La línea Fuera Borda de Dolmen Editorial, de la que os hemos hablado en este rincón virtual más de una y muchas veces, no solo nos dio una gran sorpresa y buenísima noticia comenzando este verano de 2025 al anunciar la edición de este Benito Boniato. La saga de los Boniato (1981-1982), sino que, una vez más, ha demostrado su importante labor como editorial rescatadora siempre de joyas que merecen la pena recuperarse y leerse en las excelentes y cuidadas ediciones con las que esta línea demuestra su respeto, admiración y cariño por tantísimas viñetas siempre con sabor europeo. Su logro es siempre doble: por un lado, con este flamante tomo recopilatorio de las aventuras de un personaje al que muchos conocimos como Benito Boniato, estudiante de Bachillerato a los lectores de tebeos más prehistóricos nos devuelve a grandes recuerdos, pero ahora con olor de nuevo a papel de calidad recién horneado en imprenta. Sin ser cansinos con el toque nostálgico, cualquier aficionado a este mundillo y sus millones de personajes saben el precio de rebuscar lo descatalogado y perdido en tiendas de viejo. Por eso tener tan solo la oportunidad de volver a perderte en aventuras tan disparatadas como las de este personaje es el mayor regalo posible para cualquier aficionado. Por otro lado, la labor editorial que se esconde detrás de volúmenes como éste es algo que destacaremos al mismo nivel de la lectura. Os recordamos que tuvimos la suerte y oportunidad de hablar en su día con Carlos de Gregorio, coordinador de la colección Fuera Borda de Dolmen Editorial y los entresijos que llevan a ediciones que se disfrutan tanto como ésta suponen el trabajo de muchos expertos junto a los propios autores, como ha ocurrido en este caso, con la restauración y recoloreado llevados a cabo por Antonio Moreno y Choni Sierra, además de la notable aportación, didáctica y siempre amena, del gran Jordi Canyissà, dibujante, guionista y teórico de la historieta.

Empezando tan ordenadamente como este espléndido tomo, que reúne por primera vez la serie completa y ordenada cronológicamente en ese período entre 1981 y 1982, Carlos y Luis Fresno dieron en realidad sus primeros pasos en el mundo de la historieta algo antes. De hecho, comenzaron a trabajar, como tantos otros, en la Editorial Bruguera en 1971, cuando Carlos contaba con 18 años y Luis con apenas 15. A partir de ese momento desarrollaron muchos y variados personajes para Bruguera como Triciano, Ataúlfo Cartabón, Borricus, un legionario romano, o Supergutiérez, un superhéroe español. Sin embargo fue llegados a la mítica década de los 80 que estos creadores encontraron «su personaje»: Benito Boniato, un desgarbado adolescente que, posiblemente, conectó tan bien con gran parte de de los lectores nacidos en la década anterior, quienes posiblemente compartíamos muchas de las peores ocurrencias del personaje. Y aunque los hermanos Fresno llevaron al personaje a aventuras realmente variopintas que incluían viajes en el tiempo, como en la historia larga contenida en este tomo La saga de los Boniato junto a emotivos homenajes a los cómics más populares de aquellos años en la aventura El héroe del cómic, donde conocimos las personificaciones de 007 James Boniato, Boniazán de la selva, Boniato The Kid, Flash Boniato o Sargento Boniato, lo cierto es que la mayor de las gracias y virtudes de Benito Boniato es que se trataba de un chico normal, desastroso, al que casi nunca las cosas le salían como pensaba pero siempre volvía a intentarlo o seguía con estoicismo hacia su próxima trastada.

Los hermanos Fresno, con Benito Boniato, nos presentaron a un personaje que siempre tuvo más de cómic europeo que de típico autor infantil de Bruguera. Y es que, en aquellos años, el cómic franco-belga triunfaba e innovaba de la mano de genios como el dibujante belga André Franquin, creador de Gastón Elgafe o de algunas de las mejores páginas de Spirou. Y, sin duda, él y otros grandes nombres influyeron visual y gráficamente en autores de toda Europa. Todos sabemos que hasta Ibáñez se valió de ambos personajes en manos de Franquin para su Botones Sacarino. Jordi Canyissà, encargado de iluminarnos con sus textos en la sección final de extras, acompañados de numerosas ilustraciones y material gráfico en el que merece la pena detenerse con calma, resume a la perfección la chispa que hizo de Benito Boniato un personaje a nunca olvidar por quienes le conocimos en los 80: «el lector percibía enseguida la serie Benito Boniato como más moderna y conectada con las nuevas tendencias que en el cómic estaban marcando entonces los autores franceses o belgas. Los hermanos Fresno ofrecen una mayor riqueza de registros en lo que respecta a encuadres, puntos de vista o efectos de iluminación, y lo mejor del caso es que saben incorporar estas soluciones gráficas a su narrativa de una manera natural, es decir, que no es una simple sofisticación del dibujo ni algo forzado o gratuito. Al contrario: es una solución estética que aproxima el personaje al lector, que hace la serie más cercana porque gracias a su mayor realismo nos identificamos con estas aventuras».

Benito Boniato y sus aventuras encajan pues a la perfección con el alma de la colección Fuera Borda y tantísimos personajes que, uniendo humor y aventuras, son testimonio inequívoco de una época donde inocencia e ingenuidad se masticaban de otra manera. Sólo recuerda que, a pocos años de esta creación, quienes habían crecido con superhéroes de marca blanca sucumbieron a fenómenos como Frank Miller, Neil Gaiman o el underground de éxito de autores como Robert Crumb… Pero volviendo a páginas que fueron pensadas para que pudiesen leerlas y reírlas prácticamente toda la familia, el éxito de Benito Boniato, junto al avanzado, detallado y refinado estilo de los hermanos Fresno, radicó también en sus buenos guiones y en sus grandes chistes que provocaban la risa de manera natural, sin forzar situaciones y, por supuesto, en la galería de personajes secundarios que fueron capaces de generar alrededor del despistado protagonista: su hermano pequeño, Julito y sus inseparables amigos Luis y Quintalón.

Una de las cosas en las que nos repetimos con razón en la recomendación de este Benito Boniato. La saga de los Boniato (1981-1982) es en el cuidado con el que ha sido editada esta excelente edición. Respecto al material original de Bruguera o reediciones como la de RBA de 2009, el gran tamaño de 21,5×28,5 cm. hacen del libro una más que agradable experiencia a la hora de disfrutar de su muy cuidada restauración y ordenación cronológica, incluyendo dos historias largas: La saga de los Boniato y Los juegos deportivos, además de numerosas historias cortas publicadas originalmente en los años 1981 y 1982, aparte del portadas, pósters y material inédito aportado por los propios autores. De nuevo Jordi Canyissà incide en la importancia de estos detalles cuando recalca que «es obligado señalar el excelente trabajo de restauración de las páginas que ha hecho Antonio Moreno con profesionalidad y cariño a partes iguales, recuperando la línea negra del dibujo que se había perdido en algunos trazos mal impresos y coloreando de nuevo las viñetas siguiendo la gama de colores original y sin degradados -pues tampoco los había en la época-, pero aplicándolos esta vez con criterio para facilitar la lectura y la comprensión de las viñetas. A esto hay que sumar una nueva rotulación de los globos de texto. El resultado es, pues, una edición completa- mente remozada, un volumen que permite leer la serie Benito Boniato con mejor calidad que incluso que cuando se publicó por primera vez en las revistas de Bruguera; un esfuerzo que conviene celebrar, ya que ha permitido devolver a las páginas una luminosidad y una claridad que se perdían en la edición original y que ahora descubrimos aquí por primera vez. Esta es la edición que Benito Boniato se merecía».

Benito Boniato. La saga de los Boniato (1981-1982) incluye nada menos que 33 historietas del personaje (incluyendo las dos mencionadas historias largas), publicadas entre febrero de 1981 y agosto de 1982, en la que fue la etapa de madurez e historietas más imperecederas. Muchas de ellas, como recuerda Jordi Canyissà, fueron recopiladas por Bruguera en álbumes individuales de la colección Olé!, lo que era sinónimo del verdadero éxito comercial de la serie. La mejor noticia de que estén incluidas en esta compilación de la colección Fuera Borda es que, agotadas, descatalogadas y desaparecidas aquellas ediciones, hasta ahora habían permanecido como inencontrables y se reeditan aquí por vez primera, para al fin disfrutar del personaje de modo ordenado y a lo grande. Como con todo título aquí recomendado, de verdad te invito a que, cuando este libro esté cerca de tí en cualquier buena librería o tienda de cómics que se precie de serlo, no te resistas y te permitas hojearlo. Si fuiste de los que viviste al personaje en su época, no tendrás dudas y se irá contigo. Y si es la primera vez y quieres disfrutar de una lectura sana, tan apta para quienes lo leímos de jóvenes como para quienes lo apreciamos ahora, asentado en la memoria, no lo dudes. Lo que Benito Boniato puede hacerte reír merece del todo la pena.
Si has llegado hasta aquí, te damos además una última gran noticia, puesto que los hermanos Fresno estarán en las igualmente recomendables Jornadas del Cómic de Avilés en su ya trigésima edición, que se desarrollarán entre el 9 y el 13 de septiembre en esta siempre apetecible localidad asturiana.

SOBRE LOS AUTORES

FRESNO`S
Carlos Fresno (Soria, 1953) y Luis Fresno (Soria, 1956) empezaron muy pronto a publicar como profesionales. De su Soria natal se trasladaron a Palma de Mallorca, para terminar instalándose en Valladolid, ciudad desde la que iniciaron una trayectoria conjunta. En realidad, sus primeros pasos los dieron en la Editorial Bruguera en 1971, cuando Carlos contaba con 18 años y Luis con 15, dando vida a series muy efímeras, como Triciano (Tío Vivo, 1971) y Ataúlfo Cartabón (DDT, 1972). Aquella experiencia fue breve, pero les sirvió para librar sus primeras batallas como profesionales de la historieta, un terreno en el que desarrollaron otros personajes humorísticos, como Borricus, un legionario romano, o Supergutiérez, un superhéroe español, aparecidos en la revista Vida y luz, donde también realizaron historietas de estilo realista, como la serie El Cid Campeador. Paralelamente, durante los años setenta fueron los responsables de confeccionar un suplemento semanal infantil para el periódico local de Valladolid El Diario Regional, donde también publicaban una viñeta diaria de humor gráfico. En 1976 volvieron a Bruguera, esta vez, para dar vida a la serie Benito Boniato, que alcanzó una notoria popularidad entre los lectores de los tebeos de aquella editorial hasta el año 1983. Durante ese periodo, Carlos y Luis Fresno aportaron otras series a las revistas de Bruguera, como Javi y su perro Kiko (Súper Zipi y Zape, 1977), Paulino y Pernales, exportación de animales (Tío Vivo, 1979), Gustavo Gavioto (Tío Vivo, 1979) o la saga medieval en tono humorístico Ornelo (Zipi y Zape, 1980). En 1984 Bruguera les encargó la versión en cómic de las aventuras de unos populares muñecos de látex de la empresa juguetera alemana Bully Figuren, Los Astrosniks, de la que llegaron a realizar un total de diez libros. El hecho de que su firma única no divida el trabajo entre guion y dibujo se debe a que, en realidad trabajaban sus historietas a cuatro manos; el guion y su desarrollo partían de ambos, así como los dibujos, aunque con el tiempo uno acabó por especializarse en personajes y el otro en fondos y objetos. Inquietos por naturaleza, fueron desarrollando tanto su estilo caricaturizado como su vertiente realista. Cerrada la Editorial Bruguera en 1986 abordaron otros encargos, como historietas publicitarias, e incluso llegaron a montar varias exposiciones de caricaturas, hasta crear su propia empresa, Alcañiz-Fresno’s, especializada en edición de revistas, libros y boletines oficiales, y en 1990 inauguraron su propio sello editorial, Quirón Ediciones.








