«Y llegué a Teherán: 15.000 km en bicicleta» de Isabel del Real. Viaje soñado y posible. Hachette Graphic.

A veces las adversidades sacan lo mejor de nosotros de maneras verdaderamente poco comunes y sorprendentes. Piensa en algo que, por desgracia, todos conocimos: la pandemia por Covid, los estados de alarma, los encierros. A mayor o menor escala, fue igual para todos en cualquier país del mundo. Y así, algo de lo que todo el mundo se ha olvidado como si sólo hubiese sido un mal sueño, cerró fronteras y nos inmovilizó a todos en nuestras casas. El sentido común y la cultura tras cada frontera hizo, eso sí, que no fuese igual en todas partes. Es más, una joven de apenas veintitrés años, recién licenciada en Derecho y pendiente de sus prácticas y del examen para el Colegio de Abogados, miró un poco más allá y decidió, sin importarle el momento, dejarse llevar por su ansia viajera. Pensando en voz alta, Isabel, como personaje de esta novela gráfica que hoy venimos a recomendaros, lo tiene claro: “desde hace tiempo estoy segura de una cosa. Voy a irme lejos”. Imposible de contenerse, dejó de lado su examen y le lanzó a buscar respuestas recorriendo a pie los Pirineos Atlánticos hacia el este. 800 kilómetros cerca de las impresionantes cimas pirenaicas. Y a su vuelta, atrapada por la Inevitable atracción que ejerce Oriente, Isabel planeó y realizó el viaje que recoge su asombrosa experiencia sobre la increíble travesía de esta aventurera y artista que la llevó a recorrer 15.000 kilómetros en bicicleta, desde la Bretaña francesa hasta la capital de Irán.

“Tengo amigos y familia que me hablaron de las montañas alrededor de Teherán diciendo que eran «las más bellas del mundo» y me dieron ganas de ir –recuerda Isabel en una entrevista promocional realizada para su editorial-. Pensaba ir andando, pero muy rápido me di cuenta de que sería demasiado largo, así que con amigos construimos una bici y así empezó. Era durante el COVID, y no tenía experiencia en bici; era un poco un chiste decir que iba a Irán, y de hecho tuve mucha suerte de poder llegar. No había calculado los kilómetros antes de ir, así que no tuve estrés. Lo que sí era importante era salir de casa y de mi pueblo, y ver hasta dónde podía llegar”. Y es así como esta emprendedora convertida también en artista, nos lleva desde las primeras páginas de Y llegué a Teherán, en el proceso mental y real que la llevaron a ahorrar para poder construirse su propia bicicleta y emprender un viaje que, recordado en viñetas con un detallado dibujo en blanco y negro, nos transporta a un viaje de 15 000 kilómetros que evoca la legendaria Ruta de la Seda hasta llegar a Teherán. “El lado aventurero influyó en la faceta artística –afirma convencida la autora-. Antes de irme de viaje no solía dibujar con regularidad, y una parte del desafío era intentar hacer acuarelas en el camino. Tener tiempo libre en mi mente mientras pedaleaba me dio la  oportunidad de pensar en un escenario simple para contar las cosas que veía, es decir, «usar» mi viaje y mi trayecto como excusa para dibujar las noches en tienda de campaña, para contar cómo se suben montañas, para ilustrar la relación que los cicloviajeros tienen con el nomadismo”.

De forma desordenada pero también carente de ningún tipo de presión o de ese sentido del tiempo que nos come a todos en nuestra rutinarias vidas de ciudad, Isabel inicia su viaje “al revés”, viajando primero a España, donde revive y reconoce sus raíces zaragozanas dejándonos imágenes no sólo de mil y un lugares, sino una parte muy importante de quien fue y es la autora como viajera. Desde España, la ruta continúa atravesando con calma Italia, donde a la soledad real de la autora en muchos tramos del viaje, se unen recuerdos de tantos lugares como viajeros y viajeras encontradas a lo largo del camino. “Lo más inesperado fue conocer a otra gente en bici que se volvieron mis amigos. No se puede controlar a quién vas a conocer, pero fue lo más importante de mi viaje, y fue una cuestión de suerte. No es lo mismo compartir la situación con amigos, reírte, discutir de música, de libros”.

Y llegué a Teherán es, en cada recuerdo dibujado, la verdadera esencia de todo viaje verdadero: conocer un país, un lugar o cualquier destino a través de las personas que forman parte de esos paisajes nuevos para nosotros. Es así como Isabel experimentó la siempre alentadora hospitalidad de desconocidos a los que, llegado cierto punto de su viaje, a veces ni siquiera entendía, lejos ya de las noches en Venecia, perdida en los bosques de Eslovenia, en las singularidades de Albania o en su largo y revelador recorrido por Turquía. “Durante mucho tiempo me consideraba como una persona con una bici, pero en algunos sitios sí que tenía que tener cuidado –rememora Isabel pensando en alguno de esos lugares recorridos menos amable con mujeres solas viajando-, y de hecho estuve con amigos por algunas partes. Pero en general, ser una mujer ha sido una ventaja, la gente era muy protectora conmigo. Por todas partes la gente está dispuesta a ayudarte. Es verdad que en algunos países como Albania, Turquía e Irán, los extranjeros son un «regalo de Dios», y los viajeros son invitados a comer y dormir por todas partes, tanto que al final es difícil avanzar. Lo que me parece interesante es que viajar en bici te da un estatus diferente, no directamente de turista, pero quizás de visitante; la gente sabe que ha sido un esfuerzo llegar, que eres de camino… También en bici llegas a otros lugares que los lugares turísticos, y divierte mucho a la población verte en una bici cargada. Todo esto crea un buen ambiente en general”.

Y llegué a Teherán es un experimento y una experiencia únicas. Publicado originalmente en Francia con el evocador título de Plouhéran (mezcla del inicio, Plouér, en la Bretaña Francesa, con su final en Teherán), la espléndida edición de Hachette Graphic lleva la literatura de viajes tradicional a otro nivel. “Quería hacer algo diferente –confirma Isabel-, porque ya existen muchos libros que cuentan viajes, escritos por gente con mucho más talento que yo. Pensé que hacer una novela gráfica y burlarme de mí misma podría darle un tono divertido a la historieta, hacer algo diferente. Me gustan las novelas gráficas porque mucha gente no considera que son un género «serio» de literatura (está cambiando). Antes de irme de viaje, odiaba tanto las bicicletas como las novelas gráficas en blanco y negro; ¡obviamente cambié de opinión! Fue mucho, mucho más difícil escribir y dibujar una novela gráfica que irme a Irán en bici. Era como subir una gran montaña. No había estudiado para esto, pero era mi sueño dibujar, así que lo hice. Recrear los momentos fue divertido, y muy catártico, porque para mí el viaje se acabó cuando dibujé la última página de la novela gráfica”.

El resultado es un libro repleto de vivencias y aventuras verdaderas narradas con humor, con el mismo tono desenfadado con el que Isabel afrontó cada día de su viaje, desde los más agotadores a los inolvidables en los que descubrió lugares que ni siquiera habría sido capaz de imaginar. Y todo ello como genuino relato sobre dos ruedas, tan entretenido como reflexivo. Porque en principio y como final, Y llegué a Teherán es un relato sobre la libertad cuando afrontas viajar a lo desconocido, a lo que a tantos otros les da miedo pero hay quienes son capaces, no sólo de vivirlo, sino también de recordarlo, contarlo e incluso dibujarlo. Con un estilo donde el diario de viaje encaja como anillo al dedo con el género de la novela gráfica, en sus mayores momentos de soledad, la autora nos deja quedarnos a su lado y formar parte de su experiencia a través de sus meditadas viñetas. Este es un libro para amantes de los viajes, de un buen libro de viajes ilustrado pero también para quienes siempre entendieron lo lejos que un libro o una novela gráfica son capaces de llevarnos con un gesto tan sencillo como abrir libros como éste y perdernos y viajar en y con ellos desde nuestras casas. “Quería transmitir el sentimiento de estar en un camino, de levantarse sin saber dónde vas a dormir; esto es la aventura y puede ser incluso solo por un fin de semana –concluye esta artista aventurera-. Lo más importante era dar ganas a la gente de irse de viaje. Pero el viaje puede ser en su propia región como en el Medio Oriente; la aventura está por todas partes”.

SOBRE LA AUTORA

ISABEL DEL REAL

Nacida en San Francisco de madre bretona y padre español, Isabel Del Real lleva los viajes en la sangre. La mujer que creció en Plouër-sur-Rance se embarcó, en 2021, en un gran viaje en bicicleta en solitario, entre Côtes d’Armor y Teherán. Quince mil kilómetros y una novela gráfica después, ahora vive a orillas del Rance, río por el que siente un profundo apego. Esta artista y aventurera bretona con sangre zaragozana cuya pasión por el ciclismo y la ilustración la ha llevado a convertir su viaje en una obra literaria y visual de gran impacto. Su decisión de embarcarse en esta travesía en solitario, desafiando prejuicios y superando obstáculos, la convierte en una voz singular dentro del panorama actual de la literatura de viajes.

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