatice y genere sensaciones. Eso es lo que marca la diferencia entre un producto vacuo y uno con alma». Y te aseguro que la metáfora que realmente es Moribundo funciona haciéndote pensar mientras descubres a un autor que convierte en viñetas lo que para él son sus fundamentos como autor de cómics: «siempre me han fascinado las ideas escalofriantes y el estilo gráfico de los 80. Creo en combinar ambas cosas con mis habilidades narrativas y en mejorar continuamente mis habilidades para dar vida a esas ideas».

Declarado amante de la temática gótica, aparte de lector convencido y probado cinéfilo, Fran Mariscal explica su particular combinación de influencias creando Moribundo: «los personajes tanto de Egon como de Elisabeth son diseños reciclados de un proyecto que empecé en 2019 mezclados con otros de un fanzine de 2017 (curiosamente la vampira de esa historia se llamaba Lizz, también usa pendientes de rombos y es una mezcla de Liz y Piedad) El personaje de Liz es en definitiva una mezcla de estos personajes que inventé mezcladas con la vampira Odette de Geena Davis -en la comedia de terror Transylvania 6-5000–. El nombre de Liz por cierto viene de Elisabeth Kübler-Ross, la escritora del libro Sobre los muertos y los moribundos. Es por eso que el cómic se llama así, y por eso también hay otro personaje que se llama Ross».

Moribundo es una obra que incluso mientras la disfrutas por primera vez ya incita a la relectura por todos los detalles, dibujados y escritos, que Fran Mariscal va dejando como pequeñas migas de pan creativas en el tortuoso camino de Egon, quien encontrará personajes que le ayuden por encima de quienes tratan de hundirle y anularle. «me parecía vital dentro de la historia mostrar igual que lo viví yo, gente que siempre había estado ahí y que seguían estando ahí; gente que había estado ahí y que de repente se desvelan con malas intenciones o te dejan de lado y también gente que nunca había estado y que llegan a tu vida en el peor momento y que en ese momento te muestran su mejor cara y de forma genuina lo buenos que pueden llegar a ser contigo y la paciencia que pueden tener, como el personaje de Piedad».

La forma en que está dibujada Moribundo es todo un poema visual, aunque meticulosamente planificada y orquestada en la mente de Fran Mariscal como las mejores películas. Y es que, aparte de declaraciones que comprendemos completamente leído el cómic como que «David Lynch fue una gran inspiración en mi proyecto. Al igual que Bill Pullman en Lost Highway, Egon tratará de recobrar conciencia mientras se enfrenta a los demonios de su pasado». Y es que, pese a su talento como narrador gráfico, Fran Mariscal insiste en relacionar sus viñetas con el séptimo arte: «el cómic se parece más al cine que a la ilustración y lo más importante siempre es la manera en que se cuenta la historia. Todas las historias están ya contadas, pero realmente lo que diferencia a una de otra es el director, la persona que está entre bambalinas. Al final siendo dibujante o guionista de cómics lo haces todo, eres el director, eres la actriz principal, el secundario, el de maquillaje, el de iluminación… Eso es mucha responsabilidad y hay que saber gestionarlo. Yo tenía claras algunas cosas como los personajes o que quería romper las calles -la separación entre viñetas-. Hay un cómic de Batman de la época de Vertigo en la que se hace».

El resultado final, incluso si fue fruto de una experiencia real del autor, deslumbra por si solo en un relato que te atrapa, te sacude y te hace asistir y casi sufrir la imparable y angustiosa montaña rusa emocional del personaje de Egon tratando de poner fin a una relación que, en su caso, literalmente sólo puede acabar en algo incluso peor que la muerte. Conducidos por la exuberante maestría de un autor al que le queda todo por decir en el mundo del cómic, pocas veces leerás tan rápida e intensamente una novela gráfica con más de doscientas páginas que, como la mejor película o libro, te saben a poco. Por eso acabamos como empezamos: talentos como el de Fran Mariscal y una obra como Moribundo merecen recordarse y recomendarse sin parar hasta que su eco nos ofrezca su siguiente trabajo que, como tantos otros lectores y lectoras de buenas historias de dibujo sobresaliente, estaremos esperando ansiosos.
SOBRE EL AUTOR

FRAN MARISCAL
Dibujante jerezano, formado entre Jerez y Barcelona. Fue cartelista para eventos como Autores en Viñetas, colaboró en fanzines como El arca de las historietas, Fanzinomicón, Killer Toons o Sextories y participó en obras colectivas como Primavera Graphic Sound o Diferente. También trabajó como ilustrador para la editorial Insólita, realizando las portadas de varios de sus libros, y fue colorista de la serie web SuperZings en Youtube. En 2025 publica su primera obra larga: Moribundo (Norma Editorial).






