“Judee Sill”: la cantante de folk más autodestructiva, en viñetas, con guión de Díaz Canales y dibujos de Alonso Iglesias. Edita Norma Editorial.

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Hay obras a las que resulta imposible evitar. En el mundo del cómic, como en el de la literatura o cualquier arte también existe ese Star System típicamente cinematográfico en el que determinados autores que se han ganado nuestro respeto a pulso (el de críticos y público) a base de mucho trabajo, son una apuesta segura de lectura. La sorpresa, en estos casos, reside en descubrir qué han decidido regalarnos a la vista en esta ocasión. Porque de sus habilidades como guionista o dibujante hace tiempo dejamos de dudar para sólo disfrutar de sus apuestas creativas. Seguro que os vienen muchos autores nacionales a la cabeza cuyas nuevas publicaciones son un acontecimiento en sí. Y esta maravilla de libro que, en todos los casos, atrapa tu mirada desde que miras su portada, no es un excepción. No hace falta presentar al guionista Juan Díaz Canales, autor multipremiado en medio mundo que nos regaló las aventuras de Blacksad y ahora las de Corto Maltés. Pero aún menos a Jesús Alonso Iglesias, autor de cómic de obras muy personales a la vez que responsable del diseño de personajes de la ganadora del Premio Óscar a la Mejor Película de Animación, Spiderman: Un nuevo universo, cuya continuación, Spiderman Cruzando El Multiverso, se ha estrenado hace muy poco.

Judee Sill fue una cantante y compositora única. Su talento era tal que el todopoderoso productor David Geffen no dudó en editar el primer disco homónimo de la artista en 1971, en un sello discográfico completamente nuevo como fue Asylum Records. Sin duda aquel fue un año y unos tiempos en los que todo era posible aún musicalmente. Como cita Díaz Canales: Judee Sill era una persona extremadamente talentosa y sensible que incluso tuvo suerte porque llegó en un momento en que su sensibilidad y tipo de música encajaba bien en California, en Laurel Canyon a principios de los 70: la música folk, la psicodelia, la espiritualidad heredada por el movimiento hippie”. A partir de ese momento se lanzó a darse a conocer por medio mundo y su nombre quedó grabado en todo aquel que tenía la oportunidad de verla en directo, donde no le importaba hablar mal incluso de los músicos a los que teloneaba, como tan bien muestran Díaz Canales y Alonso Iglesias en el libro.

Su segundo y último disco llegaría en 1972, “Heart Food”. Al parecer, y pese a ser décadas de mente tan abierta como extenso era el consumo de todo tipo de drogas por entonces, el mundo no estaba preparado para una figura con las ideas tan claras. Pero al menos y, a diferencia de tantos artistas malditos, Judee Sill sí disfrutó hasta sus últimas consecuencias de su breve momento de gloria, fama y popularidad. El problema es que apuró tanto cada vivencia que su vida se truncó por una sobredosis en 1979, cuando tan sólo contaba con 35 años. Olvidada en vida en sus últimos años como confirman los autores de la novela gráfica, a los que les resultó difícil encontrar indicios, pistas y datos de la vida de Judee en sus últimos años: “al mismo tiempo que estábamos haciendo el cómic se estaba haciendo un documental sobre su vida, cuando hacia años que nadie se acordaba de ella. Quitando eso teníamos pocos elementos, que te da mucha libertad creativa, pero a nosotros no nos interesaba una reconstrucción biográfica, sino una reconstrucción historiada a partir de los elementos que teníamos”.

Por suerte el tiempo parece que a veces sí pone las cosas en su sitio, y su figura siempre ha permanecido como referente de culto para infinidad de artistas de esa mezcla suya tan personal de folk, cantautora y compositora innovadora. Con sus dos únicos discos reeditados y recuperados en los últimos años, en la década de los 2000 se han recuperado igualmente grabaciones en directo y rarezas que han llegado hasta el momento en que Díaz Canales y Alonso Iglesias se dieron cuenta de la gran historia gráfica que podía ser contada a partir de la vida y obra de Judee Sill con una idea básica en mente según Díaz Canales: “visibilizar a un personaje que ha pasado desapercibido a varias generaciones injustamente”.

Con una afinidad gráfica y de guión plenamente acorde a semejante personaje real, Díaz Canales y Alonso Iglesias nos llevan a un viaje excepcionalmente original, donde los saltos en el tiempo nos ayudan a entender, a partir de la vida de Judee Sill, el peso de su legado. A nivel visual, el esfuerzo mayúsculo de Alonso Iglesias por ofrecernos algo totalmente diferente a su ya de por si depurado estilo, nos sumerge como ningún autor ha logrado en la esencia misma de la década de los 70. Alonso Iglesias ha sido capaz de darle color y apariencia a una época y a vivencias como los viajes provocados por las sustancias psicotrópicas de la época. Como él mismo explica: “desde que recibí el guión de Juan, las imágenes y la sensación de lo que quería hacer siempre estaba ahí presente. Hasta que conseguí pasar lo que tenía en la cabeza, lo que quería hacer, al papel, fue un momento difícil. Ese color de los 60-70 me marcó muchísimo. Las veladuras extrañas de los videos que vimos de la época me generó una búsqueda de cómo representar todo aquello”. Basta asomarse a cualquier página para comprobar que lo logró con creces.

Al dinamismo de cada viñeta lo acompaña un guión que viaja atrás y hacia delante en el tiempo, empezando por el trágico momento de su muerte para presenciar sus duros inicios como adolescente desarraigada, problemática y libre por encima de toda convención. Sobre esto, Díaz Canales apunta que “una parte muy importante de este tebeo es un divertimento. Es el divertimento que nos apetecía hacer a los dos. Yo vengo de hacer álbumes y series esclavas de lo que es el género, tanto Blacksad como Corto Maltés. Al haber pocos datos, poca bibliografía, salvo el destello de celebridad que le duró un año o año y medio, se prestaba a nivel narrativo y gráfico a esta especie de puzzle. El riesgo y el reto era no perder el hilo narrativo. Lo que he hecho es seguir el esquema de obras de referencia como Ciudadano Kane: empezar desde el final, con la muerte trágica de Judee Sill y a partir de ahí reconstruir la historia a partir de un objeto que, en este caso es una supuesta nota de suicidio. Y así ir recomponiendo la biografia de este personaje tan apasionante”.

Como final esperanzador a esta historia de final dramático, nos quedamos con este mensaje parafraseando a Díaz Canales: si conseguimos que haya gente que, después de leer este tebeo y después de saber quien era Judee Sill, le de por escuchar sus discos, todos habremos contribuir a mantener un legado que merece la pena ser escuchado hoy, mañana y siempre.

SOBRE LOS AUTORES

Juan Díaz Canales

(Madrid, 1972) es nuestro guionista más internacional. Aficionado desde la infancia a los tebeos y a los dibujos animados, se formó en una escuela de animadores y fue miembro fundador de la compañía Tridente Animation. Sin embargo, la consagración le llegó en el campo de la historieta. Su celebridad está ligada estrechamente a la figura del dibujante granadino Juanjo Guarnido, a quien conoció en el campo de la animación y con quien creó la serie Blacksad, convertida en un éxito instantáneo de crítica y público desde su aparición en 2000. Este título ha merecido los más encendidos elogios y los galardones más distinguidos, incluyendo el premio a la mejor serie en el festival de Angoulême, el premio Eisner a la mejor edición de material internacional, el premio a la mejor obra en el Salón de Barcelona y el Premio Nacional del cómic. Aparte su colaboración con Guarnido, el mercado francés ha acogido otros trabajos de Díaz Canales junto a dibujantes españoles. Con Gabor realizó Los patricios (2009). Con José Luis Munuera creó Fraternity (2011). Y en solitario firmó la novela gráfica Como viaja el agua (2016). Pero su trabajo más popular en los últimos tiempos ha sido la nueva encarnación de Corto Maltés, que desarrolla en compañía del dibujante Rubén Pellejero y de la que se han publicado hasta la fecha los álbumes Bajo el sol de medianoche, Equatoria y El día de Tarowean. Se trata de un trabajo delicado que rinde homenaje a la obra de Hugo Pratt sin renunciar por ello a imprimirle un sello personal.

Jesús Alonso Iglesias

(Madrid, 1972) es licenciado en Bellas Artes, colabora con distintas editoriales y trabaja en animación, mientras tanto, realiza encargos de publicidad y en 2002 empieza a trabajar como ilustrador freelance para diversas editoriales. Finalmente inicia también distintos proyectos de cómic para editoriales nacionales y francesas. En 2016 triunfa con El fantasma de Gaudí, escrito por El Torres, a la que siguió Los Dalton (Paquet).Es el responsable del diseño de personajes de la ganadora del Premio Óscar a la Mejor Película de Animación, Spiderman: Un nuevo universo.

SOBRE Judee Sill (apunte biográfico de Alex Stimmel)

Cantante y compositora con matices profundamente religiosos y una inclinación por lo oculto, Judee Sill es una de las historias más interesantes y menos conocidas del Rock. Su padre murió cuando ella era solo una niña y su hermano murió en un accidente automovilístico poco después, lo que la llevó a una visión sombría de la vida que ella expresó en una actitud artística de descontento. No le gustaba su padrastro y condenó a su madre por volver a casarse. Como una forma silenciosa de venganza, Sill se dispuso a viajar por Estados Unidos y vivir un estilo de vida errabundo. Siempre le interesó tocar música, aunque aparentemente no se lo tomó en serio hasta que comenzó sus viajes, tocando en pequeños cafés y antros variados por diversión. Tanto ella como sus amistades de entonces siempre consumierondrogas para uso recreativo y exploratorio, pero como Sill se mantuvo fuera de la carretera por temporadas, comenzó a consumir heroína con regularidad hasta ser capaz de meterse 150 dólares de droga por día. Se rumoreaba (en parte por la propia Sill, aunque nunca se confirmó) que en un momento tuvo incluso que prostituirse para mantener su adicción. A finales de los años 60, Sill fue arrestada por posesión de heroína y estuvo tres meses en prisión, tiempo durante el cual consiguió dejar su dañino hábito. Cuando regresó al mundo en general, se centró únicamente en hacer música. Regresó a Los Ángeles donde, a través de sus conexiones en Hollywood, conoció a David Geffen. Geffen estaba en proceso de promoción y distribución de material que no fuera rock. Atrapado por las habilidad de Sill como escritora e intérprete, Geffen inmediatamente la contrató para editar su debut homónimo y primer lanzamiento oficial del nuevo sello Asylum Records. Geffen fue un gran fan de Sill y produjo su primer sencillo, “Jesus Was a Cross Maker”, para su álbum homónimo. El resto del material ya existente de Sill fue orquestado y producido por Bob Harris, el exmarido de Sill. Ese primer disco, “Judee Sill”, fue lanzado en 1971 y obtuvo un éxito multitudinario inmediato. Perfectamente etiquetable como rock ligero o folk-rock, representaba a la perfección lo que se conoció como el sonido de Laurel Canyon, asociado con otras cantantes/compositoras.

Autoproclamada perfeccionista a quien, a menudo, le llevaba un año escribir una canción, no fue hasta finales de 1972 que Sill volvió a grabar y lanzar su segundo y último álbum, “Heart Food”. También recibió críticas entusiastas, pero no tuvo éxito comercial. Sill se hizo cargo de las tareas de orquestar y arreglar “Heart Food” y la producción se basó más en cuerdas en varias capas de sonido de exhuberante extensión. Incapaz de atraer ya a multitudes pero a la vez negada a ejercer de telonera de otros artistas o bandas, el nombre de Sill y su fama moderada retrocedieron y desapareció por completo de la vista.

Abundan los rumores sobre lo que sucedió después, aunque definitivamente se sabe que ella volvió a su adicción a la heroína e incluso se rindió aún más a la cocaína. En 1974 llegaron a circular rumores de la muerte de Sill por una sobredosis, algo que se desmintió pero que ilustra por desgracia cómo Sill nunca logró volver a salir del abismo, falleciendo finalmente y con sólo 35 años de una sobredosis de drogas en noviembre de 1979.

Aunque su éxito fue en parte marginal durante su vida, su influencia es indudablemente grande. Dejó su huella en otros cantantes y compositores de la costa oeste y su legado se ha mantenido en las muchas versiones que se han hecho de sus canciones, además de aquellos que la citan como fuente principal de inspiración. Sus dos álbumes han sido reeditados varias veces en el siglo XXI. Su tercer álbum inédito e inacabado, titulado “Dreams Come True”, fue producido por Bill Plummer y se terminó en 2004, publicándose en 2005. Le siguió “Live in London: The BBC Recordings 1972-1973” en 2007 y en 2018 se lanzó “Songs of Rapture and Redemption: Rarities & Live”, que con versiones remasterizadas de las demos y sesiones de grabación de su álbum, grabaciones caseras en solitario y un concierto completo del Boston Music Hall, todo contenido en un pack de lujo con infinidad de nuevas anotaciones.

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