La popular autora coreana, artífice de Hierba y La espera, ofreció una rueda de prensa para presentar su nueva novela gráfica, a la venta desde el 14 de marzo.
El éxito de figuras como Keum Suk Gendry-Kim deberían darnos esperanzas en nosotros mismos. Porque lo logrado por esta autora completa coreana va más allá de su excelente trabajo como dibujante o su capacidad para condensar y contarnos historias cargadas de emotividad. La importancia de nombres como el suyo es que el mensaje de su obra provoca reacciones y da que hablar en el sentido de recordarnos a nosotros mismos los pozos de oscuridad que caminan siempre cerca de nuestra condición de seres humanos. Sus dos obras más populares así lo demuestran, contándonos miserias increíbles que muchos posiblemente desconocíamos hasta que Keum Suk Gendry-Kim habló de ello. Porque respetados por su pacifismo y cultura actuales, quien diría que el ejercito imperial japonés fue capaz de secuestrar a tantas mujeres coreanas para convertirlas en esclavas sexuales como refleja Hierba (editada en 2022 por Reservoir Books), la historia real de una joven coreana superviviente de ese angustioso pasado de horror. De igual forma La espera (editada por Reservoir Books en 2023) es otro testimonio gráfico igual de sorprendente sobre cómo cientos de familias enteras viven separadas en las dos Coreas como consecuencia de la guerra que dividió al país. Y de los recuerdos de quienes viven esa situación, Keum Suk Gendry-Kim recupera historias sobre la guerra escalofriantes, ocurridas apenas en el cercano siglo pasado.

Traducidas sus obras ya a más de 35 idiomas, nos quedamos con la esperanza de creer que el trabajo de Keum Suk Gendry-Kim nos hace recordar a todos la fragilidad de nuestras sociedades. Levantándonos tras cada caída, siempre, como todos sus personajes, que nunca se rinden ni en las peores circunstancias. Pero conscientes de lo que no deberíamos olvidar.

Apenas un año después y sin que la importancia de su figura haya menguado lo más mínimo, Keum Suk Gendry-Kim nos presenta ahora un libro diferente: Perros, la historia de una mujer que nunca llegó a imaginar que compartiría su vida con un animal de compañía. Sin embargo su marido, triste por la muerte reciente de su abuela, con la que le unían fuertes lazos desde su infancia, insiste hasta que acaban haciéndose con uno. Curiosamente la llegada del animal, a quien bautizan como Zanahoria, «porque es largo como una zanahoria, y anaranjado», cambiará las rutinas y la vida de la pareja hasta el punto de que incluso se mudan de la ciudad al campo para mejorar las condiciones de vida de su animal. Y será allí, en una pequeña población cercana al mar y a una hora de Seúl, donde la pareja, pero especialmente la mujer, acabará dándole la razón a su marido que, llegada Zanahoria a su hogar, ante la apatía de ella, le contaba: «en casa de mi abuela había un perro. Para mí no era solo un perro, sino un hermano pequeño. Estoy seguro de que, cuando menos te lo esperes, te vas a enamorar de Zanahoria. Incluso antes que yo».

Poco después de haberse mudado al campo y cuando los paseos al aire libre junto a Zanahoria se han convertido en una bendición, se dan cuenta de la cantidad de perros de todo tipo que viven a su alrededor. Muchos de ellos abandonados, otros desatendidos por sus dueños, encerrados en jaulas en condiciones deplorables. Incluso más allá, se nos recuerda que Corea es uno de esos países donde, a día de hoy, comer carne de perro es una costumbre que se remonta a más de seiscientos años atrás, cuando China introdujo una tradición tan cruel. El mensaje está claro. Y a cada página de esta novela gráfica con más fuerza porque la pareja del relato adopta muy pronto a un segundo cachorro al que abandonan frente a su puerta, Patata, para acabar adoptando un tercero, Choco, en un cambio total de mentalidad a medida que convivir con animales se convierte ya no en forma de vida sino incluso en forma de ser.

Apenas se inicia la entrevista, Keum Suk Gendry-Kim confiesa algo evidente, que sí repite el esquema de su trabajo anterior, colocándose a si misma como parte de la historia, ya sea investigando o viviendo el tema del que trata: «Esta obra se basa en mis experiencias personales. Soy yo la que me he mudado a una isla cerca de Seúl. Hablando de mis perros, el primero se llama Zanahoria y es muy sensible a los sonidos, así que optamos por mudarnos al campo para que pueda vivir más felizmente. Y mientras vivíamos ahí, durante los paseos diarios me cruzaba con varios perros sometidos, en condiciones de peligro para su salud, así que quería contar las historias de esos perros. Mientras tanto de mi tercer perro que se llama Choco, celebramos según el calendario lunar el 14 de marzo su cumpleaños, que es la fecha en que se publica el libro en España, lo cual es muy significativo para mí».

Usted lleva mucho tiempo ejerciendo como profesional del dibujo en diversos campos de la ilustración. Sin embargo son las historias reales y crudas contenidas en Hierba y La espera las que han tenido éxito mundial y han llegado a más lectores. Cuando afrontó su siguiente libro, ¿sintió que debía usar su posición como autora de éxito para seguir denunciando injusticias, como las que se cometen con los animales en el caso de Perros?
«Más allá de la historia tengo mucho interés en los rincones sombríos de la realidad y una parte de tristeza de nuestra sociedad o el dolor, así que tengo mucho interés en contar las historias de tristeza o dolorosas de la realidad. En ese sentido yo creo que la historia y las relaciones con los animales no son diferentes en lo esencial. Para mí son temas iguales. Por poner un ejemplo, en mi obra anterior, La espera, hay una historia entre un perro y una madre».
Con un ritmo narrativo completamente diferente al de sus obras anteriores, Keum Suk Gendry-Kim se dedica en Perros a contarnos y reivindicar las vidas y derechos de esos perros que pasan de ser animales anónimos a seres con nombre. Muchos de los capítulos de Perros llevan como título los nombres de aquellos a los que la autora encontraba en sus paseos diarios junto al camino, encerrados, atados o sueltos: Bollito, Elvis, Kami… más los suyos propios que, con su propio lenguaje, pasaron a formar parte de la verdadera familia de la autora: «los animales son diferentes de los humanos y los animales en si deben ser respetados, su naturaleza, su carácter, porque ellos son diferentes pero tienen el derecho a ser respetados. Yo que trabajo en casa comparto mis 24 horas del día con mis perros. Y aprendí a conectarme con ellos y me di cuenta de que los perros sí pueden comunicarse con los humanos e intenté entender su lenguaje o los movimientos de su cola y su mirada. El lenguaje corporal es su lengua y a través de esa lengua nos transmiten sus pensamientos y sentimientos. La comunicación con mis perros cada día me asombra más y me alegra mi propia vida».

«En el proceso de la comunicación con los perros – continúa la autora – los humanos también se sienten muy felices. Yo cada día paseo a los perros una hora y media al menos dos veces al día sin importar las condiciones metereológicas, porque sé que ese paseo les da mucha felicidad y su felicidad es la mía. La felicidad de los animales de compañía está directamente relacionada con la felicidad de sus dueños y los humanos y los animales de compañía comparten su felicidad«.
Por eso Perros, a diferencia de sus anteriores trabajos, medita directamente con interminables y apaciguadas escenas de paisajes, de animales, con sus gestos, sus expresiones, su naturaleza únicamente buena. Entremedias, Keum Suk habla de la cruda realidad, presenciada en algún caso por ella misma y su pareja, como cuando por la zona en la que viven pululan personajes tan tétricos como el temible «comprador de perros». «Esa costumbre -relata Keum Suk,- la cultura de comer perros se remonta a 600 años antes de Cristo en China y a los grupos animalistas de Corea y alos amantes de los animales les ha llevado mucho tiempo rechazar esta costumbre. Incluso el expresidente de Corea y el presidente actual han dicho que ya era hora de terminar con esa práctica y ya está ratificada la ley que prohíbe el consumo de la carne de perro, pero ésta no entrará en vigor hasta dentro de tres años. Actualmente una cuarta parte de la población coreana comparte su vida con animales de compañía además de que la percepción hacia los perros ha cambiado totalmente, sobre todo en las generaciones jóvenes ya que la tasa de natalidad en Corea es muy baja, lo que quiere decir que los jóvenes de hoy en Corea optan por vivir con los animales más que con los niños. En 3 años desaparecerá la costumbre de comer carne de perro y la mayoría de los granjeros de perros o los restaurantes cerrarán las puertas o cambiarán las cartas, sin embargo siempre existirán negocios clandestinos fuera de las leyes. Pero tengo la esperanza de que como la sociedad de Corea es cambiante, que cambia mucho más rápido que las demás, la gente se adaptará a la nueva costumbre y así cambiará mucho más en el futuro».

Su técnica de dibujo en otros trabajos, aunque siempre detallista en los paisajes y en los edificios, nunca se había mostrado tan realista como en Perros (basta echar un vistazo a las muestras de páginas que acompañan este artículo). Aquí la sensación de pasear junto a los personajes y sus animales es completa, da la sensación de haber sido captada desde el natural, como demuestran los muchos bocetos incluidos al final del libro junto a las fotografías de los animales reales. ¿Cuánto tiempo le ha supuesto el trabajo gráfico de este libro desde que pensó la historia que une los dibujos?
«En Perros me esforcé mucho en describir muy detalladamente los personajes, los animales y todo el fondo, porque sobre todo los perros tienen pelajes y quería describirlo con líneas y quería trasmitir la felicidad que sentían mis perros al pasear y corretear en la naturaleza pasando las cuatro estaciones, por ejemplo paseando en el bosque en la época de la floración o jugar a la pelota en un bosque nevado. Y creo que esas escenas muestran los momentos más felices tanto para mis perros como para mí. Quería transmitir esa felicidad a mis lectores y quería retratar y transmitirlo de modo muy minucioso, los movimientos de los perros y también las circunstancias que los rodean«.

El título del último capítulo del libro, «La vida continúa» resume lo vivido por Keum Suk desde que Zanahoria, Patata y Choco aterrizaran en su vida, como en las de cualquier otra persona que realmente sepa lo que es amar a los animales: «Los perros también tienen derecho a disfrutar de un mínimo de felicidad. Diariamente me cruzaba con muchos perros maltratados por sus dueños. Además en Corea los perros que se consumen son de determinadas razas, pero yo creo que los perros, independientemente de su raza, son inteligentes y también tienen derecho a ser amados por sus dueños. Así que quería contar lo inteligentes y buenos que son los perros sin importar su situación. Mi primer perro fue adoptado en una tienda de mascotas y la mayoría de mascotas apenas tenían uno o dos meses. Si hubiese conocido este mundo antes no habría comprado un perro en una tienda, habría adoptado a un perro abandonado. Cada día veo a muchos perros que se encuentran en condiciones vulnerables y miserables. A veces les doy de comer y los paseo, pero eso son diez minutos. Para que mi acción tenga mayor efecto social pensé que el libro sería el método más eficaz para dar a conocer esa situación y esa realidad triste de los perros y la diferencia entre la ciudad y el campo, porque normalmente en las ciudades los dueños tienen más responsabilidades y cuidan más minuciosamente a sus perros».

Perros es una novela gráfica que todo amante de los perros entenderá y disfrutará pero, sobre todo, querrá compartir con quien todavía no se haya dado cuenta del respeto que les debemos a los animales de compañía. Creo que la mejor forma de terminar es hacerlo con la frase que Keum Suk escogió para empezar este libro:
«Nacer como humano es una bendición divina. Esta gracia viene acompañada de una responsabilidad sagrada. Supera la gracia otorgada a todos los seres vivos sobre la Tierra: árboles, peces, bosques, pájaros. Por eso el ser humano tiene el deber de cuidarlos«.
Proverbio nativo americano.

SOBRE LA AUTORA
Keum Suk Gendry-Kim nació en Goheung, en la provincia de Jeolla (Corea del Sur). Se licenció en Bellas Artes en la Universidad Sejong, en Seúl, y terminó su formación artística en la École Supérieure des Arts Décoratifs de Estrasburgo. Vivió diecisiete años en Francia y empezó a publicar dibujando sus primeras novelas gráficas para el mercado francés, de las que destacamos Le chant de mon père (2012) y Jiseul (2015), así como L’arbre nu (2020); también ha ilustrado numerosos libros infantiles y traducido más de cien libros. Hierba (2017) es su primer libro en coreano y el que mayor proyección internacional le ha dado, traducido a catorce idiomas y ganador del Premio Antifaz al Mejor Cómic Internacional Editado en España, entre otros prestigiosos galardones. A este han seguido Jun (2019) y La espera (2021).








