Hoy nos tomamos una pausa temática para sencillamente disfrutar del placer de viajar a través de las viñetas. Aunque el viaje es en realidad al pasado y, por sencilla aunque efectiva que pueda parecer el argumento de Pigalle, 1950, esta obra encierra un entrañable sentido que se convierte en obligado homenaje al cómic franco-belga. La razón: esta historia fue la última obra firmada por la pluma del inigualable y prolífico guionista de cómics, periodista, autor, mentor y profesor Pierre Christin, creador entre muchos otros personajes, de Valerian y que lamentablemente falleció el pasado 3 de octubre de 2024, a los 86 años.

Una de las grandes incógnitas de estar vivos es que ninguno de nosotros sabemos por cuánto tiempo seguiremos aquí cuando somos conscientes de nuestra propia existencia. Lo que es obvio, desde luego, es que el paso del tiempo cambia nuestra visión de quienes fuimos, aún somos y de cómo dejaremos de serlo. Quizás ese sentir crepuscular llevó a Christin, inventor y creador de tantos universos y aventuras increíbles a lo largo de su casi inabarcable carrera, a despedirse con una historia que suena a despedida desde que comienza.

Pigalle, 1950 es la historia de Antoine, un veterano de la vida de quien parece seguro fiarse, de modo que le seguimos por las intencionadamente grises calles de París increíblemente detalladas por el impresionante trabajo del dibujante Jean-Michel Arroyo. Pronto entendemos que el objetivo de las páginas siguientes es recordar junto a él su vida, su aprendizaje, sus errores y triunfos e incluso sus lamentaciones. Por un instante, guionista y dibujante nos dibujan a alguien capaz de aguantar media vida viviendo aislado, habituado a trabajar sin preguntar y a seguir adelante sin discutir sus carencias. Christin perfila a un personaje arquetípico que, no obstante, hubo un tiempo en que personas como él eran posibles.

Con una agilidad narrativa nunca perdida fruto de tantísimas vidas inventadas en papel, Pierre Christin y Jean-Michel Arroyo nos contarán la vida de Antoine a lo largo de poco más de 130 intensas páginas. Salido de la nada de un pueblo perdido en el corazón de la Francia rural, Antoine llega a París con dieciocho años recién cumplidos. Acogido por un primo suyo para quien empieza a trabajar realizando todo tipo de recados, muy pronto recala y es bien acogido por los habitantes habituales de La Lune Bleue, uno de los populares y vívidos cabarets de la plaza Pigalle en un año como 1950 que parece más alejado de nuestro tiempo que las obras de ciencia ficción de Pierre Christin. Para ello, el asombroso trazo e influencia clásica del artista Jean-Michel Arroyo, quien debe haberse estudiado hasta aprehenderlas, cientos de imágenes de aquel París en aquel momento, nos lanza página tras página a un álbum de postales en blanco, negro e infinidad de grises que cobran inusitada vida gracias al elenco de personajes que Pierre Christin coloca alrededor del protagonista.

Sin perder de vista la inocencia, honestidad y decencia de Antoine, El guionista se permite mezclar el mero retrato costumbrista, que resulta imposible no disfrutar gracias a los dibujos de Jean-Michel Arroyo, junto a toques de puro Polar francés, es decir, género negro en su esencia más pura, mezclando cabarets, mafiosos procedentes de Italia, empresario con aires de grandeza con contable judío incluido, policías que no se sabe bien de qué lado están y, por supuesto… una trama donde tienen hueco una historia de amor y también la presencia de una enigmática e inalcanzable figura femenina como el personaje de Olga, alrededor de quien gira una parte importante de la obra.

Sin desvelaros nada de la trama, que ofrece numerosos y sorprendentes giros en todos los sentidos, para bien y para mal, por encima de todo y haciendo la historia más interesante a cada viñeta, en cada página, son muchas las sensaciones que Pigalle, 1950 despertará en cualquier lector. Para empezar por la melancolía que recuerda que cada escena dibujada de tantas inconfundibles calles parisinas es una ventana a una urbe, una sociedad y un mundo que ya no existe ni existirá como lo vivieron los franceses que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial, que lograron echar a los nazis de su Ciudad de la Luz. Posiblemente, caminando de la mano de la interesantísima trama que te mantiene pegado literalmente a este libro, resulta evidente el viaje a los cambios generacionales desde la Francia de 1950 al lugar tan diferente en que hoy se ha convertido, como tantas otras, una ciudad que, pese a todo sigue inspirando tan buenos cómics como este.

No es de extrañar esta sensación cuando, para acabar este gran cómic, en formato europeo y edición cuidada para convertirse en escaparate perfecto del arte de Jean-Michel Arroyo, las últimas 20 páginas nos dan un último paseo por el corazón de París en espectaculares páginas dobles con ilustraciones de gran formato de este dibujante tan brillantemente inspiradas e iluminadas que, nuevamente volvemos a viajar al pasado para perdernos en las cenizas de lo que un día autores como Christin llegaron a ver, vivir y respirar. Sin duda Pigalle, 1950 es un más que sobresaliente relato crepuscular iluminado con maestría por un dibujante del que acabas esta obra deseando descubrir el resto de su también prolífica carrera, donde ha recuperado el realismo de los grandes maestros del cómic. Un viaje al pasado que te recomendamos desde un presente donde no dudamos en que será inevitable releer esta obra en un futuro muy próximo.



SOBRE LOS AUTORES

PIERRE CHRISTIN
Nació el 27 de julio de 1938 en Saint Mandé, Francia. Tras estudiar en la Sorbonne y en el Institut d´études politiques de París, escribió en 1967 el primer episodio de Valerian para su amigo Jean-Claude Mezières. Ese mismo año crea lo que va a convertirse en la Escuela de Periodismo de Burdeos y empieza una tesis sobre el género de los «sucesos». Colabora en Pilote, donde trabaja con las grandes figuras de la bande dessinee (Tardi y Boucq, entre otros). Escribe también algunos de los clásicos del género, como Las falanges del orden negro y Partida de caza, ambas en colaboración con Enki Bilal. A Christin le gusta mucho viajar, tanto alrededor del mundo como alrededor de París. Es un apasionado tanto de las grandes urbes como de los desiertos. Por si fuera poco, ha escrito tanto guiones de cine (Bunker Palace Hotel) como novelas (L’or du zinc).

JEAN-MICHEL ARROYO
Nacido el 21 de mayo de 1971 en Béziers, Jean-Michel Arroyo desarrolló una pasión por el cómic desde muy joven. Sus primeras lecturas fueron cómics, a mediados de la década de 1970. Allí descubrió a los grandes dibujantes estadounidenses de la época (Kirby, Colan, Buscema, etc.). Después llegaron Hergé, Franquin, Giraud, Tardi y todos los autores franco-belgas, con una especial atracción por el dibujo a pincel, rico en líneas finas. Su pasión por los deportes lo dominó durante unos diez años, pero fue con el entusiasmo y la tenacidad que lo caracterizaban que retomó el lápiz y el pincel. Fue la editorial Joker de Bruselas la que le dio la oportunidad de comenzar a aprender el oficio con la serie Le Paquebot des sables, escrita por Jacques Hiron. En 2009, la editorial Zéphyr contactó con él para encargarse de la serie Airblues, escrita por Fred Zumbiehl. Allí descubrió el mundo de la aeronáutica, con una fascinación inmediata por el diseño de aviones de los años 40 a los 60. Fascinado por los gráficos de autores como Milton Caniff, Frank Robbins y Roy Crane, encontró esta influencia en diseñadores franco-belgas como Jijé, Eddy Paape… y Victor Hubinon, el dibujantede Buck Danny y Barbe Rouge, ¡por nombrar algunos de los más famosos! En aquel entonces, solo poseía dos álbumes de Buck Danny: Ciel de Corée y Les Agresseurs de Francis Bergèse. Ya enamorado del estilo clásico de Hubinon, también apreciaba enormemente la precisión de sus dibujos, especialmente en aviones… A finales de 2012, realizó sus primeros intentos para lanzar la serie Buck Danny Classic. La idea es intercalar las aventuras de los primeros 40 episodios, con el objetivo gráfico de encontrar el tono de los álbumes de Victor Hubinon.












