“El arca de los dragones”, con textos de Curatoria Draconis e ilustraciones de Tomislav Tomić, Edita Astronave.

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Con el estreno de la película Dragones y Mazmorras aún reciente, resulta más anecdótico que nostálgico ponerse a recordar los tiempos en que la literatura y el género fantástico, en general, eran el reducto de un grupo escaso de aficionados a un género que, especialmente en un país como éste, siempre tuvo una tradición minoritaria y al margen de lo comercial. A finales de los 80 e incluso en los 90 del siglo pasado, había que encargar o tener la suerte de poder comprar fuera material de índole fantástica que hoy, sin embargo, inunda hasta las tiendas de ropa de marca. Por supuesto, siempre tuvimos tiendas de cómics maravillosas, incluso algunas desaparecidas como Madrid Cómics, con estanterías llenas de libros de importación de lo que se masticaba en las fauces del Fantástico en Estados Unidos o Inglaterra, pero fuera de esos lugares siempre maravillosos, la búsqueda era más ardua.

Personalmente mi debilidad siempre fueron los dragones. Lo que cae en tus manos a determinada edad está claro que marca tus aficiones de por vida. En mi caso fueron dos películas, la primera basada en un libro: El vuelo de los dragones, película de animación de 1982 dirigida por Jules BassArthur Rankin Jr., basada en el relato The Flight of Dragons de Peter Dickinson, que más tarde descubriría ilustrado por otro genio de aquella década de quien sólo se podían conseguir libros de importación: Wayne Anderson. La segunda película fue Dragonslayer de 1981 (traducida aquí como El Dragón del Lago de Fuego), una maravilla visual de la factoría Walt Disney que aún aguanta el paso del tiempo, en especial en lo tocante a los efectos especiales tradicionales. Curiosamente el dragón Smaug de El Hobbit de J.R.R. Tolkien llegó más tarde, casi al tiempo que el mítico videojuego Dragon’s Lair animado por el mítico Don Bluth. También lo hicieron los libros El Último Dragón de Byron Preiss y Michael Reaves, una joya profusamente ilustrada por las ilustraciones a lápiz y carboncillo de Joseph Zucker e incluso Los Ojos del Dragón del mismísimo Stephen King. Dragones y Mazmorras y las crónicas de la Dragonlance extendieron la presencia de este ser legendario más allá de los 90 con una larga lista de encuentros con dragones hasta un despuntar definitivo de estas criaturas con dos eventos casi consecutivos: el inicio en 2012 de la perfecta trilogía Cómo entrenar a tu dragón y el inicio en 2011 de la serie que cambiaría el mundo de las series: la primera temporada de Juego de Tronos.

Pues bien, llegados aquí y cuando parecía que nada más impresionante que todo eso era posible, en especial las dos últimas menciones, la editorial Astronave ha vuelto a sorprendernos con un libro orientado al público juvenil e incluso infantil, gracias a la historia, propuesta y textos de la veterana Curatoria Draconis, quien en realidad no es sino Emma Roberts, una autora y editora de libros infantiles londinense galardonada en varias ocasiones por razones más que evidentes en libros como éste. Aficionada incondicional al género fantástico, en la actualidad vive en Cheltenham con dos perros callejeros adoptados de nombres tan obvios y referentes como son Frodo y Arya. Su propuesta, en lugar de ser mera excusa para el despliegue gráfico del que ahora hablaremos, es en realidad una sana invitación a usar este libro como un juego: nos presenta a un equipo formado mayoritariamente por un grupo de intrépidas aventureras que nos conducen al arca que da título al libro: una nave fantástica y gigantesca donde se refugian dragones de los cinco continentes. Gracias a ella y en ella surcaremos todos los mares conocidos para descubrir los nombres y hogares de todas las especies de dragones. Pero en especial a la búsqueda del único dragón al que nadie ha encontrado o visto desde hace siglos: el dragón celestial chino.

Y aquí es donde entra en juego la maestría indiscutible de Tomislav Tomić, artífice de las increíbles ilustraciones a color y en blanco y negro que encontramos a cada página en un glorioso gran formato de 27×37 cm. con tapa dura e incrustaciones doradas, para hacer de la experiencia de asomarse a este libro más de una sensación: la calidad del papel empleado, el detalle y cuidado de cada rincón de cada página, texto y dibujo… Conocido por sus dibujos a pluma y tinta basados en los grabados renacentistas, el toque adulto de los dibujos de Tomislav Tomić hace de este libro una pieza de colección imprescindible para cualquier verdadero amante de los dragones y sus representaciones. Porque, curiosamente, este mismo mes la misma editorial Astronave repite autores en otro espléndido libro de su colección, El club secreto de los unicornios que, sin embargo, está mucho más orientado al público más infantil tanto en los escritos de Emma Roberts como en los dibujos de Tomislav Tomić.

Podríamos hablarte de cada continente y de cada dragón inventado (o protegido) por Curatoria Draconis, pero la verdad es que, en este caso, creo que la mejor forma de convencerte de que te acerques a tu librería más cercana a buscar esta maravilla ilustrada, es que te des un pequeño paseo virtual en las páginas que te mostramos un poco más abajo. Esperamos que aprecies el nivel de detalle y calidad de esta obra que, en realidad, es un viaje en cuyas páginas posiblemente podrás pasarte horas imaginando o recreándote en la elegancia e imaginación de los autores, hasta llegar a la sorpresa final de un libro que se disfruta mucho más que mil veces.

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