«Sangre de barrio» de Jaime Martin sigue derramando realidad urbana 37 años después. Norma Editorial.

Norma Editorial recupera en renovada edición integral el clásico con el que Jaime Martín fue galardonado como autor revelación en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona en 1990.

La década de los años 80 sigue siendo celebrada y recordada como una de las más prodigiosas, creativamente hablando, en todos los ámbitos de la cultura popular. Sin embargo, la memoria selectiva parece haber borrado todo lo que ocurría al margen, en esas mismas ciudades que seguían creciendo de modo desigual, propiciando que apenas a unas calles de la sensación de prosperidad, las grandes capitales compartiesen futuro con la presencia de pandillas, quinquis de barrio y drogas poco amables en sucios escenarios de ladrillo y asfalto. Por esa y muchas otras razones, Sangre de barrio de Jaime Martín sigue siendo una obra vigente, viva y necesaria que encaja perfectamente tanto con los problemas de las nuevas urbes masificadas, como con las frustraciones de una juventud que, de nuevo, afronta idénticos miedos ante la falta de perspectiva laboral o de vivienda.

Sangre de barrio nos cuenta la historia de Vicen, quien acaba de mudarse con su hermana y su madre al municipio barcelonés de L’Hospitalet huyendo de un padre maltratador y un futuro incierto. Sólo que estamos en la década de 1980 y el panorama en el barrio al que va a parar es aún más desolador: un horizonte gris, donde paro, violencia y drogas acompañan a Vicen en una adolescencia que le obligará a madurar a marchas forzadas, incluso desde el momento en que pone el pie en el marginal instituto Pedraforca, donde el descontrol era de tal calibre que algunos alumnos eran capaces de prenderle fuego a una clase.

Sangre de barrio fue la primera obra larga y completa de Jaime Martín. Deseoso de convertirse en dibujante de tebeos, a finales de 1985 logró su primera publicación en una revista profesional, trabajando a buen ritmo incluso cuando comenzó sus estudios de Bellas Artes. Poco después, en 1987, entraría a formar parte de la redacción de la mítica revista El Víbora, sobre todo dibujando las historias escritas por Alfredo Pons y Onliyú. Hasta que un día, Josep Mª Berenguer, el editor, le propuso escribir y dibujar un álbum para la colección Historias Completas, una colección económica, de grapa, con una tirada de 18.500 ejemplares aún siendo un autor recién llegado al que apenas conocía nadie.

Jaime aceptó sin dudar el reto y el primer libro de Sangre de barrio se publicó en 1989, agotando la primera edición en año y medio y logrando tal respuesta por parte de crítica y público que, de forma natural, el autor acabaría recibiendo el premio al autor revelación en el Salón del Cómic de Barcelona de 1990, marcando el verdadero inicio de su carrera profesional que se desarrolló y maduró con una segunda parte de Sangre de barrio que se estrenó en El Víbora nº 156, en 1992, y una tercera publicada en 2002 a partir del número 271 de El Víbora.

Con un estilo crudo en el dibujo en blanco y negro que inicialmente bebió de influencias indudables de maestros como Carlos Giménez, Bernet, Alfonso Font y J. M. Beà, Jaime Martín fue aún más sincero y directo con el guion de su obra. El propio autor ha reconocido que apenas cambiaría nada del alma que mueve gran parte de Sangre de barrio, que siguen siendo sus diálogos. Porque aunque ésta fue una obra de iniciación para su autor, también es fruto de una época y un contexto donde las actitudes sexistas o violentas fueron de verdad el pan de cada día en los barrios marginales de toda gran ciudad en los 80. Precisamente ese componente testimonial ha hecho que la obra haya envejecido bien e incluso sea un reflejo veraz de toda una época. Realizada en años donde todo era aún analógico, la implicación documental de Jaime Martín le llevó a comprase una cámara para poder dibujar a partir de fotografías infinidad de rincones de las calles y barrios que son escenario del cómic con total realismo y fidelidad.

Sin obviarlo ni poder evitarlo, como demuestra el relato “Purgatorio” que sirve de interludio entre la primera y la segunda parte de Sangre de barrio, Jaime Martín siempre fue consciente de aquel subgénero cinematográfico genuinamente español conocido como “cine quinqui”. Pero, bien lejos del gusto flamenco que unía a la mayoría de personajes de aquellas películas, Sangre de barrio retrata en todo caso a “quinquis rockeros”, como demuestran las letras de tantas canciones de rock urbano que sirven de melodía y fondo de pasajes enteros del cómic. Burning, La Polla Records, Rosendo, Barricada, Juanito Piquete y los Mataesquiroles, Ramoncín y El hombre del sako son algunas de las muchas bandas que forman parte de la historia como un protagonista más, esbozando perfectamente la que fue la década definitiva de las tribus urbanas delimitadas por la música que las definía.

Sangre de barrio ya fue editada en formato integral por Norma Editorial, como parte de su recordada colección Nómadas en 2012. Agotada esa edición de menor tamaño, esta reedición igualmente integral añade nueva portada, una lámina de regalo y un revelador prólogo a cargo del periodista cultural Jaume Vidal. Todo ello presentado además en cuidado cartoné y agradecido formato de 19,5×27 cm. para volver a disfrutar de un título imprescindible de la historia reciente del cómic en España.

ENTREVISTA CON JAIME MARTÍN

¿La idea de recuperar Sangre de barrio vino de ti o de la editorial?

Cubierta de la edición original de la primera parte de Sangre de barrio. Ediciones La Cúpula, 1989.

Fue algo que vino de la editorial. Me cuesta mucho volver a trabajos antiguos pero la cuestión es que me lo propusieron. Al principio me dio un poco de vértigo enfrentarme a algo de lo que ya me separaban 37 años, porque yo ya no dibujo igual, no escribo igual y y me sale esa deformación profesional de revisar el dibujo y revisar los diálogos. Y es ahí donde me encontré con cosas que me chirriaban porque como profesional he crecido. Pero, una vez ya publicado, la verdad es que las sensaciones bastante curiosas porque a pesar de esa sensación de mirarlo un poco de reojo porque ahora lo dibujaría mucho mejor, no deja de llamarme la atención y de producirme una cierta satisfacción ver que después de casi 40 años todavía hay gente que está tiene la historia de Sangre de Barrio muy presente. Hay lectores que aún conservan la edición en grapa en la que el papel no es amarillo, es color ocre. Pero es que hay incluso gente que descubrió mi obra a partir del año 2007 que no sabían que Sangre de Barrio existía. Y éstos son bastante curiosos porque como es gente lectora habitual de cómics, cuando descubren que es un trabajo muy antiguo, lo analizan y son capaces de verlo como lo que es, como una obra totalmente primeriza.

Hay autores que al reeditar trabajos de hace tanto tiempo, como es tu caso, aprovechan para retocar páginas o viñetas. En tu caso, ¿simplemente te has implicado en todos los detalles añadidos a esta edición como el formato, la lámina de regalo, o los extras? ¿No llegaste a esta tentado de retocar aunque fuese alguna viñeta?

Estuve tentado y se lo comenté a Norma que quería cambiar viñetas por algunos dibujos, pero hablándolo con el editor me hizo ver que tenía que dejarlo así porque cambiar una viñeta no arreglaría gran cosa: tendría que dibujarlo por completo para yo sentirme satisfecho. El público no se va a dar cuenta de esas cosas, sólo yo y algún que otro profesional. Supongo que es un impulso que nos da a todos como profesionales: querer arreglar cuatro cosas que al final solo vemos nosotros. Lo que sí se hizo fue cambiar en la primera y segunda parte la rotulación de la tipografía, que la tengo digitalizada desde hace muchos años, de cuando trabajaba en El Víbora en sus últimos años. De modo que se ha puesto mi tipografía digitalmente para que tenga más coherencia con la tercera parte.

Creo que es algo que aprecia al ver la obra en conjunto y poder disfrutar de su lectura de una sentada. Volviendo al tiempo transcurrido y aunque el momento es evidentemente diferente, la vigencia de muchos de los problemas que plantea tu narración hace que Sangre de barrio permanezca tan fresco y actual como hace casi 40 años. ¿A qué crees que se debe esto?

Yo quiero pensar que el que el que se vea cierta naturalidad es porque está hecha con absoluta sinceridad. Cuando yo hice Sangre de Barrio, aunque no tuviese claro qué quería contar, si nos lo planteamos como una narración clásica con un planteamiento y un desenlace, queda absolutamente claro que quería transmitir una sensación generalizada de abandono por parte de los protagonistas. Eso sí que lo quise presentar. Es la historia de gente que está emplazada en un lugar nuevo, hostil y del que no van a tener muchas posibilidades de salir y que tendrán que adaptarse a él o morir en el intento. Palabras como muy épicas, ¿no? Y esa esa sí que es la parte que yo quise trabajar hasta tal punto que la ciudad es un personaje más. Y luego hay toda una serie de anécdotas que están tomadas de conversaciones en aquellos años con mis amigos para ir ordenándolas a lo largo de la historia y poder recrear esa ambientación. Anécdotas como la que me contó quien en aquel momento era mi pareja, mi mujer actualmente. Ella vivió en un edificio de pisos, donde un día su madre descubrió que la vecina de arriba, que vivía con su hija, pues se dedicaban a la prostitución. Un día me lo contó y dije pues mira esto lo voy a lo voy a guardar para incorporarlo a la historia. Iba haciendo así con todo. Por ejemplo, la escena de los chavales que meten fuego a una clase con el profesor dentro y empiezan a tirar las sillas por la ventana eso lo vivió un amigo mío.

Como tú ya has comentado en alguna ocasión, realmente los 80 no fueron solo las maravillas que hoy se recuerdan de una forma nostálgica.

Y también hay ciertos paralelismos con lo que sucede hoy en día, porque el auge del uso de armas blancas entre jóvenes es algo que no sólo está pasando a España, en el resto de Europa también. En concreto, leí hace poco que en Londres la cosa está fuera de sí. Tenemos además esa sensación de Guerra Fría que de un momento a otro puede pasar a guerra caliente. En los 80 todo aquello que nos bombardeaban por la tele con los misiles intercontinentales y la tensión bélica, es igual que ahora. Creo que hay bastantes puntos en común.

A estas alturas de tu carrera has realizado cómics con todo tipo de tema y género, cambiando bastante el registro de tus historias. Y, sin embargo, por todo esto que me comentas y teniendo en cuenta que esos problemas sociales siguen existiendo en toda ciudad masificada, ¿Crees que todo eso llegaría a inspirarte a para otro cómic de la intensidad de Sangre de barrio?

Por supuesto que eso me inspiraría totalmente, porque siempre me han resultado interesantes los temas que tienen que ver con las personas y con la sociedad. Lo único que tendría que encontrar es la forma de todo eso que se cuenta, que me resulte importante.

Teniendo en cuenta que los personajes al final son recortes de realidad y de imaginación, ¿cuánto de ti recuerdas haber usado en su momento escribiendo el guion de Sangre de barrio?

De mí no recuerdo mucho a diferencia de las anécdotas reales. Bueno, quizás hay una escena. En Sangre de Barrio hay bastante violencia. No solo física sino también verbal, en la forma de hablar de los personajes. Y hay una escena en la que los chavales van en un coche por la zona de prostitución de Barcelona donde hay transexuales y prostitutas y esa zona está frente a la facultad de Bellas Artes de Barcelona. Recuerdo que cuando hice Bellas Artes, aunque sólo estuve un año, alguna vez que salí ya tarde ya estaban por allá paseando. Y recuerdo que, en esos años, los chavales de barrios como el nuestro salíamos en coche a la que uno se sacó el carnet a la que cumplió 18 años. Nos gustaba ir de excursión por la noche para para ver qué había más allá de nuestra ciudad de Hospitalet. Entonces, íbamos a barrios ricos o barrios pijos de Barcelona de la zona alta por la noche para ver cómo era ese otro mundo que nosotros no conocíamos y era como aterrizar en Marte. Y de la misma forma, alguien del grupo nos decía que en la zona universitaria había prostitutas y transexuales y que estaba lleno de gente que iba con los coches y nosotros íbamos a investigar. Era como ir al zoo. Y recuerdo ir allí con el coche a descubrir cómo era la prostitución en en esa zona de la ciudad. Esto que, en aquel momento y visto desde los ojos de un adolescente que está descubriéndolo todo, era como ir de inspección en la jungla, ahora me parece una garrulada y hasta un acto de violencia, porque a fin de cuentas estamos allí molestando a las mujeres que estaban ganándose la vida.

Retomando el tema de los 80, la memoria efímera de esta sociedad acelerada, amortigua claramente los malos recuerdos en detrimento de lo bueno que vivimos también entonces. ¿Compartes por una parte la nostalgia, aunque sea por todo lo que la cultura de aquellos años nos aportó a los que crecimos un poco en esos años? Te hablo de todos los cómics, el cine y la literatura que nos llegaron en aquellos años.

Claro. Yo de los 80 tengo buenos y malos recuerdos. En Sangre de barrio hay lo que hay porque quería retratar ese ambiente de abandono y de dureza que yo viví así con 15 ó 16 años. Pero un poco más mayor, ya en el instituto, recuerdo con agrado la explosión de libertad que vivimos en aquellos años y que era lógica por otra parte porque vivíamos en una total sequía en cuanto a libertades. Hoy en día se tiene claro que muchos grupos de música no podrían cantar lo que se cantaba en los años 80, o que muchas escenas de cine serían muy delicadas de plantear. Y en cambio en los años 80 se hacían sin mayor problema. Eso lo valoro mucho y y fue algo que me influyó en mi trabajo. Para mí, por ejemplo, aunque suene de persona mayor decirlo, las primeras películas de Almodóvar fueron alucinantes. Yo no había conocido un cine como este hasta entonces. Ese tipo de historias tanto en cine como en cómic o en música a mi me sirvieron como fuente de inspiración y tengo buen recuerdo en ese sentido en cuanto a la creatividad que había y a la desinhibición que había en cuanto a creación en los años 80. Me parece algo de mucho valor y a tener en cuenta y no olvidar.

LH Magazin ha sido siempre un medio musical que nació como un pequeño fanzine en el madrileño barrio de La Elipa en Madrid para dar voz a muchos grupos como esos que protagonizan con sus letras casi capítulos enteros de Sangre de barrio. Siempre has diferenciado en entrevistas previas a los protagonistas de tu cómic de los habituales quinquis ochenteros de la época, porque los tuyos siempre fueron más de rock que de rumba. ¿Personalmente sigues escuchando a las bandas de entonces, aquellas que te inspiraron tanto?

Sí, igual que escucho cosas nuevas como como Bala, este dúo formado por una batería y una guitarra y, tradicionalmente una bajista. Pero sigo escuchando a Burning, a Barricada o a La Polla Records, que como la Biblia para mí. Voy combinando porque de hecho lo que no he escuchado de adolescente o de joven, que era la música clásica que ponía mi madre, que era una friki total de la ópera y de la música clásica, desde que murió, no se si como homenaje, voy escuchando música clásica.

Cambiando todas aquellas bandas de rock nacional que son incluso pensamiento de los personajes de Sangre de barrio, en un momento en el que los estadios y la influencia las ejercen figuras mediáticas como Bad Bunny, capaz de llenar una semana entera el mismo recinto, ¿crees que todavía hay lugar en la música para reivindicar?

Yo creo que sí. Hay grupos que siguen haciendo música con ese trasfondo social, tanto de rock como de otros estilos, que reivindican en letras el recuerdo, por ejemplo, de la conciencia de clase o de cualquier otro asunto. Y a veces hace falta que nos lo recuerden en forma de música, porque seguramente es más efectivo que en forma de cómic. Una buena canción que te deja grabado a fuego un estribillo con un mensaje bien dirigido, lo vas a tener la cabeza metido durante casi toda tu vida seguramente. También los libros y las películas, pero creo que la música en ese sentido es más directa y más efectiva.

Comenzaste hablando un poco al principio con el tema de esta nueva edición a cargo de Norma, pero ya a nivel a nivel un poco más personal, incluso si dejamos a un lado al profesional del dibujo que eres después de tantos años, ¿qué sensaciones despertó en el Jaime de 2025 reencontrarse un poco con aquel Jaime que, en el 89 tenía todas las ganas de comerse el mundo del cómic?

Pues ha sido un un encuentro extraño por un lado. Receloso de que se vaya a publicar un libro con casi 40 años en sus espaldas porque yo ya no soy la misma persona, no escribo igual no dibujo igual, tampoco pienso igual. Me da un poco de apuro, pero no tanto por el fondo, que creo que hay problemas sino con la forma. Pero superado eso, la verdad es que una sensación muy agradable porque descubro que hay gente que después de todos esos años vuelven a Sangre de barrio. En cambio, me daría más miedo si cayese en otras manos. Imagínate que el libro cae en manos de un programa generalista de estos que salen en la tele y lo ponen ahí en fin en la mesa y la gente lo abre y empiezan a ver algunas de las viñetas y se echan las manos a la cabeza y a decir «¿pero que nos está contando éste?»

SOBRE EL AUTOR

JAIME MARTÍN

Nació en L’Hospitalet (Barcelona) en 1966. Inició su trayectoria profesional en el ámbito del cómic en 1985 y publicó en las revistas que por entonces editaba Josep Maria Beà en su sello IntermagenCaníbal Bichos. Entre 1986 y 1990, también en Humor a Tope y Pulgarcito. En 1987 comienza a colaborar con regularidad en la mítica revista El Víbora. Allí realiza series de temática costumbrista con guion de Alfredo Pons. Aborda también series propias como autor completo, como Sangre de Barrio (1989-2005), cuya primera entrega obtuvo el Premio Autor Revelación del 8º Salón Internacional del Cómic de Barcelona. Otras obras destacadas de esta etapa son Los primos del Parque (1991-92), La Memoria Oscura (1994-95) e Infierno (1996). Tras publicar Invisible en España, se pasa a la editorial francesa Dupuis y allí publica Lo que el viento trae (2007), con guion de Wander Antunes, y Todo el polvo del camino (2010). Con Las guerras silenciosas se consagra como uno de los autores europeos más interesantes del momento, una consideración que confirma con Jamás tendremos 20 años (galardonada con el premio a la Mejor Obra de Comic Barcelona 2021), Siempre tendremos 20 añoUn oscuro manto.

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