Todos nuestros mejores recuerdos están en “Los buenos veranos. Edición integral” de Zidrou y Jordi Lafebre. Edita Norma Editorial.

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No me cabe ninguna duda de que la publicación de esta Edición Integral de verdadero lujo, conteniendo los primeros seis volúmenes de Los buenos veranos, ha causado tanta expectación desde su anuncio como en su día lo hizo la edición del Blacksad integral y muchas otras joyas europeas editadas con el habitual cuidado de Norma Editorial (Blueberry, Thorgal, La Mazmorra…). La oportunidad no ha podido llegar en mejor momento: julio de 2023, en pleno verano. De antemano puedes estar seguro de que si te dejas llevar por la maravillosa portada de Jordi Lafebre, lo que marchará contigo de vacaciones es una de las mejores lecturas que vas a encontrar disponibles en estos meses estivales de calor y, por supuesto, desconexión.

Para suerte de todo lector de cómic al más puro estilo europeo que se precie, un día se cruzaron los caminos de un experto guionista contador de historias nato como Zidrou con el de un exquisito artesano de la ilustración como Jordi Lafebre. Aunque siempre habrá quien menosprecie la figura e importancia del trabajo de los guionistas, la trayectoria y evidencia de la maestría de Zidrou llevaba tiempo reconocida con su trabajo en la mítica revista Spirou. Creador de personajes míticos en el tebeo francobelga juvenil como Elève Ducobu o Tamara, cuando decidió dar algo más de madurez a sus siempre cercanas historias, su nombre se hizo aún más popular y el reconocimiento de público y crítica fue unánime. Como lector, le conocí precisamente con sus dos primeras colaboraciones con Jordi Lafebre: La anciana que nunca jugó al tenis y otros relatos que sientan bien y Lydie. Y desde ese momento, ambos autores pasaron a formar parte de esa pequeña lista que todos tenemos de autores de los que ya siempre buscarás noticias, novedades y, por supuesto, cada nuevo libro en el que trabajen juntos. A los dos mencionados le siguieron los dos recomendables tomos de La Mondaine y, ya en 2015, el primero de los que iniciaría esta saga de la familia belga Faldérault, que hoy os recomendamos igualmente: Rumbo al sur.

La genialidad de Los buenos veranos es que nos cuentan algo tan sencillo como las vacaciones veraniegas de una familia con la que cualquiera podría identificarse. Publicados originalmente en un trasiego de saltos temporales que van de 1962 a 1980, la perfección en el encaje del guión de Zidrou ha hecho que, al ordenar cronológicamente las historias por años para este integral, no queda ni una sola pieza que reste perfección a este retrato magistral de las generaciones que habitaron el cada vez más lejano siglo pasado. Por ejemplo, ese Rumbo al sur donde todo empezó es el cuarto capítulo en esta edición integral. En todos los casos, la excusa para disfrutar al completo de estas historias es tan válida como cualquier otra. Con un gran formato de 23,5×31 cm., tapa dura, excelente papel e innumerables extras donde destacan las ilustraciones a doble página y a todo color de Lafebre junto a bocetos a lápiz de los personajes, disfrutar de este libro en estos días hará que tus recuerdos de este verano sean tan dulces como el color con el que dibujante y guionista nos trasladan a ese momento único en que, tras el trabajo de todo un año, llega la hora de deleitarse y disfrutar de no hacer nada.

Pocas veces la propia editorial que cobija series geniales dio tanto en el clavo como encontrando las frases precisas que definen Los buenos veranos, una obra “que no contiene ni escenas sangrientas ni complots internacionales. Tan sólo habla de la vida, la de verdad”. La vida -hermosa, porque sólo hay que sentarse y mirar para darse cuenta- de una familia como tantas otras que trabajan duro todo el año para poder pagarse y permitirse disfrutar de sus vacaciones de verano en familia. Los buenos veranos son las venturas de Pierre, un dibujante que, excepto en el primer capítulo de este integral, cada verano hace esperar a su familia el anhelado momento de desconectar, dado que a cada álbum está tratando de dar el salto a la prosperidad económica con una serie que le permita ser algo más que un ayudante o un creador de series menores. Junto a él, siempre a su lado, su mujer Mado, otra soñadora imposible como Pierre, a quien la realidad y las contrariedades de lo cotidiano no logran derrumbar ni en los peores momentos. Junto a ellos, sus tres hijas: Julie-Jolie, Nicole y Paulette “Pépète” y su hijo Louis, a quienes veremos crecer a lo largo de las páginas como si se tratase un poco de parte de nuestra propia familia.

Dentro de esta edición integral, el primer álbum, Don Bermellón, nos presenta a otro de los miembros más importantes de la familia Faldérault: Don Bermellón, el nombre con el que bautizan a su inseparable coche 4L, con el que cada verano siguen un ritual en el que nunca falta salir siempre varios días más tarde por culpa de las entregas del padre dibujante. Aventura fechada en 1962, la familia al completo, incluyendo a los padres de Mado, acaban en un feísimo Saint-Étienne para nada idílico. Allí, pese a todos los contratiempos normales de viajar por carreteras secundarias en aquellos años, en los que ni siquiera existían los cinturones de seguridad traseros, el viaje nos atrapa. Porque en infinidad de detalles todos somos capaces de recordar circunstancias parecidas y buenos momentos nacidos de los detalles más normales. Zidrou construye sin duda personajes creíbles, de los que, a cada álbum que pasa, quieres saber más.

El segundo álbum dentro del integral, La cala fue también el segundo editado por separado, en 2016. Fechada la historia imaginaria en 1969, no hay vuelta atrás en lo adictivo de una serie a la que siempre quieres volver. Introduciendo muchos más detalles que además la convierten en testimonio de los años en que pretende acontecer, La cala introduce al padre de Pierre el dibujante, el yayo Miguel, albañil exiliado de la España franquista que resta inocencia y añade realismo a la vida de la familia Faldérault. Con retraso una vez más por el trabajo del padre, la familia con hijos parte sola esta vez a la aventura al modo más campestre: “mamá nunca cocina en vacaciones”, tienda de campaña y camino hasta donde cada día les lleve. Y aunque el azar les lleve a acampar donde no debían, su buena suerte o vitalidad por encima de todo les hará disfrutar (y al lector con ellos) del que posiblemente sea uno de los mejores veranos de su vida en un sitio verdaderamente idílico.

El tercer álbum, Las Retamas, que transcurre en 1970, ha sido en realidad el último en aparecer hasta la fecha, en el verano de 2021. Y en él nuevamente los caprichos del destino, cuando la familia se encaminaba decidida a repetir estancia en su paradisíaca cala del libro anterior, acaba en una aventura campestre gracias al hilo conductor que, en realidad, une todas las historias de esta serie: las personas y sus vidas. Las Retamas es una finca prácticamente autosuficiente gestionada por dos mujeres que ejemplifican nuevamente infinidad de temas pasados y actuales a través de viñetas repletas de vida propia en las que, como en los mejores libros, uno querría quedarse a vivir.

El cuarto capítulo del integral, Rumbo al sur, que se desarrolla en un ficticio 1973 fue el libro que inició la serie, como ya hemos comentado. Y la verdad es que, leído de nuevo, tocaba aún más temas sensibles que hacían inevitable el éxito de una serie con uno de los mejores dibujantes europeos actuales y un guión emotivo como sólo Zidrou es capaz de escribir: al tema de la familia se une el de la pérdida, una familia con hijos a punto de separarse, la aceptación de la realidad que pospone los sueños de juventud… y por encima de todas, las zancadillas que a todos nos pone nuestro inevitable destino, uno puede elegir rendirse o bien mirar alrededor, darse cuenta de todo lo bueno que nos rodea y seguir adelante.

El quinto volumen, La fuga, es el único que en lugar de contarnos lo ocurrido en verano nos relata la movida Navidad de 1979 en otro de esos argumentos en lo que los planes de la familia se ven trastocados por los acontecimientos hasta tomar un giro inesperado de principio a fin aún pretendiendo huir al sur en plenas fechas navideñas. Todos los títulos de la serie están plagados de infinidad de detalles en cada esquina de cada viñeta que nos llevan al momento en que teóricamente sucede cada uno, pero éste en especial, revisitando muchas páginas, redibuja sin error un año tan crucial como el que dio la bienvenida a esos siempre recordados y mitificados años 80. Con todos los personajes habituales no sólo desarrollados, sino creciditos hasta el punto de rozar la independencia, el detalle de incluir la presentación en Londres de Pink Floyd con su disco “The Wall” nos dice hasta que punto Zidrou sabe tocar la fibra sensible de nostálgicos o detallistas buscadores de reflejos históricos.

Por último, el sexto capítulo, El descanso del guerrero, ambientado en 1980, adquiere por completo ese tono nostálgico y a la vez dorado de la mencionada década de los 80, concluyendo un soberbio libro que recopila no sólo uno de los mejores trabajos conjuntos de Lafebre y Zidrou, sino todo un homenaje a las generaciones que fueron, las que somos y las que serán por detrás de todos nosotros. Desconozco si todo lo logrado por Los buenos veranos fue inicialmente planeado por la mente de Zidrou, pero lo que queda claro es que su legado y el de sus posibles vivencias, a las que cada lector y lectora añadirán seguro las suyas propias, debería figurar entre las lecturas obligatorias para recordarnos a todos, no sólo la vitalidad e importancia de un período como el verano sino, y por encima de todo, la suerte de tener la posibilidad de vivir algo parecido. Tu mejor regalo para este verano. No lo dudes.

SOBRE LOS AUTORES

Jordi Lafebre

Nació en Barcelona. Se formó como ilustrador y diseñador gráfico en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, y posteriormente se especializó como historietista en la escuela Joso. En 2001 comienza a publicar ilustraciones y a dibujar cómics para publicaciones como Nobanda, al tiempo que trabaja en revistas eróticas y pornográficas como Penthouse Comix y Wet Comix. Poco después, publica la serie El mundo de Judy, con guion de Toni Font. Durante ese periodo realiza además todo tipo de encargos relacionados con la ilustración, el diseño gráfico y la publicidad. Tras conocer a Zidrou, guionista belga afincado en España, comienza a trabajar para el mercado franco belga, primero en la revista Spirou y posteriormente en obras colectivas como La anciana que nunca jugó al tenis y otros relatos que sientan bien (Dupuis, 2009). Su primera obra larga con Zidrou es Lydie (Dargaud, 2010), a la que sigue La Mondaine.

Zidrou 

Nacido en 1962 en Anderlecht (Bélgica), pero afincado en España desde hace tiempo, Zidrou, nombre artístico de Benoît Drousie, se inició en el mundo del cómic como guionista de la revista Spirou durante los 90. Después de dar vida al Elève Ducobu y a Tamara, dos iconos del cómic juvenil en lengua francesa, Zidrou comenzó una carrera vertiginosa en el cómic adulto. A partir de ese momento, el autor dará un sello personal a sus historias: dramas cotidianos en los que el realismo se alterna con lo fabuloso y la alegría de vivir forma una fuerte alianza con la tristeza. Actualmente, es uno de los guionistas más prestigiosos del noveno arte. A lo largo de los últimos años ha trabajado con un amplio número de dibujantes talentosos, especialmente españoles. En su pequeña corte destacan Jordi Lafebre, Francis Porcel, Oriol Hernández, Man, Homs, Roger Ibañez o Mai Egurza, con títulos que han sido saludados tanto por la crítica como por el público.

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